EL ARBOLADO URBANO DE BUENOS AIRES INICIÓ SU TRANSFORMACIÓN ESTACIONAL Y TIÑE CALLES, PLAZAS Y AVENIDAS CON UNA PALETA DE AMARILLOS, ROJOS Y NARANJAS. QUÉ ESPECIES PROTAGONIZAN ESTE CAMBIO Y POR QUÉ OCURRE.
Con la llegada del otoño, Buenos Aires cambia de traje y el paisaje urbano comienza a transformarse. Al caminar por sus calles y levantar la vista hacia el arbolado, la ciudad revela una nueva paleta de colores que tiñe veredas, plazas, parques y avenidas. Amarillos intensos, rojizos y marrones comienzan a aparecer en el follaje y convierten el espacios público en un escenario natural que marca el cambio de estación.
Las copas de los árboles son las grandes protagonistas de este espectáculo, un fenómeno que se vuelve visible en los barrios y que pone en escena la diversidad de especies que integran el patrimonio natural porteño.
El otoño se caracteriza casi principalmente por el fugaz cambio de color en las especies caducas, es decir, las que pierden sus hojas el inicio de los meses fríos. Este proceso está determinado por las condiciones climáticas y se conoce como senescencia foliar: es el momento en el que las hojas dejan de producir clorofila y la existente comienza a degradarse, produciendo las tonalidades amarillas, rojizas y marrones, hasta que finalmente caen.
En la ciudad de Buenos Aires, este proceso suele empezar a mediados de marzo y se extiende hasta finales de abril. Luego, al comenzar mayo, se da paso a la temporada de poda de invierno, momento en que la mayor parte del arbolado de hoja caduca ya ha perdido su follaje.
Según el último censo del arbolado público urbano, Buenos Aires cuenta con alrededor de 432.000 ejemplares arbóreos, con un 80% plantado en veredas. Dentro de esa diversidad, algunas especies se destacan especialmente durante el otoño por la intensidad de sus colores y por la forma en que anuncian el cambio de estación.
Una de las más destacadas es el fresno rojo americano (Fraxinus pennsylvanica) la especie más común del arbolado porteño. Con 138.031 ejemplares en la ciudad, presenta una coloración amarilla muy intensa, a la vez que efímera. No obstante, por su distribución se lo aprecia en todos los barrios. Se trata de la especie que inicia de forma más temprana el proceso de senescencia foliar, ya a partir de marzo.
Otro protagonista de estos meses es el ginkgo biloba o árbol de los 40 escudos, como también se lo conoce. Es, sin lugar a dudas, uno de los más llamativos, aunque en Buenos Aires hay registrados solo 748 ejemplares. Algunas de sus alineaciones más emblemáticas se encuentran junto a los cementerios de la Chacarita y Recoleta. La transformación del follaje en esta especie comienza ya entrado el otoño.

