TRAMA presenta “De Tener el Tiempo”, un ensayo que reflexiona sobre la crisis temporal y la cultura de la disponibilidad en Argentina

EN UN CONTEXTO DONDE LOS ARGENTINOS PASAN MÁS DE 8 HORAS Y MEDIA AL DÍA CONECTADOS A INTERNET Y DEDICAN EL EQUIVALENTE A UNA SEMANA LABORAL AL MES A LAS REDES SOCIALES, LA NUEVA PUBLICACIÓN DE TRAMA LLAMA A DESNATURALIZAR LA ESCASEZ DE TIEMPO COMO UNA FALLA INDIVIDUAL Y ANALIZARLA COMO UNA FORMA DE ORGANIZACIÓN SOCIAL.

Desde la cadencia del «feed» hasta la brecha de género en las tareas de cuidado y la caída de la natalidad, el ensayo reflexiona sobre cómo la aceleración erosiona la experiencia, el cuerpo y la posibilidad de proyectar un futuro.

El observatorio cultural TRAMA presentó su tercer ensayo, titulado “De Tener el Tiempo: Fantasmagoría del devenir”. La obra propone una profunda reflexión sobre la manera en que la modernidad tardía y la economía de plataformas han desarticulado la noción del tiempo, transformándolo en un «espectro» abocado a la gestión, la optimización y la eficiencia constante.

A través de cinco ejes temáticos (Espectro, Fragmentos, Privación, Exilio, Huella y Por venir), el ensayo analiza cómo la vida contemporánea ha cambiado el tránsito fluido y las secuencias narrativas por una experiencia fragmentada. La dinámica del scroll, la dictadura de la actualización inmediata (refresh) y la obligación de estar permanentemente disponibles han convertido al presente en un bucle continuo, donde todo pasa, pero nada llega a sedimentar ni a convertirse en vivencia profunda.

Las reflexiones que plantea “De Tener el Tiempo” dialogan de manera directa con un panorama cuantitativo crítico en Argentina, donde la escasez de tiempo ha dejado de ser una sensación íntima para convertirse en una dimensión estructural.

Actualmente, Argentina cuenta con una infraestructura de conexión extendida, alcanzando al 90,6% de la población (41,6 millones de personas), donde los usuarios de entre 16 y 64 años pasan en promedio 8 horas y 41 minutos diarios conectados. Esta cifra ubica al país más de dos horas por encima de la media global de 6 horas y 38 minutos. A su vez, 9 de cada 10 argentinos dentro de la población digital utilizan redes sociales mensualmente, promediando 44 horas al mes en estas plataformas, lo que equivale a destinar más de una semana laboral estándar al mes únicamente al consumo de redes y posiciona a Argentina como el segundo país de Latinoamérica con mayor alcance en estos entornos.

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Esta dinámica de hiperconexión ha colonizado incluso los espacios tradicionalmente reservados al descanso. La lógica del feed domina la rutina cotidiana al punto de que el domingo se ha consolidado como el día de mayor uso de redes sociales, alcanzando un promedio de 4 horas y 48 minutos. Asimismo, la franja nocturna (de 19 a 24 horas) concentra el 43,7% del uso principal, evidenciando que los momentos históricamente asociados a la pausa hoy son absorbidos por la actualización permanente.

“Decir ‘no tengo tiempo’ se ha convertido en una especie de contraseña de nuestra época, un enunciado que combina culpa, resignación y hasta un orgullo extraño por estar siempre ocupados. Sin embargo, la falta de tiempo no es una simple falla en la organización personal ni un rasgo de ineficiencia individual, sino un síntoma cultural profundo y una forma de organización social que distribuye de manera desigual quién puede disponer de sus horas”, afirmó María Martín Sidrás, Directora de Estrategia VML y coautora del ensayo.

“Hoy habitamos una temporalidad que tiene la forma del feed: una navegación de estímulos intermitentes que no construye pasaje ni abre futuro. Pasamos casi 9 horas al día conectados y destinamos más de una semana laboral al mes solo a redes sociales; el riesgo de este ecosistema de plataformas es que el presente termina lleno de señales inmediatas pero vacío de densidad para convertir el transcurrir en verdadera experiencia”, señaló Federico Roales, Estratega VML y coautor.

El ensayo de TRAMA toma estos indicadores para llevar al frente una serie de interpelaciones fundamentales sobre el impacto de esta aceleración en la vida humana. En primer lugar, el trabajo profundiza en la disolución de la experiencia y la tiranía del fragmento, exponiendo cómo la atención se ha moldeado según la gramática del feed. Los estímulos intermitentes impiden que las vivencias adquieran densidad afectiva o continuidad, provocando que la ausencia de estímulos ya no se habite como calma, sino como una sensación de retraso o pérdida.

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A la par de esta fragmentación, el estudio aborda la desigualdad en la distribución del tiempo. Aunque el enunciado “no tengo tiempo” cruza a toda la sociedad, la disponibilidad de horas no es pareja y recae fuertemente en brechas de género y sociales. Según datos del INDEC, en Argentina las mujeres dedican 6 horas y 31 minutos diarios al trabajo no remunerado, mientras que los varones destinan 3 horas y 40 minutos, mostrando que la falta de tiempo de algunos se sostiene en el trabajo invisible de otros.

Esta organización cotidiana acorrala de forma directa la dimensión biológica y el cuerpo. La falta de tiempo funciona como una barrera concreta para el bienestar: el 40,3% de los adultos sedentarios en el país la señala como el principal motivo para no realizar actividad física, al tiempo que los adolescentes pasan más de 5 horas diarias frente a pantallas, moldeando desde temprano el sedentarismo y la disponibilidad digital.

Asimismo, el ensayo advierte sobre una crítica desincronización demográfica. Coexiste una paradoja entre una cultura obsesionada con prolongar la longevidad y ralentizar el envejecimiento (mediante biohacking y tendencias antiage), y una estructura socioeconómica que estrecha las condiciones para reproducir la vida. En 2024, la tasa de fecundidad en Argentina cayó a 1,5 hijos por mujer —por debajo del nivel de reemplazo poblacional—, lo que refleja cómo las exigencias profesionales, de formación y de estabilidad económica postergan y comprimen los proyectos familiares.

Finalmente, TRAMA enfatiza la necesidad de recuperar el valor del acontecimiento y el porvenir frente al exilio del tiempo en algoritmos y archivos digitales. La publicación llama a rescatar los ritmos colectivos, la pausa no cuantificable y las marcas del paso del tiempo como testimonios de lo vivido. Cuestionar la urgencia no constituye un ejercicio de nostalgia, sino la condición indispensable para no aceptar el futuro como un mero cálculo estadístico predeterminado, devolviéndole al tiempo su fuerza de transformación y su dimensión humana.

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“El verdadero desafío que plantea ‘De Tener el Tiempo’ es arrebatar el tiempo de la lógica del rendimiento y la captura digital para devolverlo al campo de lo vivo y lo colectivo. Necesitamos disputar lo que hoy aceptamos como inevitable y volver a preguntarnos qué condiciones materiales y qué formas de sensibilidad nos permitirán habitar un porvenir donde el límite no sea visto como un error a corregir, sino como la condición básica para que la vida transcurra”, cerró Fabiana Antonelli, Chief Strategy Officer en VML y responsable de TRAMA.

El ensayo está disponible en: https://www.vml.com/es/insight/volumen-3-de-tener-el-tiempo