CADA 14 DE JULIO SE CONMEMORA EL DÍA MUNDIAL DEL CHIMPANCÉ, EN HOMENAJE AL MOMENTO EN QUE LA DRA. JANE GOODALL LLEGÓ AL PARQUE NACIONAL DE GOMBE, TANZANIA, EN 1960, PARA INICIAR UNO DE LOS ESTUDIOS MÁS TRANSFORMADORES EN LA HISTORIA DE LA CIENCIA. LO QUE DESCUBRIÓ NO FUE SOLO UN ANIMAL INTELIGENTE: FUE UN ESPEJO. EN ESTE MARCO, INVITAMOS A PREGUNTARSE QUÉ HACEMOS CON LO QUE ESE ESPEJO NOS MUESTRA.
Los chimpancés comparten más del 98% de su ADN con los seres humanos. Hacen duelo por sus muertos, fabrican herramientas, establecen vínculos afectivos duraderos y manifiestan empatía. Sin embargo, en el último siglo han perdido más del 50% de su población. Hoy están catalogados en peligro de extinción por organismos internacionales, y las causas no son naturales: son deforestación, tráfico ilegal, caza furtiva y expansión agrícola industrial.
Lo que la ciencia dice y el sistema ignora
Los hallazgos de Goodall transformaron la forma en que la ciencia entiende a los animales no humanos. Demostraron que la capacidad de sentir, pensar y vivir en comunidad no es patrimonio exclusivo de los seres humanos. Aun así, esa evidencia científica convive con un sistema económico y cultural que sigue tratando a los animales como recursos, entretenimiento o mercancía.
El tráfico ilegal de crías de chimpancé es un ejemplo brutal de esta contradicción: cada cría capturada implica, en la mayoría de los casos, la muerte de los adultos de su grupo. Son arrancadas de sus comunidades para satisfacer la demanda de mascotas exóticas o espectáculos. A pesar de estar prohibido, el comercio persiste impulsado por mercados que priorizan el lucro sobre la vida.
América Latina no es ajena a esta realidad. La región forma parte de las cadenas globales de tráfico de fauna silvestre, y la demanda de animales exóticos como mascotas —incluyendo primates— sigue siendo un problema documentado en varios países.
“Jane Goodall llegó a Gombe y descubrió que la línea entre humanos y chimpancés era mucho más delgada de lo que creíamos. Décadas después, seguimos usando esa línea para justificar su explotación. En Animal Interseccional creemos que el conocimiento científico sobre la vida interior de los animales nos interpela directamente: si sabemos que sienten, que se vinculan, que sufren, entonces nuestras decisiones cotidianas, qué consumimos, qué toleramos, qué exigimos, tienen consecuencias éticas concretas. No alcanza con conmovernos una vez al año”, señaló Jesica Bon Denis, fundadora y directora ejecutiva de Animal Interseccional.
El impacto de las decisiones cotidianas
La protección de los chimpancés no depende únicamente de políticas de conservación en África. Depende también de decisiones que se toman a miles de kilómetros de distancia: rechazar el mercado de fauna silvestre, no consumir productos vinculados a la deforestación, no asistir a espectáculos que utilizan primates, y exigir legislación que penalice efectivamente el tráfico de animales silvestres en toda la región.
Cada elección cotidiana forma parte de un sistema más amplio. Y ese sistema puede transformarse.




