Qué es realmente la Provincia de los bonaerenses?

LA PROVINCIA DE BUENOS AYRES SUELE DEFINIRSE COMO UN ESTADO SUBNACIONAL, UNA JURISDICCIÓN DE LA REPÚBLICA ARGENTINA O UNA UNIDAD ADMINISTRATIVA. TODAS ESAS CATEGORÍAS SON CORRECTAS DESDE EL PUNTO DE VISTA JURÍDICO. SIN EMBARGO, NINGUNA RESPONDE LA PREGUNTA ESENCIAL: ¿QUÉ REPRESENTA REALMENTE BUENOS AYRES EN EL ENTRAMADO POLÍTICO, ECONÓMICO E INSTITUCIONAL DEL PAÍS?

Comprenderlo exige mirar más allá de los mapas. Implica estudiar su historia, las decisiones de sus gobiernos y, sobre todo, el marco normativo que todavía condiciona su desarrollo. La provincia arrastra un régimen municipal pétreo concebido en el S.XIX, una legislación electoral de 1935 (reforma 1946) y normas de ordenamiento territorial heredadas de un modelo centralista, como lo es el Dto-ley 6769 de 1958 bajo el gobierno de facto del Gral. Aramburu. Esa arquitectura institucional continúa respondiendo a desafíos del pasado antes que a las necesidades del S.XXI.

Este “régimen municipal pétreo” tiene su origen en la Ley 1810 de marzo de 1886, sancionada bajo el gobierno de Carlos D’Amico. Esa norma fijó de manera inmutable la existencia de un Departamento Ejecutivo y un Concejo Deliberante en cada municipio, blindando la estructura contra cualquier modificación por leyes ordinarias. Décadas más tarde, la Ley Orgánica de las Municipalidades de 1958 consolidó ese esquema, pero la raíz pétrea proviene de aquella decisión decimonónica. El resultado es un corset institucional: los municipios carecen de autonomía plena, pese a que la Constitución Nacional reconoce desde 1994 la autonomía municipal en su art. 123. En la práctica, dependen de la Legislatura provincial para cualquier cambio en competencias, recursos o representación, lo que genera una tensión permanente entre la letra constitucional y la realidad política.

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La historia económica bonaerense también está marcada por el desmantelamiento de su red ferroviaria. El levantamiento de los ramales del Ferrocarril Midland de Buenos Ayres y del Ferrocarril Provincial de Buenos Ayres dejó a una basta región sin conexión. El Provincial, que atravesaba la provincia de este a oeste por su centro geográfico, fue clausurado en los años sesenta, condenando al aislamiento a decenas de pueblos. También es llamativo que la provincia nunca desarrolló una red ferroviaria de norte a sur paralela a la Ruta Nacional 33, lo que hubiera integrado regiones productivas hoy fragmentadas. La ausencia de planificación territorial reforzó la concentración en el AMBA y debilitó el interior.

A ello se suma un dato político que pocas veces se subraya: al bonaerense parece no importarle que el 70% de sus gobernadores -como sus Ministros- fueran porteños y no oriundos de la provincia. Esa indiferencia consolidó una conducción política ajena a la propia provincia, más preocupada por las dinámicas del poder nacional que por las necesidades locales. La consecuencia fue una provincia administrada con mirada externa, sin proyecto propio de desarrollo.

En el plano económico, Buenos Ayres históricamente se dedicó principalmente a la mejora genética y al aumento del rendimiento del campo. La investigación agropecuaria logró avances notables en productividad, pero no buscó subcomponentes de los granos para su industrialización. El modelo se concentró en producir más materias primas, sin dar el salto hacia la generación de valor agregado. Durante demasiado tiempo la provincia fue pensada como un territorio destinado a extraer riqueza, no como una comunidad organizada para generar desarrollo y crecimiento. Su enorme potencial agropecuario fue considerado como un fin en sí mismo y no como el punto de partida para construir una poderosa red industrial, científica, tecnológica y productiva.

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Ese esquema pudo ofrecer resultados en otro contexto internacional. Hoy el mundo cambió. Nuevos competidores producen alimentos, incorporan tecnología y agregan valor. Mientras tanto, Buenos Ayres continúa atrapada en un modelo que pierde dinamismo y muestra signos evidentes de agotamiento. El problema no es la riqueza de la provincia, sino la ausencia de un proyecto que la transforme en bienestar para su propia comunidad.

Buenos Ayres necesita dejar de ser vista únicamente como proveedora de materias primas y comenzar a pensarse como una potencia agroindustrial, científica, logística y tecnológica. Necesita poblar nuevamente su interior, recuperar el protagonismo de sus municipios, fortalecer las economías regionales e industrializar su producción.

La verdadera discusión ya no es qué es jurídicamente la provincia de Buenos Ayres. La pregunta decisiva es qué quiere ser durante el próximo siglo. Porque mientras siga siendo administrada con las ideas del pasado, continuará desperdiciando el extraordinario futuro que todavía tiene por delante.

Luis Gotte
Mar del Plata
luisgotte@gmail.com
Publicaciones:
*Buenos Ayres Humana I: la hora de tu comunidad (Ed. Fabro, 2022);
*Buenos Ayres Humana II: la hora de tus intendentes (Ed. Fabro, 2024);
*Buenos Ayres Humana III: Junín, capital de los bonaerenses (Ed. Dunken, agosto 2026)
*En preparación: Buenos Ayres Humana IV: La Revolución Bonaerense del S.XXI, las Cartas Orgánicas municipales
*La Comunidad Organizada en la Era de la IA: ni dioses ni máquinas, Amazon, 2026.