¿Un golpe encubierto en la provincia de Buenos Ayres? La ingeniería electoral del cristinismo

LA PROVINCIA DE BUENOS AYRES HA CERRADO SUS LISTAS PARA LAS ELECCIONES LEGISLATIVAS NACIONALES DEL PRÓXIMO 26 DE OCTUBRE. UN COMICIO QUE, AUNQUE PARCIAL EN TÉRMINOS INSTITUCIONALES -PUES SOLO SE ELIGEN DIPUTADOS NACIONALES-, CONCENTRA UN VALOR ESTRATÉGICO DECISIVO: DEFINIR LA CORRELACIÓN DE FUERZAS HACIA EL 2027.

En este escenario aparece la lista de Fuerza Patria, una alianza más de coyuntura que de unidad de concepción, que no se construye sobre una unidad doctrinaria sino sobre el simple principio de “nos amontona el espanto”. Un armado defensivo, reactivo, sin programa común ni horizonte de provincia.

De entrada, el dato salta a la vista: no representa al bonaerense real. No es peronismo en su matriz, ni kirchnerismo en sentido orgánico. Es, más bien, un diseño cristinista puro, un diagrama de poder subordinado a la lógica personal de Cristina Kirchner y a su círculo inmediato.

Una lista para perder
Un análisis racional, casi matemático, conduce a una conclusión incómoda: esta lista no está pensada para ganar. Está pensada para perder. ¿Por qué? Porque en la derrota se arrastra inevitablemente la figura del gobernador bonaerense.

Si el oficialismo provincial no logra sostener un resultado digno en las urnas, la consecuencia inmediata será la erosión de la imagen política del gobernador. Pierde poder de negociación, se debilita en la mesa nacional y, lo más grave, queda fuera de carrera para la proyección presidencial de 2027. Lo mismo que le sucedió a Cafiero en 1990 en su intento de reforma constitucional, le trabajaron en contra.

El golpe silencioso
Surge, entonces, la pregunta de fondo: ¿se trata de un error de cálculo o de una estrategia deliberada? La hipótesis que se impone es la segunda. Lo que se está gestando es un golpe de Estado encubierto dentro del propio espacio de poder bonaerense.

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Un golpe no con tanques ni decretos, sino con listas. No desde afuera, sino desde adentro. El cristinismo, en su versión más cerrada, estaría bloqueando de manera premeditada cualquier posibilidad de proyección autónoma del gobernador. Lo hace reduciéndolo, aislándolo y, en última instancia, liquidando sus chances futuras.

Este no es un fenómeno nuevo en la política argentina. La historia registra múltiples episodios de cómo los liderazgos emergentes fueron neutralizados no por la oposición, sino por la propia interna. Pero el rasgo distintivo aquí es el método: una ingeniería electoral que sacrifica bancas, diluye representación y, al mismo tiempo, destruye la proyección de un gobernador en ejercicio.

El costo para la provincia
Más allá de la hipótesis de poder, el costo real lo paga el bonaerense. La provincia se convierte en rehén de una interna que no la reconoce ni la prioriza.

La lista de Fuerza Patria no responde a los problemas estructurales de la provincia. Responde a una lógica de preservación de liderazgos personales. Es un esquema que mira hacia 2027, pero no hacia los bonaerenses.

¿Y el peronismo?
El peronismo, en tanto movimiento histórico, se ha caracterizado por su capacidad de sintetizar contradicciones y generar proyectos de unidad nacional. Nada de eso aparece en este armado. Ni doctrina, ni visión estratégica, ni proyección de poder real.

La pregunta entonces es inevitable: ¿puede llamarse peronismo a un dispositivo electoral diseñado para diluir a un gobernador en funciones? ¿O estamos ante un cristinismo residual que solo busca conservar cuotas de poder a costa de cualquier precio?

Conclusión
El cierre de listas en la provincia de los bonaerenses dejó al desnudo un fenómeno que merece ser nombrado con precisión. Lo que se está jugando no es una interna más, ni una disputa menor. Es un golpe de Estado encubierto, un desplazamiento programado de la figura del gobernador, ejecutado con la frialdad de un ajedrez de poder.

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La historia dirá si esta estrategia logra imponerse o si, por el contrario, acelera la fragmentación de un espacio que ya no representa ni al bonaerense ni al peronismo. Lo cierto es que el 26 de octubre no se votará solo una lista de diputados. Se pondrá en juego la pregunta mayor: ¿quién define el futuro político de la provincia? ¿Los bonaerenses, o el laboratorio cerrado de un cristinismo que parece decidido a devorar incluso a sus propios gobernadores?

Luis Gotte
Mar del Plata
luisgotte@gmail.com
Coautor de Buenos Ayres Humana I: la hora de tu comunidad (Ed. Fabro, 2022); Buenos Ayres Humana II: la hora de tus intendentes (Ed. Fabro, 2024); y en preparación: Buenos Ayres Humana III: La Revolución Bonaerense del Siglo XXI, las Cartas Orgánicas municipales.