CUARENTA AÑOS SIN REFORMAS: la coparticipación bonaerense y el agotamiento de su régimen municipal.

“LOS MUNICIPIOS ESTAMOS AL BORDE DEL COLAPSO, LA SITUACIÓN ECONÓMICA ES MUY DURA EN TODOS LOS MUNICIPIOS DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES, CAÍDA DE RECURSOS Y AUMENTO DE LA DEMANDA SOCIAL” MIGUEL LUNGHI, INTENDENTE DE TANDIL

La crisis financiera que atraviesan hoy los municipios bonaerenses no nació con el reciente y tremendo ajuste nacional, ni con una coyuntura económica particular. Es el resultado de más de cuarenta años sin reformas estructurales en la provincia de Buenos Ayres. Mientras el territorio cambió profundamente en términos demográficos, productivos, tecnológico y sociales, el sistema político bonaerense permaneció prácticamente congelado en el tiempo.

Desde la legislatura platense, como desde el Ejecutivo, no se ha impulsado seriamente una política integral de población como de poblamiento. No se da una estrategia de regionalismo productivo, ni un programa de nueva ruralidad que permitiera desconcentrar el gigantesco peso poblacional del conurbano como el avance de la concentración de tierra y el arrendamiento extranjero. Tampoco se avanza hacia un régimen de autonomía municipal plena, cartas orgánicas, reconocimiento de nuevos municipios que otorguen mayor capacidad política, administrativa y tributaria a los gobiernos locales.

En ese marco, el sistema de coparticipación provincial terminó convirtiéndose en el principal problema estructural de los municipios bonaerenses. La Ley 10.559, sancionada en 1987, nació para una provincia completamente distinta a la actual. Desde entonces, Buenos Ayres multiplicó su población, profundizó los desequilibrios regionales y transfirió crecientes responsabilidades a los municipios en salud, seguridad, asistencia social y mantenimiento urbano. Sin embargo, el esquema de distribución de recursos prácticamente no cambió.

Hoy los intendentes administran demandas del S.XXI con una ingeniería institucional diseñada a principios del siglo pasado. La consecuencia es evidente: municipios financieramente asfixiados, dependientes de adelantos provinciales, fondos extraordinarios y negociaciones permanentes con el poder político platense.

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El problema no es solamente el porcentaje de coparticipación que reciben las comunas (el 16,41 % de la masa coparticipable), sino también los criterios de distribución. El Coeficiente Único de Distribución continúa apoyándose en variables muchas veces desactualizadas o distorsionadas, como censos poblacionales realizados cada diez años o indicadores sanitarios que históricamente generaron controversias. El resultado es un sistema que ya no refleja con precisión la realidad territorial de la provincia.

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A esto se suma otro problema de fondo: la ausencia de una reforma tributaria provincial moderna. Los municipios dependen excesivamente de tasas locales cada vez más difíciles de sostener en contextos de crisis económica, mientras la provincia concentra gran parte de los recursos estratégicos que maneja discrecionalmente. El poder político del intendente sin libertad financiera, termina siendo una ficción administrativa.

Tampoco se plantea una reforma electoral ni institucional que permita la transformación de la organización bonaerense. La provincia mantiene estructuras de representación y secciones electorales pensadas para otra realidad demográfica. Mientras algunos municipios crecieron exponencialmente, otros perdieron población y peso relativo, profundizando desequilibrios políticos y económicos.

Sin embargo, gran parte del debate público evita discutir el problema central. Se cuestiona al gobierno nacional, se denuncian recortes o caídas de transferencias, pero pocas veces se plantea la necesidad de revisar integralmente el régimen provincial de organización territorial y coparticipación. La discusión suele quedarse en la emergencia financiera inmediata, sin abordar las causas estructurales del agotamiento de un régimen municipal que se planificó con el gobernador Carlos D’Amico (1884-87).

La provincia de Buenos Ayres necesita abrir un debate profundo sobre descentralización, regionalismo, autonomía municipal, traslado de la capital provincial y reforma de la coparticipación. Porque sin una nueva organización institucional y fiscal, los municipios seguirán atrapados en un sistema que concentra poder, distribuya escasez y postergue indefinidamente el desarrollo equilibrado del interior productivo bonaerense.

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Luis Gotte
Mar del Plata
luisgotte@gmail.com
Coautor de Buenos Ayres Humana I: la hora de tu comunidad (Ed. Fabro, 2022); Buenos Ayres Humana II: la hora de tus intendentes (Ed. Fabro, 2024); y en preparación: Buenos Ayres Humana III: La Revolución Bonaerense del Siglo XXI, las Cartas Orgánicas municipales; y, Buenos Ayres Humana IV: Junín, capital de los bonaerenses
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