ENTRE VIEJAS ESTACIONES FERROVIARIAS, CALLES TRANQUILAS Y LA MAGIA QUE REGALAN LOS PUEBLOS BONAERENSES QUE CONSERVAN INTACTA SU IDENTIDAD, CARLOS BEGUERIE SE PREPARA PARA CELEBRAR SUS 114 AÑOS. EL PRÓXIMO 9 DE AGOSTO, QUIENES LLEGUEN A LA LOCALIDAD, PODRÁN DISFRUTAR DE UNA JORNADA QUE REUNIRÁ TRADICIÓN, GASTRONOMÍA, MÚSICA EN VIVO, ARTESANOS Y EL CLÁSICO DESFILE CÍVICO-ESCOLAR, EN UNA FIESTA QUE INVITA A DESCUBRIR LA HISTORIA Y LA CALIDEZ DE ESTA LOCALIDAD DEL PARTIDO DE ROQUE PÉREZ.
Lo lindo del turismo rural y de recorrer los pueblos es, sobre todo, descubrir su estilo de vida slow, sus siestas silenciosas, sus gente tranquila siempre atareada pero al ritmo del entorno, las calles de tierra y esos aromas de yuyos, arboledas y comidas caseras.
Uno de los pueblos más interesantes de la Ruta 205 es Carlos Beguerie ubicado a dos horas de Buenos Aires, en el corazón del partido de Roque Pérez. De vieja tradición ferroviario y criolla, el pueblo cumple 114 años y lo festeja con un evento abierto a los visitantes en el cual además de lo protocolar, se podrá disfrutar de una feria de artesanos, una inmensa cantina y propuestas gastronómicas además de diversos shows musicales.
El lugar muestra una fuerte identidad artística entre sus pocas manzanas, almacenes de campo y murales. Suspendido en el tiempo, Carlos Beguerie tiene poco más de 450 habitantes. La jornada invita a adentrarse en los rincones más entrañables del pueblo como el antiguo tanque del Predio de la Estación, transformado con delicadeza y memoria en el museo La Perla del Provincial.
Muy cerca de allí, un sendero bordeado de verde guía hasta la huerta comunitaria, un espacio donde la tierra, el trabajo compartido y los ciclos naturales siguen marcando el ritmo. Pero quizás uno de los mayores placeres que ofrece sea sentarse a la mesa en alguno de sus almacenes de campo. En cada uno de ellos, el tiempo se cocina a fuego lento y los sabores narran historias: sabrosísimas empanadas, pastas caseras, asado con aroma a leña, o chuletas a caballo que combinan tradición y sabor. Comer allí no es solo alimentarse, es formar parte -por un rato- de esa calidez que el pueblo ofrece sin reservas.
A solo unos pocos kilómetros de la ciudad cabecera, este lugar despliega su propuesta como un secreto bien guardado. Fundado al paso del tren, guarda intacta la esencia de los pueblos que nacen del esfuerzo compartido y del amor por su lugar. Las calles de tierra, las casas bajas y la estación centenaria -testigo silente de otras épocas configuran una postal detenida en el tiempo.
Conocido como La Perla del Provincial, es un alma colectiva donde la creatividad y el espíritu colaborativo le han devuelto el brillo perdido: muchas de sus viviendas centenarias fueron recuperadas con esmero, convirtiéndose en alojamientos rurales con su impronta, donde lo rústico convive con lo artístico. La técnica del trencadís, inspirada en el modernismo catalán, se despliega en murales coloridos que celebran la flora, la fauna y las tradiciones locales, transformando paredes en relatos visuales. El pueblo ha sabido abrazar la transformación sin renunciar a su raíz. Así lo demuestran sus plazas intervenidas con arte popular, las luminarias pintadas con aves autóctonas, los juegos artesanales y un mural que rinde homenaje a las Islas Malvinas. Todo se recorre a pie, sin prisa, dejando que el entorno hable.
Entre los sitios imperdibles se encuentran la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, el Museo Ferroviario La Perla, la escultura El Gaucho, la Antigua Casilla Rural y la plaza San Martín. También está la base de campamento La Perla del Provincial, punto de encuentro para actividades educativas y recreativas.






