AHÍ DONDE NADIE ENTRA TUS LABIOS ENCONTRARON UN REFUGIO; AHÍ DONDE HABÍA DOLOR, LLENASTE CADA ESPACIO CON AMOR; AHÍ DONDE SOLO CAMINA EL DOLOR, SUPISTE ABRIR UN ESCAPARATE…
Tú, mí bella obra de arte, la que esculpí con mis manos, tu cuerpo tan bello y perfecto; la que con un pincel di forma a tu sonrisa y dibuje un cielo para los dos. Tú, un rincón, bebe de mis labios cada beso de quien solo tenía el cielo en sus manos y que aquel artista era tan pobre que solo tenía amor para dar; y ahí Dios miró sus manos vacías y las lleno; y vio su obra y le dió paz; y ahí entendió que el amor era el tesoro más valioso que podía tener.
Ruth Sánchez (Buenos Aires)

