EN ROMA, DONDE CADA INTERVENCIÓN IMPLICA DIALOGAR CON SIGLOS DE HISTORIA, EL ESPACIO PÚBLICO SE CONVIERTE EN UNA HERRAMIENTA PARA REINTERPRETAR EL PASADO. LA RECIENTE PUESTA EN VALOR DEL SECTOR SUR DEL COLISEO PROPONE PRECISAMENTE ESO, UNA NUEVA FORMA DE LEER EL ANFITEATRO FLAVIO A PARTIR DE SU RELACIÓN CON EL SUELO, LA GEOMETRÍA Y EL RECORRIDO.
El proyecto, desarrollado por Stefano Boeri Interiors junto al arquitecto Giorgio Donà para el Parco Archeologico del Colosseo, se centra en la recomposición espacial del ambulacro sur. A partir de una serie de investigaciones arqueológicas, la intervención recupera niveles originales, restituye la crepidine, ese doble escalón perimetral que define la base del monumento, y completa los sectores de pavimento que se habían perdido con el tiempo.
La operación se despliega sobre la fachada sur, entre los arcos 60 y 76 por un lado y del 1 al 18 por el otro, una zona que había perdido legibilidad con el paso de los siglos. La decisión de bajar el nivel de la plaza aproximadamente un metro en ciertos tramos permitió hacer visible nuevamente este basamento histórico, reconstruido con dos alzadas regulares de 19 centímetros y una huella de 38, devolviendo al conjunto una escala más cercana a su configuración original.
El trabajo se apoya en estudios geométricos del monumento y en investigaciones previas que permitieron entender con precisión la lógica constructiva de los anfiteatros romanos. Esta lectura se traduce en un trazado que respeta la estructura radial del Coliseo y la hace perceptible en el diseño contemporáneo del pavimento.
La nueva superficie, que cubre más de tres mil metros cuadrados, organiza las piezas en una grilla de bandas alternadas que absorben las variaciones propias de la curvatura. Las losas de travertino, de geometría trapezoidal, se alinean con los ejes visuales de los arcos, guiando la mirada hacia el monumento. El material elegido, travertino clásico de la Cava del Barco, fue cortado siguiendo la veta natural para garantizar continuidad cromática y material con las superficies históricas.
Más que una simple reconstrucción, el suelo funciona como una herramienta de interpretación. A través de marcas integradas, el proyecto señala las estructuras desaparecidas del ambulacro sur. Por un lado, elementos emergentes de cuarenta centímetros permiten leer la traza original y al mismo tiempo funcionan como asientos. Por otro, piezas a nivel de piso, identificables por su textura, indican recorridos y nodos de circulación sin interferir en el flujo de visitantes.
La intervención también incorpora criterios contemporáneos de accesibilidad. Rampas ubicadas en puntos estratégicos permiten salvar los desniveles generados por la restitución de las cotas históricas, integrándose de manera natural en el conjunto. El resultado es un espacio continuo, inclusivo y fácil de recorrer.
En paralelo, la redefinición altimétrica permitió revisar el sistema de drenaje pluvial. El nuevo diseño optimiza la evacuación del agua mediante pendientes calibradas que dialogan con la lógica original del monumento. Así, la gestión hídrica se integra al proyecto como una capa más del diseño.
Uno de los gestos más interesantes aparece entre los arcos 65 y 71, donde el pavimento se interrumpe para abrir una ventana arqueológica. Este corte permite observar los estratos históricos y las fundaciones del Coliseo, delimitadas con bloques de toba, perfiles metálicos y barandas de vidrio. La operación responde a un principio de reversibilidad, clave en este tipo de intervenciones, que asegura la posibilidad de modificar o retirar los elementos sin afectar las estructuras existentes.
La lectura histórica se completa con la reintroducción de la numeración de los arcos, un sistema original que facilitaba el acceso al anfiteatro. Perdida en el sector sur tras derrumbes antiguos, esta señalización vuelve ahora en forma de grabados sobre placas de travertino alineadas con cada entrada. La reconstrucción se basa en el análisis de la fachada norte, donde aún se conservan estos elementos.
El resultado es un espacio que combina precisión arqueológica y lenguaje contemporáneo. La intervención no busca reconstruir de manera literal, sino ofrecer herramientas para comprender el monumento desde una experiencia directa, cercana al suelo y al recorrido.
Para Stefano Boeri, el proyecto permitió recuperar la percepción de la escala original del Coliseo y acercar al visitante a su estructura de manera más tangible. Giorgio Donà destaca, a su vez, el carácter colectivo del trabajo, donde arquitectos, arqueólogos y especialistas contribuyeron a construir una nueva lectura del sitio.
La plaza sur del Coliseo se transforma así en un nuevo umbral, un lugar donde la historia se vuelve legible a través del diseño y donde el pasado encuentra una forma contemporánea de hacerse presente.
Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello





