CADA 18 DE OCTUBRE, EL DÍA MUNDIAL DE LA MENOPAUSIA INVITA A PONER EL FOCO EN UNA TRANSICIÓN HORMONAL QUE PUEDE MODIFICAR EL METABOLISMO, LA SALUD ÓSEA Y CARDIOVASCULAR, EL SUEÑO, EL ESTADO DE ÁNIMO Y LA SEXUALIDAD. COMPRENDER ESTE PROCESO PERMITE TRANSITARLO CON MEJORES HERRAMIENTAS Y UN ABORDAJE ADAPTADO A CADA MUJER.
Durante décadas, la menopausia se atravesó en silencio, y muchas mujeres aún llegan a este estadio sin saber qué esperar, aceptando como inevitables síntomas que pueden tratarse. Se trata de un proceso natural en la vida femenina que marca el inicio de una fase que puede extenderse durante muchos años. Si bien la menopausia se considera establecida cuando han transcurrido 12 meses consecutivos desde la última menstruación, los cambios hormonales comienzan antes, durante la perimenopausia, una etapa que puede iniciarse varios años antes del último periodo, y pueden manifestarse de distintas maneras.
La disminución progresiva de los estrógenos afecta a distintos sistemas del organismo. Algunas personas atraviesan este momento con pocos síntomas y otras experimentan sofocos, alteraciones del sueño, variaciones en el peso o la composición corporal, mayor sensibilidad emocional, sequedad vaginal o modificaciones en el deseo sexual. Esa diversidad explica por qué el acompañamiento debe ser individual.
En los últimos años cambió la manera de transitar este proceso. Hay más preguntas, mayor interés por entender qué sucede en el organismo y una búsqueda activa de recursos para sostener la calidad de vida durante la etapa posterior.
Una transición que involucra a todo el organismo
Los estrógenos participan en numerosos procesos, entre ellos el metabolismo de la grasa, el mantenimiento de la masa ósea y la salud de los vasos sanguíneos, y su descenso tiene efectos que van más allá del ciclo menstrual. A nivel metabólico puede modificarse la distribución de la grasa corporal, con una mayor tendencia a acumular tejido adiposo en la zona abdominal. Con el paso del tiempo también disminuye el gasto energético y puede producirse una pérdida progresiva de masa muscular.
Por eso, la balanza no siempre refleja todo lo que ocurre. Es posible mantener un peso similar y, al mismo tiempo, registrar una composición corporal diferente, con más grasa y menos músculo. La actividad física, especialmente el trabajo de fuerza combinado con ejercicio aeróbico, adquiere entonces un papel central, junto con una alimentación acorde al nuevo gasto energético.
El cuidado de los huesos cobra especial relevancia. La menor presencia de estrógenos puede acelerar la pérdida de masa ósea y aumentar el riesgo de osteoporosis. Anticiparse, evaluar factores de riesgo y sostener hábitos que favorezcan la estructura ósea resulta clave, junto con los controles indicados para cada caso.
La mirada cardiovascular es igual de importante. Durante este período pueden producirse modificaciones en el perfil metabólico, como cambios en el colesterol, la presión arterial y la glucemia, y el riesgo cardiovascular aumenta después de la menopausia, por lo que es necesario incluir el seguimiento del corazón dentro de un enfoque integral.
Sueño, estrés y sexualidad
Las variaciones hormonales pueden influir en la respuesta al estrés, el descanso y el estado de ánimo. Algunas mujeres se sienten más reactivas, presentan dificultades para dormir o atraviesan momentos de mayor vulnerabilidad emocional. Los sofocos nocturnos, además, pueden interrumpir el descanso y afectar al día siguiente.
La sexualidad merece el mismo espacio dentro de esta conversación. La disminución de estrógenos puede generar sequedad vaginal, cambios en la lubricación y molestias durante las relaciones sexuales. A su vez, el descanso, el estado emocional y el equilibrio hormonal pueden influir sobre el deseo.
Cada experiencia es distinta y, para algunas personas, este momento coincide con una mayor libertad personal, nuevos proyectos o una forma diferente de vivir los vínculos y la intimidad. Entender lo que sucede en el cuerpo permite identificar recursos adecuados cuando algún síntoma empieza a afectar el bienestar cotidiano.
Existen distintas alternativas terapéuticas para acompañar estas manifestaciones. La terapia hormonal de reemplazo puede ser una opción en determinados casos y su indicación debe evaluarse de manera personalizada por profesionales especializados, teniendo en cuenta la historia clínica y las características de cada paciente. También hay tratamientos locales y otras herramientas médicas para abordar síntomas específicos.
Información y prevención para los años que siguen
Este momento puede ser una oportunidad para revisar hábitos y anticiparse a condiciones que aparecen con mayor frecuencia con el paso del tiempo. El control ginecológico y endocrinológico, junto con la evaluación cardiovascular, nutricional y ósea cuando corresponde, ayuda a construir una estrategia acorde a las necesidades de cada persona.
Las decisiones cotidianas adquieren peso, por eso mantenerse activa, preservar la masa muscular, proteger los huesos, sostener una alimentación equilibrada, evitar el tabaquismo, dormir adecuadamente y aprender a gestionar el estrés forman parte de ese cuidado.
Uno de los principales desafíos sigue siendo llegar a esta instancia con información. Hablar de lo que sucede ayuda a reconocer cuándo consultar, conocer las herramientas disponibles y tomar decisiones con mayor seguridad. Ante cambios en el ciclo, el sueño, el ánimo o el bienestar sexual, sobre todo a partir de los 40, conviene consultar con un profesional sin esperar a que los síntomas se acumulen.
Con acompañamiento adecuado, prevención y una mirada integral, esta etapa puede ser un momento para conocer mejor el propio cuerpo, revisar hábitos y proyectar el futuro con autonomía y calidad de vida.
Esta información tiene fines divulgativos y no reemplaza la consulta médica con un profesional matriculado.
Dra. Laura Maffei (M.N.º 62441)
Médica endocrinóloga e investigadora clínica. Directora de Maffei Centro Médico e Investigación Clínica Aplicada. Autora de Alicia en el país del estrés.
@dralauramaffei





