Alzheimer: las señales que suelen confundirse con “cosas de la edad” y el error de hacer todo por la persona

DIFICULTADES PARA MANEJAR DINERO O MEDICACIÓN, PERDERSE AL SALIR DE CASA, ABANDONAR ACTIVIDADES HABITUALES O PRESENTAR CAMBIOS DE CARÁCTER PUEDEN SER ALGUNAS DE LAS PRIMERAS SEÑALES. EN EL DÍA MUNDIAL DEL ALZHEIMER, ESPECIALISTAS DE CENTRO HIRSCH EXPLICAN QUÉ CAMBIOS NO DEBERÍAN NORMALIZARSE Y ADVIERTEN QUE LA SOBREPROTECCIÓN FAMILIAR PUEDE FAVORECER LA PÉRDIDA DE CAPACIDADES QUE LA PERSONA TODAVÍA CONSERVA.

Muchas veces la familia no identifica primero el síntoma, sino su impacto en la vida cotidiana. Una persona que comienza a tener dificultades para orientarse, manejar dinero, tomar correctamente su medicación, seguir una conversación o resolver tareas antes automáticas puede estar mostrando señales que merecen una consulta.

También pueden aparecer pérdida de iniciativa, retraimiento, irritabilidad o trastornos del sueño que se interpretan como “cosas de la edad”. Desde Centro Hirsch remarcan que envejecer no es sinónimo de demencia.

En un olvido asociado a la edad, la persona puede no recordar dónde dejó las llaves, pero recuperar luego esa información con una pista. En cambio, en los olvidos patológicos existe una dificultad para incorporar información nueva y el recuerdo no aparece ni siquiera con ayuda.

La prevalencia de demencia aumenta con la edad: ronda el 1% entre los 65 y 69 años, cerca del 4% entre los 70 y 74, 8% entre los 75 y 79, 16% entre los 80 y 84, 25% entre los 85 y 89 y supera el 50% por encima de los 95 años. La Organización Mundial de la Salud estima que más de 55 millones de personas viven con demencia y que se producen cerca de 10 millones de casos nuevos cada año.

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Cuidar sin reemplazar

Frente al diagnóstico, uno de los errores más frecuentes es la sobreprotección anticipatoria: comenzar a hacer por la persona actividades que todavía puede realizar, por temor a que se equivoque o para evitarle frustraciones. “El principio es sostener en lugar de reemplazar: ofrecer apoyos concretos para que la persona pueda seguir decidiendo y actuando, en vez de decidir y actuar en su lugar”, explica Carolina Díaz, directora médica, especialista en geriatría y gerontología de Centro Hirsch.

Ofrecer opciones concretas, dividir una tarea en pasos simples o utilizar recordatorios son estrategias que permiten acompañar sin anular autonomía. Hacer todo “por las dudas” puede favorecer la pérdida funcional por desuso. Otro error frecuente es excluir a la persona de conversaciones o decisiones. Los apoyos deben ajustarse progresivamente a medida que avanza la enfermedad.

El impacto también alcanza a quien cuida

El Alzheimer modifica la organización familiar. Hijos que comienzan a cuidar a sus padres, parejas que asumen tareas de cuidado permanente y hermanos que deben distribuir responsabilidades pueden atravesar una reorganización exigente.

Entre las señales de sobrecarga del cuidador aparecen agotamiento físico, irritabilidad, trastornos del sueño, ansiedad y aislamiento social. La alerta aumenta cuando la persona siente que ya no puede garantizar cuidados seguros. “Pedir ayuda a tiempo no significa cuidar mal ni querer menos a un familiar. Es parte del cuidado”, señala Carolina.

Mirar lo que todavía está

Aunque el Alzheimer es una enfermedad progresiva, crónica e irreversible, el diagnóstico no significa que “ya no haya nada por hacer”. Algunas capacidades pueden conservarse durante mucho tiempo, especialmente las vinculadas con habilidades motoras aprendidas y la memoria musical.

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Tejer, cocinar una receta familiar, tocar un instrumento o escuchar una canción significativa pueden ayudar a sostener funciones remanentes. En Centro Hirsch trabajan con un modelo interdisciplinario y centrado en la persona, con planes de cuidado construidos según su historia de vida, intereses, vínculos, hábitos y necesidades. “No nos centramos en lo que perdieron, sino en lo que aún tienen”, sintetizan desde Centro Hirsch.

Un ejemplo es el “Taller de arreglo personal”, creado para residentes con demencia que habían dado especial importancia a su vestimenta, peinado o maquillaje. Coordinado por terapia ocupacional, busca que puedan seguir eligiendo y sosteniendo una actividad vinculada a su identidad.

Para Centro Hirsch, acompañar a una persona con Alzheimer implica preservar su autonomía, sus vínculos y aquello que continúa dándole sentido a su vida.