GRACIAS POR ESOS DOS LUCEROS DE MI VIENTRE
Y ESE SOL RADIANTE DE VERANO,
QUE MULTIPLICAN MIS ALEGRÍAS CON ACENTO MANSO.
Tengo jilgueros que cantan en mi pecho
y un alma de poeta que aligera mis sueños.
Gracias por las luciérnagas
que alumbran mis noches solitarias
y por el horizonte donde surcan mis ojos buscando el infinito.
Gracias por los renos que llevan mis quimeras
por prados fríos que calientan mi alma.
Gracias por los ángeles que aletean
para que se mueva mi barca.
Gracias por cada mañana que me despierta
con ese ímpetu renovado y cuatro alas.
Gracias por la melodía blanca en mis labios rojos,
por el astro de mi cuerpo que es una gran arpa.
Gracias por darme un rebaño de nubes y un imperio de algas
para tener mi cabeza y mis pies en el kilómetro exacto
donde se entrelazan juicio y ternura…
Ing. Irma Gaibor García (Ecuador)

