Se buscan fundadores para transformar el futuro de la juventud

BISBLICK ABRE UNA NUEVA CONVOCATORIA PARA LOGRAR QUE MÁS JÓVENES SEAN LOS PRIMEROS PROFESIONALES DE SUS FAMILIAS

La organización acompaña actualmente a casi 300 jóvenes con becas, mentorías, capacitaciones e inclusión laboral. Las historias de Solana y Jazmín, casos que ilustran el impacto positivo de ese apoyo.

Durante mucho tiempo, Solana ni siquiera imaginó que la universidad pudiera formar parte de su futuro, o que era capaz de estudiar una carrera. La segunda de seis hermanos se convirtió en la primera profesional de una familia donde el principal anhelo era terminar el secundario y soñó en grande. Lo suficiente para especializarse en Derecho Internacional Público y formar parte de Naciones Unidas.

Jazmín había escuchado hablar de la universidad desde chica, cuando sus padres, ambos inmigrantes llegados al país en plena crisis del 2001, le contaban todo lo que podía lograrse estudiando. Fue ella la que luego descubrió lo que eso también implicaba, haciendo lo imposible para pagar los boletos, ayudar en su casa y no abandonar su sueño de convertirse en contadora pública, que hace apenas un mes logró.

Son dos historias de las tantas que atraviesan los jóvenes que tienen ganas de progresar. Pero no dejan de ser excepciones estadísticas: apenas 1 de cada 100 estudiantes, menores a 25 años, que viven en contextos vulnerables vuelve hoy a su casa con un título, tras un camino atravesado por barreras económicas, sociales, familiares y culturales. En los contextos con más limitaciones económicas hay mucho potencial que con el acompañamiento adecuado logra salir adelante.

En eso, ambas jóvenes coinciden: de no haber sido por el apoyo de la Fundación BisBlick Talento Joven, muy probablemente la historia hubiera sido otra. Y sus sueños también. Ambas compartieron sus relatos durante una edición especial del Día del Inversor, el ciclo de encuentros organizado por ADBlick, que estuvo dedicado al trabajo de la fundación en materia educativa. También participaron José Demicheli y Germán Magnoni, cofundadores de la organización, y su directora ejecutiva, Belén Ochoa.

Jóvenes con potencial
Un 1° de mayo, pero de 2013, por iniciativa de 50 socios fundadores, se puso en marcha lo que hoy es el sueño colectivo de cientos de familias: una organización dedicada exclusivamente a lograr que jóvenes con alto potencial de bajos recursos socioeconómicos puedan también soñar con tener un título en mano.

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Uno de sus principales impulsores, José Demicheli, reconoce que en ese “sueño compartido” hubo mucho de anhelo profesional pero también de experiencia personal. “Siempre me pregunté qué hubiera sido de Pepe, mi papá, que dejó el colegio en tercer grado, si hubiera podido terminar el secundario e ir a la universidad. Y me propuse hacer algo para detectar a los ´Pepes´ del mundo, a esos chicos con mucha capacidad que pueden convertirse en los primeros universitarios de sus familias”, expresa.

En sus 13 años de historia, BisBlick ya ha impactado en más de 3.000 jóvenes con espacios de encuentro con la juventud, sus programas de becas y mentorías, sus capacitaciones y sus oportunidades laborales. En conjunto, puentes que ayudan a sortear las altas tasas de deserción en los sectores de bajos recursos económicos y a cumplir uno de los principales objetivos de la educación: constituirse en la mayor y más importante herramienta de movilidad social ascendente.

Soñar con lo inimaginable
“Mi papá no pudo terminar el primario y mi mamá no terminó el secundario. Para mí, llegar a la universidad fue increíble”, relata Solana Acosta, hoy abogada de la UBA.

Fue por sugerencia de un profesor del colegio que se convenció de que podía soñar con estudiar una carrera. “Antes no me lo había planteado como posibilidad, porque me sentía en desventaja y no tenía referentes en mi entorno que lo hubieran hecho”, recuerda la joven, a quien el dinero de sus padres apenas le alcanzaba para pagar los boletos y, gracias a una amiga, recibía los apuntes de segunda mano.

Cuando se acercó a BisBlick, no consideraba que tenía el “alto potencial” que buscaba la fundación, y ni siquiera sabía bien de lo que podía ser capaz. “En la universidad fue la primera vez que me reconocí con talento”, expresa.

