A 50 AÑOS DEL GOLPE CÍVICO MILITAR SE PRESENTA LA OBRA “EL SEÑOR LAFORGUE” DE EDUARDO “TATO” PAVLOVSKY Y ESTO CONSTITUYE UN ACONTECIMIENTO ARTÍSTICO PARA REFLEXIONAR SOBRE LA HISTORIA Y EL PRESENTE ARGENTINO. ÚLTIMAS FUNCIONES, LOS SÁBADOS 23 Y 30 DE MAYO, EN EL TEATRO HASTA TRILCE, MAZA 177 (ALMAGRO)TEL.: 4862-1758
La dramaturgia del autor sitúa la acción en el contexto territorial y epocal de Haití dominado por los métodos represivos del régimen autoritario de “Papa Doc” Duvalier que asoló la isla entre 1957 y 1971.
Y desde esta referencia comienza a tejerse una analogía profunda que nos sitúa en el marco de las atrocidades cometidas por la dictadura argentina originada en 1976. La maestría argumental de esta pieza radica en mostrar la lógica del plan sistemático de la desaparición de personas construyendo una situación original al plantear un victimario que se vuelve víctima del régimen.
Desde diálogos potentes el foco que ilumina la acción está dado por una poética de la develación donde lo invisible se vuelve visible. Y aquí, entramos en lo que Jacques Ranciere plantea como estética política encargada de la distribución de lo sensible para visibilizar realidades ocultas.
Hay en el texto de Pavlovsky y en esta puesta del grupo La Mirada del Otro un dispositivo escénico que enfatiza el retorno de los cuerpos, cuerpos fantasmas que siempre están volviendo, cuerpos políticos que se niegan a desaparecer, cuerpos sobrevivientes que irrumpen en ese mar-río de la memoria y la resistencia.
Este teatro de los cuerpos que no pueden ocultarse cierra con un homenaje a esa intervención artística política que se inscribió en nuestra vida a partir de 1983 llamada El Siluetazo.
FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA
Autoría:
Eduardo Tato Pavlovsky
Actúan:
Carlos Berraymundo, Eva Campaniello, Liliana Dozo, Natalia Furchi, Dani García, Luis Manchini, Camila Porreca
Artistas invitados:
Mario Nielsen
Asistencia técnica:
Tibor Torokvei
Dirección:
Leonel Figliolo Jara
El teatro pavlovskiano muestra predilección por explorar temas políticos situados en un momento histórico muy concreto, y lanzar un inquietante desafío a distintas convicciones colectivas. Tal es el caso de El señor Laforgue. En el momento de la aparición de la pieza (julio de 1982), el régimen de la Junta conserva todavía su potencial represivo, hecho que no permite que se hable abiertamente de sus abusos. Por consiguiente, Pavlovsky sitúa la obra en el Haití del dictador François Duvalier. Los hechos que se representan y otros que se evocan en la obra parecen, efectivamente, ambientados en la isla francófona de los años 50; no obstante, como expone Dubatti (2008: 14), este presunto contexto haitiano no es sino una deliberada estrategia de escamoteo, alcanzada mediante «el procedimiento de metaforización cultural […] que enmascara la dictadura argentina bajo la represión haitiana».
El propio Pavlovsky admite que la verdadera inspiración para la obra fue la historia de un médico argentino que, actuando en calidad de funcionario estatal, anestesiaba a prisioneros políticos en aviones, segundos antes de que se los arrojara desde lo alto a las profundidades del Río de la Plata. (Recursos farsescos en la construcción del personaje Verdugo en El Señor Laforgue, de Michał Hułyk Universidad Marie Curie-Skłodowska de Lublin, Polonia)
SEMBLANZA DE EDUARDO PAVLOVSKY
Eduardo Pavlovsky pertenece a las figuras clave de la escena dramatúrgica contemporánea en la Argentina. Nació en 1933 y falleció en 2015. Fue un destacado autor de piezas teatrales y textos teóricos, psicoterapeuta, actor de cine y teatro, guionista, intelectual disidente, boxeador y nadador, excampeón continental de los 100 m mariposa, hombre de un enorme potencial y fuerzas creativas inagotables.
Su obra se dio a conocer internacionalmente y llevó a que se le otorgaran varios premios prestigiosos. Además de dramaturgo, se lo conoce también como médico psiquiatra y analista con varios años de práctica en el campo terapéutico, pionero del psicodrama en América Latina. Sus antepasados vinieron a Buenos Aires de la Rusia decimonónica, donde el abuelo paterno de Eduardo fue militante antizarista de Narodnaya Volya. Pavlovsky comienza su aventura teatral en los años 60, con búsquedas experimentales, pero pronto abandona el código jeroglífico de la estirpe vanguardista a favor de un teatro más abiertamente comprometido con la realidad política del país.
Fruto de dicho giro estético y temático será su obra maestra El señor Galíndez. Con la instauración del gobierno de la junta militar, Pavlovsky, amenazado de muerte, se ve obligado a abandonar el país, después de haberse escapado, saltando por la ventana de su cuarto, de un intento de secuestro por parte de un comando armado de fuerzas especiales.
Al haberse exiliado en España, continúa su labor de terapeuta y dramaturgo. Regresa a la patria y presenta El señor Laforgue (1982) y Potestad (1985), obras que constituyen sui generis un ajuste de cuentas con la época del Proceso.






