El difunto

CUANDO YA ME HABÍA IDO

Ya me fui, antes de lo esperado, de lo querido, sin proponérmelo… pero me fui. Ahora, ya no estoy, pero ¿acaso ya no me había ido antes? Creo que sí. Cuando prometí compartir mi vida con ella y no estaba, ya había partido. Ahora aquí, en la eternidad, lo veo claro: estaba hablando desde el deseo, de la necesidad de cambiar, de romper mi compromiso con la soledad. Pero la encontré cuando aún no estaba preparado, porque seguía atado a mis soledades, a mis inseguridades, a mi temor de no merecer nada en la vida. Y ella era tan buena para mi… De verdad, la amaba y en la eternidad la amo, pero ya no estoy, no estuve. En silencio, desde mi soledad, le hablaba… pero no estaba. Ahora sé que los regalos, no fueron gran cosa, ya no existen. Los escritos mueren bajo la voracidad de un comején. Ahora se que no extraña mi presencia y lo que llora es el dolor de mi ausencia, de no escuchar a tiempo, un te amo, o ¿cómo estás? Solo necesitaba que la acompañara, pero yo ya no estaba, me habían ganado el miedo y la soledad. Si tan solo hubiera sanado, si tan solo hubiera sido capaz de superarlo todo.

Ricardo De León (Barranquilla)


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