Austeros pero deseantes: el pulso del consumo argentino 2025

XIMENA DÍAZ ALARCÓN, CEO Y COFUNDADORA DE YOUNIVERSAL, CONSULTORA ESPECIALIZADA EN INVESTIGACIÓN Y TENDENCIAS, EXPLICÓ LOS RESULTADOS DEL MONITOREO SOCIAL Y CULTURAL DEL CONSUMO REALIZADO A TRAVÉS DE SU TREND LAB EN TODO EL PAÍS.

Dentro de la aspiración de la clase media, el 83% reconoce haber modificado sus hábitos de consumo en el último semestre.

En un contexto económico aún desafiante, el consumidor argentino no se resigna: adapta, ajusta y redefine su forma de consumir. Desde Youniversal, a través del Trend Lab, realizan un monitoreo constante del pulso social y cultural del consumo en todo el país.

Encuestas representativas, focus groups e investigaciones cualitativas permiten detectar patrones, emociones y comportamientos emergentes. La medición de junio de 2025 revela una lógica clara: cuando los recursos escasean, la inteligencia de consumo se agudiza. Ya no se trata solo de achicar gastos, sino de repensarlos.

Aunque solo el 37% se considera parte de la clase media, el 86% sigue creyendo que este segmento es el verdadero motor del país. La pertenencia simbólica persiste, incluso frente a un panorama de ajustes: el 83% reconoce haber modificado sus hábitos de consumo en el último semestre.

Sin embargo, ese recorte viene acompañado de planificación. Se gasta menos, pero se elige mejor. La lógica del “rebusque” se profesionaliza: cada persona aplica en promedio más de tres estrategias para cuidar su bolsillo. Comprar en mayoristas, elegir envases XL, buscar marcas propias o productos refill son parte del menú de decisiones cotidianas.

“La austeridad convive con el deseo de disfrutar. Si bien se recorta en salidas o indumentaria, cae el porcentaje de quienes eliminaron los “gustos”: de un 55% en diciembre 2024, bajó a 39% en junio”, detalla Ximena Díaz Alarcón, CEO y Cofundadora de Youniversal, consultora especializada en investigación y tendencias.

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Además, el 89% de los encuestados afirma que darse un gusto, aunque sea pequeño, es clave para el bienestar emocional.

“Las marcas reaparecen como vehículo de esos placeres. Tres de cada diez consumidores están dispuestos a pagar más por una marca que los identifique en una ocasión especial. No es solo funcionalidad: es sentido, representación y deseo”, agrega la especialista.

El 66% prioriza productos nacionales por el impacto positivo en la industria local, pero el 32% declara sentirse más conectado con el mundo al elegir importados. Esta dualidad revela una tensión: el consumidor quiere apoyar lo propio, sin dejar de aspirar a lo global.

El desafío para las marcas locales es doble: competir con precio y calidad, pero también con una narrativa potente que active orgullo y pertenencia.

Sin euforia, pero con menos pesimismo. Baja la percepción de deterioro económico: solo el 37% cree que la mayoría está peor que él, cuando en diciembre era el 60%. Crece la idea de que, al menos, las cosas no seguirán empeorando.

En ese clima de racionalidad emocional, las marcas deben posicionarse con sensibilidad y coherencia. No alcanza con ofrecer un buen producto: hay que sintonizar con el momento.

Según Díaz Alarcón, estas son algunas de las claves para las marcas hoy:
-Valor con sentido:
el precio importa, pero no lo es todo. La calidad, el propósito y la experiencia son igual de relevantes.

-El contexto define el canal: las decisiones de compra están ligadas al momento. El mismo consumidor puede elegir un mayorista, una tienda de cercanía o una app según la ocasión.

  • Placer accesible: aún en la escasez, el deseo no desaparece. Las marcas que habiliten el disfrute consciente tienen más posibilidades de conectar.
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-La exigencia es simbólica: menos margen de maniobra implica más expectativa. Cada peso invertido debe sentirse bien gastado.

-Lo nacional necesita una propuesta: el patriotismo no compensa la falta de calidad o diferenciación. Las marcas locales deben ofrecer más cercanía si quieren mantenerse en la mente del consumidor.

En definitiva, el consumidor 2025 es más estratégico, emocional y demandante. Las marcas que entiendan esta sensibilidad no solo sobrevivirán: ganarán relevancia.