Las reformas no las hacen los organigramas: el factor humano detrás de las políticas de salud

CADA VEZ QUE EL SISTEMA SANITARIO ENTRA EN CRISIS, LA RESPUESTA HABITUAL CONSISTE EN REDACTAR UNA NUEVA NORMA, MODIFICAR UN ORGANIGRAMA O ANUNCIAR UNA REFORMA ESTRUCTURAL. SIN EMBARGO, QUIENES LLEVAMOS MÁS DE DOS DÉCADAS GESTIONANDO POLÍTICAS SANITARIAS Y ARTICULANDO PROGRAMAS CON PROVINCIAS Y ORGANISMOS INTERNACIONALES SABEMOS QUE EXISTE UN ABISMO RECURRENTE ENTRE LA LETRA DE UN DECRETO O UNA RESOLUCIÓN Y LO QUE EFECTIVAMENTE SUCEDE EN LA SALA DE ESPERA DE UN HOSPITAL O EN UN CENTRO DE ATENCIÓN PRIMARIA. LAS POLÍTICAS PÚBLICAS SE TRANSFORMAN A TRAVÉS DE LAS PERSONAS Y LOS EQUIPOS QUE LAS SOSTIENEN TODOS LOS DÍAS, ADEMÁS DE CON LEYES, PRESUPUESTOS O DIAGRAMAS JERÁRQUICOS.

El sector de la salud presenta una paradoja estructural. En la Argentina, las mujeres representan más del 70% de la fuerza laboral operativa del sistema, pero su presencia desciende al 25% en los espacios de máxima dirección y decisión estratégica. Hay muchas mujeres cuidando, pero pocas tomando decisiones en los espacios de poder. Esta asimetría constituye una falla de eficacia institucional, porque de esta manera desaparece la posibilidad de incorporar otras miradas en la toma de decisiones que impactan en la salud de cada ciudadano.

Los sistemas que tienen un equilibrio real en la toma de decisiones, con inclusión plena de las mujeres, cuidan mejor y alcanzan mejores resultados sanitarios. La diversidad de miradas, trayectorias y experiencias no es un lema: es lo que verdaderamente ayuda a construir mejores políticas públicas. La evidencia empírica confirma que una mayor participación de mujeres en los puestos de conducción produce organizaciones sanitarias más eficientes, mayor capacidad de respuesta territorial y respuestas más integrales. Desaprovechar ese caudal de experiencia en los directorios equivale a gestionar a ciegas.

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Históricamente, los cargos de conducción en salud estuvieron asociados a lógicas verticales y a un mandato de autosuficiencia que condena a quien lidera a un profundo aislamiento. Se asume con ligereza que ejercer la autoridad exige no mostrar dudas ni pedir ayuda.

Por eso, desde Mujeres Líderes en Salud entendimos que el verdadero cambio de paradigma radica en desactivar esa soledad y prepararnos para un nuevo liderazgo. Liderar en soledad desgasta a las personas y esteriliza el alcance de los proyectos. Cuando construimos redes de confianza y comunidad, el liderazgo se fortalece. La contención entre pares, la escucha activa y el intercambio técnico permiten neutralizar el síndrome del impostor y dotar a las decisoras de la solvencia necesaria para transformar sus entornos y de nuevas herramientas para sortear los obstáculos en un mundo sumergido en la complejidad, rapidez e incertidumbre.

Hoy, en Mujeres Líderes en Salud articulamos una comunidad federal viva que reúne a casi 200 profesionales en puestos jerárquicos de ministerios, hospitales, obras sociales y el sector privado de todo el país. Esta comunidad demuestra que cuando el conocimiento circula entre jurisdicciones, los nudos de gestión se destraban.

Las prioridades sanitarias más urgentes, como la salud mental, el cáncer de mama, las enfermedades crónicas no transmisibles y la sobrecarga en las tareas de cuidado, demandan abordajes interdisciplinarios basados en datos. Ninguna reforma sanitaria sobrevive en un escritorio si los equipos locales no la sienten propia. Es hora de mirar más allá del organigrama formal y respaldar el liderazgo colectivo en el territorio, donde la salud se juega de verdad.

Por Carolina Casullo
Directora de Mujeres Líderes en Salud