Repensar el crédito de consumo en un contexto en transformación

El acceso al crédito continúa siendo uno de los principales desafíos del país. En muchos casos, la exclusión no se explica por falta de capacidad de pago, sino por esquemas de análisis que no logran capturar el comportamiento de pago real de personas en un entorno cada vez más digital.

Durante décadas, la gestión del riesgo se apoyó en historiales formales y registros financieros convencionales. Aunque siguen siendo una referencia clave, hoy exhiben limitaciones frente a una economía más diversa, donde una parte creciente de la actividad financiera ocurre fuera de los canales tradicionales.

En ese marco, el uso de modelos de scoring que integran datos tanto bancarios como no bancarios y actualizados resulta clave para evaluar el riesgo crediticio en segmentos que los esquemas tradicionales no siempre logran cubrir, como jóvenes o personas sub-bancarizadas. La incorporación de información proveniente de fuentes no bancarias, permite reducir falsos negativos y ampliar la tasa de aprobación sin comprometer la calidad de la cartera.

Según el Informe de Inclusión Financiera del Banco Central de la República Argentina (BCRA), a junio de 2025 cerca de 19,5 millones de personas —alrededor del 52,6 % de la población adulta— registraban financiamiento en el sistema financiero, con un incremento neto de 1 millón de deudores respecto de diciembre de 2024 y un crecimiento real del saldo promedio por deudor del 19 %. Estos avances reflejan una mayor incorporación al crédito formal, pero también ponen de relieve la necesidad de tecnologías de automatización y análisis más precisas y alineadas con las nuevas dinámicas económicas.

Por su parte, la suba de la mora también se registra en los créditos tomados de entidades no bancarias. Al respecto, el último informe de la consultora Eco Go señala que el endeudamiento de los hogares por medio de Fintech y billeteras virtuales alcanzó un récord del 33 % de la masa salarial mensual, lo que representa una suba de 12 puntos porcentuales respecto a noviembre de 2024.

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“Hoy el desafío no es solo ampliar el acceso al crédito, sino hacerlo con mejor capacidad de análisis. Integrar datos bancarios y no bancarios permite comprender de forma más fiel cómo se comportan las personas y tomar decisiones más informadas sin incrementar el riesgo”, señaló Mariano Sokal, director de SIISA, empresa de tecnología para el crédito y buró.

Esta tendencia también se observa a nivel internacional. El informe “Alternative Data for Credit Scoring: Opportunities and Risks”, elaborado por la Alliance for Financial Inclusion (AFI), destaca que el uso responsable de fuentes de información no tradicionales mejora la evaluación del riesgo y facilita la inclusión de segmentos históricamente excluidos de los esquemas crediticios formales.

Complementar los modelos tradicionales con nuevas fuentes de datos, automatización y analítica avanzada no implica reemplazar lo existente, sino potenciarlo. La integración responsable de múltiples fuentes de información de comportamiento de pago representa una oportunidad concreta para reducir asimetrías de información, ampliar el acceso al crédito y avanzar hacia un sistema crediticio más sostenible e inclusivo.