La urgencia hídrica: el deterioro millonario que amenaza la salud y la economía argentina

EL CAPITAL ORIGINAL EN OBRAS HÍDRICAS Y VIALES DEL PAÍS SE ENCUENTRA DEPRECIADO EN UN 61%, LO QUE REPRESENTA UN RIESGO INMINENTE PARA LA CALIDAD DE VIDA Y LA COMPETITIVIDAD. ESPECIALISTAS ADVIERTEN QUE LA FALTA DE MANTENIMIENTO DE TODA LA INFRAESTRUCTURA DEL PAÍS GENERA PÉRDIDAS POR 70 MILLONES DE DÓLARES DIARIOS. UNA PARTE SIGNIFICATIVA DE ELLA SE PRODUCE EN LAS REDES SANITARIAS. RECLAMAN UN PLAN ESTRATÉGICO A LARGO PLAZO.

Argentina se enfrenta a una crisis silenciosa pero devastadora: el deterioro progresivo de su infraestructura de agua y saneamiento. La depreciación millonaria de los equipamientos no solo compromete la productividad económica, sino que también pone en jaque la salud pública.

Según un reciente diagnóstico de la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO), el país pierde anualmente unos 25.000 millones de dólares -equivalentes a 70 millones por día- debido al desgaste y la falta de mantenimiento de sus activos de infraestructura: caminos, puertos, energía y redes sanitarias, todos activos esenciales.

El problema central radica en la postergación sistemática de las obras de conservación por razones presupuestarias o en favor de obras de alto impacto visible y corto plazo. 

Los expertos advierten que la falta de intervención oportuna multiplica los costos a futuro, transformando el deterioro en una carga intergeneracional.

En este contexto, resulta imperativo establecer planes plurianuales que garanticen la sostenibilidad de los servicios básicos, incluyendo la adopción de materiales eficientes y duraderos como el PVC para la renovación de las redes hídricas.

El diagnóstico: una red en tiempo de descuento

El análisis técnico revela cifras alarmantes. Jorge Núñez, especialista en agua y saneamiento, señala que el valor de reposición de toda la infraestructura nacional de agua y saneamiento asciende a más de 156.000 millones de dólares. Sin embargo, su valor actual, tras años de desidia, es de apenas 60.400 millones. Esto significa que el capital se encuentra depreciado en un 60 %. “El 65 % de la población servida en el país se abastece con sistemas que ya superaron su vida útil”, afirma categóricamente Núñez.

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La inversión necesaria para mantener la red hídrica en condiciones óptimas se estima en 3.000 millones de dólares anuales, un monto que actualmente no se ejecuta. Esta situación crítica se evidenció dramáticamente durante la pandemia, donde la falta de acceso a agua potable en sectores vulnerables dificultó las medidas básicas de higiene.

En este punto, la elección de los materiales para la renovación de las redes se vuelve crucial.  La industria de la construcción reconoce que el uso de cañerías de PVC (Policloruro de Vinilo) representa una solución eficiente para modernizar los sistemas de agua y saneamiento.  

La agenda hídrica plantea desafíos que exceden la expansión de las redes. Según lo expuesto por especialistas de CAMARCO, el 21% de la población argentina aún no cuenta con agua potable, mientras que el 40% no dispone de red cloacal, unos 18,5 millones de personas. En línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), Argentina debe avanzar hacia la cobertura universal de agua potable para 2030. A esto se suma el desafío del saneamiento: actualmente el 26% de los líquidos cloacales no recibe tratamiento, lo que exige extender el tratamiento a esa porción. La expansión debe estar acompañada por una política sostenida de mantenimiento y renovación. Según lo expuesto por los mismos especialistas, el 60% de la infraestructura existente tiene más de 50 años, lo que evidencia la necesidad de intervenir sobre las redes actuales al mismo tiempo que se extiende la cobertura.