Y fue allí donde conoció su vocación: dedicarse a los derechos humanos en organismos internacionales. No tenía conocimientos en idiomas, ni contactos, ni se sentía parte de ese mundo, pero con apoyo de su tutora -parte del acompañamiento que brinda BisBlick durante toda la trayectoria educativa- se decidió a intentarlo. A sólo dos meses de recibirse, ingresó en Naciones Unidas y, actualmente, se desempeña como supervisora en el Ministerio Público Tutelar de CABA y además es tutora de BisBlick.

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“Todos los becados partimos de la base de que tenemos que ayudar a nuestras familias. Cuando cumplimos 18 años ese mandato es mucho mayor y es muy difícil sostener los estudios”, señala Solana, que pudo ayudar a pagar las cuentas con su primer trabajo, y, aunque quiso más de una vez dejar la beca, tuvo la chance de ayudar a su familia sin descuidar el estudio: “Yo no quería abandonar mis sueños, y eso lo pude sostener gracias a BisBlick”, destaca.

La historia que escuchó en casa
A Jazmín Mantilla sus padres le habían hablado muchas veces sobre la importancia de la universidad, aunque ninguno de los dos había podido asistir. “Era todo un mundo nuevo para mí y mi familia”, dice. Y, en medio de un proceso tan complejo, muchas de las respuestas que no encontraba en casa las halló en el acompañamiento de BisBlick.

El apoyo económico fue fundamental cuando tuvo que empezar a viajar de Lomas de Zamora hacia las sedes de Avellaneda o de Capital Federal, a no menos de 2 horas y varios transportes de distancia. “La mayor parte de la beca servía para costear los viáticos, que fue lo que me permitió avanzar con los estudios”, recuerda Jazmín, quien también tuvo que aprender que ella tenía el potencial necesario para hacerlo y cumplir sus sueños con creces.

Hace poco menos de un año comenzó a trabajar como administrativa contable dentro de la fundación y hace apenas un mes se recibió de contadora pública, protagonizando esa historia que muchas veces escuchó de joven, con la tranquilidad de que será un soporte más en su familia.

“Todavía ninguno de nosotros cae en la cuenta de lo que significa haberme recibido. Ahora sé que puedo dar una mano más a mi familia para que mis papás estén más tranquilos.”, expresa.

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En busca de nuevos fundadores
Actualmente, la fundación acompaña a un total de 293 jóvenes y ha impactado en más de 3000 a lo largo de sus 13 años de historia.

En su mayoría, a través del Programa de Desarrollo de Alto Potencial, que brinda apoyo económico y mentorías a los seleccionados, pero también mediante los otros ejes que sostiene la entidad: Impulso BisBlick, que busca transmitir competencias esenciales que les permitan integrarse y destacar en el mercado laboral; y el Programa de Inclusión Laboral, destinado a vencer barreras de ingreso y sesgos de selección en las corporaciones.

“Así fue evolucionando y creciendo el modelo todos estos años, escuchando los desafíos de los jóvenes y trabajando en conjunto con el mundo empresario”, señala la directora ejecutiva de la fundación, Belén Ochoa, quien destaca el modo en que se trabaja para cambiar realidades: “Cuando miramos a los jóvenes, miramos su potencial y competencias específicas, no la vulnerabilidad o la carencia”.

En plena etapa de expansión, la organización cerró 2025 con apenas un 18% de deserción durante el primer año de estudio -visiblemente menor al 70% registrado a nivel nacional para ese segmento socioeconómico- y con cada vez más historias como las de Solana o Jazmín para contar. Desde 2020 hasta ahora, de hecho, la cantidad de nuevos ingresos al sistema de becas creció en más de un 900%.

“Es un orgullo escuchar lo que se logra. Acá se visualiza el impacto de BisBlick”, expresa Demicheli.

Para objetivos tan grandes, ningún aporte deja de ser relevante. “Siempre se necesitan cabezas, manos y apoyo”, expresa el cofundador de la organización, Germán Magnoni, quien hace un llamado “a quienes tengan ganas de ayudar y transformar historias”.

Actualmente, se ha habilitado una nueva ronda de socios fundadores para que, del mismo modo que medio centenar de ellos dieron inicio a BisBlick hace 13 años, hoy pueda relanzarse con un renovado apoyo. “Se buscan fundadores de educación, otros 50 socios que permitan que BisBlick siga creciendo”, destaca Demicheli.