COLOMBIA SE ENCUENTRA EN UNA ENCRUCIJADA CLIMÁTICA Y ECONÓMICA. CON UNA MATRIZ ENERGÉTICA DONDE EL 85% DEPENDE DEL AGUA, LAS ALERTAS POR SEQUÍAS, LA ESCASEZ DE ENERGÍA Y LAS OLAS DE CALOR YA NO SON PROYECCIONES A LARGO PLAZO. ANTE ESTE PANORAMA, EL DEBATE EN EL FORO DE LA PLATAFORMA NACIONAL DE GESTIÓN DEL RIESGO DE DESASTRES DEL PASADO VIERNES, GIRÓ EN TORNO HACIA UN FACTOR CRÍTICO: LA SOSTENIBILIDAD PRESUPUESTAL DE LA RESPUESTA A EMERGENCIAS.
En este escenario, altos directivos de la Z Zurich Foundation y Zurich Seguros presentaron un análisis sobre el impacto económico de la prevención, evidenciando los retos fiscales de sostenibilidad del modelo actual de atención post-desastre.
La prevención como decisión económica
Tradicionalmente, los presupuestos públicos y privados se asignan cuando el desastre ya ha ocurrido. Sin embargo, la filantropía corporativa global y el sector asegurador han impulsado métricas de prevención que podrían contribuir a aliviar la presión fiscal asociada a la atención de desastres.
“A nivel global, hemos demostrado que un dólar invertido en prevención puede ahorrar hasta cinco dólares en costos de recuperación asociados a desastres climáticos. Esta relación es un argumento contundente para que los tomadores de decisiones públicos y privados comprendan que no podemos seguir financiando la respuesta de emergencias si no protegemos la infraestructura y fortalecemos la resiliencia de las comunidades.”, afirmó Gregory Renand, presidente de la Z Zurich Foundation.
Crisis energética y la realidad del riesgo
La conversación también aterrizó el debate global a la realidad colombiana. Sequías prolongadas, altas temperaturas y presión sobre el sistema energético empiezan a generar impactos directos sobre la productividad, la calidad de vida y las condiciones sociales en varias regiones del país.
Al respecto, Nicolás Marchant, CEO de Zurich Seguros Colombia señaló: “Muchas personas toman conciencia de la exposición al riesgo únicamente cuando ocurre una emergencia. Hoy vemos cómo la preocupación por un posible desabastecimiento energético empieza a instalarse en la agenda pública. Cuando las olas de calor se combinan con la falta de acceso a sistemas de refrigeración o aire acondicionado en las regiones más vulnerables, se generan riesgos sociales importantes.”
El directivo agregó que en Colombia la penetración del seguro se mantiene alrededor del 3%, lo que refleja las brechas de protección financiera frente a eventos extremos.
“Por eso, nuestro rol no debe limitarse únicamente a responder cuando ocurre un siniestro. También debemos contribuir a fortalecer capacidades de resiliencia antes de que el riesgo se materialice.”, añadió.
El reto: construir sostenibilidad sin dependencia
Otro de los puntos abordados durante el foro fue la necesidad de fortalecer la articulación entre sector público, privado, filantrópico y comunidades para acelerar la implementación de medidas de adaptación climática en el país.
Como parte de este enfoque, la Z Zurich Foundation y la Cruz Roja Colombiana vienen desarrollando herramientas de Medición de la Resiliencia Comunitaria ante Inundaciones (CRMC), además de proyectos de restauración ambiental y fortalecimiento comunitario en distintas regiones.
“La construcción de resiliencia abarca aspectos como educación, finanzas locales y preparación institucional. Ningún actor puede asumir este reto por sí solo; requiere trabajo colaborativo entre organizaciones, autoridades y comunidades”, explicó Charlotte Stemmer, jefa de Adaptación al Cambio Climático en la Z Zurich Foundation.
Actualmente, la organización acompaña procesos de rehabilitación de humedales en Soacha y restauración de manglares en Barranquilla, con el objetivo de fortalecer capacidades locales frente a eventos climáticos extremos.
“El verdadero éxito de estos proyectos está en que puedan mantenerse y escalar en el tiempo. Cuando las autoridades locales incorporan estos aprendizajes y fortalecen espacios como los comités de riesgo en las escuelas, el territorio gana autonomía”, añadió Stemmer.
Una crisis invisible
La organización también puso sobre la mesa un componente que empieza a ganar relevancia en la conversación global: el impacto emocional y social de la crisis climática sobre las nuevas generaciones.
“Se habla mucho de mitigación climática y transición energética, pero estas conversaciones también deben mantener a las personas en el centro. Hoy los jóvenes enfrentan crecientes preocupaciones sobre su futuro económico, laboral y ambiental, y eso tiene efectos directos sobre su bienestar y salud mental”, señaló Gregory Renand.
El líder de la fundación explicó que, por esa razón, la organización busca conectar los programas de adaptación climática con iniciativas de bienestar, empleabilidad y salud mental, especialmente en comunidades vulnerables y entornos escolares.