Ante este escenario, la Asociación Argentina del PVC (AAPVC) destaca el rol fundamental de este material en la expansión y modernización de la infraestructura hídrica. Según la entidad, el PVC no solo representa una alternativa económica, sino una solución estructural a largo plazo:  Un informe de la AAPVC, elaborado en base al último Censo Nacional, permite además dimensionar la desigualdad territorial del problema: mientras que en distritos como CABA la cobertura cloacal supera el 89%, en provincias como Chaco, Formosa y Misiones más del 60% de la población no cuenta con este servicio. Según el relevamiento, Buenos Aires (particularmente el conurbano), Santiago del Estero, Chaco, Formosa y Misiones son las jurisdicciones con mayores necesidades combinadas de agua y cloacas. El propio informe identifica al PVC, entre los materiales normados de mayor uso para tubos plásticos en el mantenimiento de estas redes primarias y secundarias, y señala la oportunidad que representa para la industria acompañar el cierre de esta brecha.

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En lo que respecta puntualmente a la provisión de agua potable, el PVC se destaca como un material especialmente apto para esta función. La lisura de su superficie interior reduce la acumulación de depósitos en las paredes de las tuberías y favorece condiciones que dificultan la formación de biofilm y la proliferación bacteriana. Esa misma condición reduce la resistencia al paso del agua, permitiendo un transporte más eficiente y favoreciendo el desempeño energético de los sistemas de bombeo. No se trata de una tecnología nueva: ya desde la década de 1930 existen antecedentes de instalaciones de redes de agua potable en PVC en Alemania, cuyo desempeño sostenido en el tiempo respalda la aptitud del material para este uso sanitario crítico.

Las tuberías de PVC pueden superar los 100 años de vida útil, una característica vital para evitar el ciclo de deterioro actual. Además, el material presenta ventajas operativas y ambientales significativas:

• Resistencia y durabilidad: No se corroe ni se oxida, manteniendo su integridad estructural frente a agentes químicos y biológicos presentes en los sistemas cloacales.

• Eficiencia hidráulica: Su superficie interior lisa previene incrustaciones, garantizando un flujo constante y reduciendo los costos de mantenimiento.

• Sustentabilidad: Requiere menos energía para su producción en comparación con otros materiales y es 100% reciclable, alineándose con las demandas ambientales actuales.

“El PVC es mucho más que un material de construcción; es un facilitador de derechos”, señala Miguel García, director de la AAPVC, subrayando su importancia para garantizar el acceso al agua segura y al saneamiento básico.

La incorporación de estas tecnologías es considerada clave para acelerar las obras de infraestructura en un país con fuertes limitaciones presupuestarias, optimizando la inversión pública y asegurando la durabilidad de las redes de cloacas.

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La coincidencia entre los especialistas es clara: Argentina necesita abandonar la gestión de la infraestructura como una emergencia constante y adoptarla como una verdadera política de Estado. Fernando Lago, director del Área de Pensamiento Estratégico de CAMARCO, enfatiza que evitar el deterioro anual del capital es estratégico.

Para revertir esta tendencia, los distintos actores del sector han propuesto acciones clave:

1.Planificación a largo plazo: Establecer planes de infraestructura con un horizonte de 50 años.

2.Marco institucional sólido: Crear organismos que unifiquen la gestión y normativa, especialmente en el sector de agua y saneamiento.

3.Financiamiento internacional: Presentar proyectos viables para acceder a créditos de entidades como el BID, el Banco Mundial y la CAF.

4.Eficiencia y tecnología: Incorporar materiales modernos como el PVC en las redes hídricas

La “infraestructura invisible” es el cimiento sobre el cual se construye el bienestar de la sociedad. Su abandono es una hipoteca que pagarán las futuras generaciones. Transformar este diagnóstico en acción requiere voluntad política, seguridad jurídica y el compromiso ineludible de todos los actores involucrados para garantizar un desarrollo sostenible.