“Mujeres que Lideran, una Red que Transforma”: la red de liderazgo en salud más grande del país se reunió por primera vez y pasó de la formación a la agenda

BAJO ESE LEMA, MÁS DE 120 MUJERES DE 22 PROVINCIAS ARGENTINAS CON PODER DE DECISIÓN EN EL SISTEMA DE SALUD, PROTAGONIZARON EL PRIMER ENCUENTRO NACIONAL PARA DAR EL SALTO DE LA FORMACIÓN A LA INCIDENCIA EN LA AGENDA PÚBLICA.

Buenos Aires fue sede, el 15 y 16 de septiembre, del primer Encuentro Nacional de Mujeres Líderes en Salud (MLS), que reunió en un mismo espacio a las tres cohortes del programa 2024, 2025 y 2026. Fue también la primera vez que las 120 integrantes de la red, de 44 instituciones y 22 de las 24 provincias del país, coincidieron cara a cara. Todas ellas trabajan en ministerios y obras sociales provinciales y nacionales y ocupan cargos donde se deciden y se implementan políticas y programas de salud. La iniciativa, de alcance federal, es impulsada desde CIPPEC con el apoyo de Roche, Astrazeneca y Novartis.

“Liderar no debería ser una experiencia que se atraviese en soledad”, dijo Carolina Casullo, directora de MLS, al abrir el encuentro. “Hay más de cien mujeres en esta sala. Y este es el primer mensaje que queremos que se lleven, no estamos solas”. Según una encuesta entre las inscriptas, el 73% resolvió un problema o accedió a una oportunidad a través de otra integrante de la red, y el 95% le atribuye a esa red un cambio concreto en su trayectoria profesional.

Casullo situó el encuentro en un momento de reescritura de las reglas del sistema sanitario. “Las reglas viejas ya no alcanzan y las nuevas todavía no están escritas. Hay un borrador abierto, y la pregunta que importa es ¿quién lo escribe? Porque alguien va a decidir cuáles son los problemas prioritarios, dónde se ponen los recursos, qué evidencia se considera, qué se mide, qué tecnología se incorpora, y también qué problemas quedan afuera”. En este marco, citó el artículo publicado en agosto por The Lancet, “La próxima arquitectura mundial de la salud no puede excluir a las mujeres” para sostener el argumento central del encuentro: “El liderazgo no es el resultado de un buen sistema. Es un insumo para construirlo”.

De ahí se desprendió el giro que la red se propuso a sí misma. “No queremos más mujeres en los espacios de decisión solamente porque sea justo. Las necesitamos ahí porque quién decide condiciona qué problemas vemos, qué preguntas hacemos y qué respuestas construimos”, afirmó Casullo; y agregó: “Ese es el salto, de la formación a la incidencia, de la red a la comunidad en acción, de compartir experiencias a construir agenda”.

Siete voces y un diagnóstico sin anestesia.

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Ese salto tomó forma en un panel de siete voces del sistema de salud, Estado provincial y nacional, seguridad social, industria farmacéutica, academia, sector privado y transformación digital, que discutió -sin anestesia- qué falla y qué pueden hacer estas mujeres que sea extraordinario para el sistema de salud.

Zulma Ortiz, médica epidemióloga y ex ministra de Salud de la provincia de Buenos Aires, recordó la primera resolución que firmó en el cargo, en enero de 2016 en la que estableció la vigilancia de la muerte materna, una política que sigue vigente diez años después. “Hay que desnaturalizar que las mujeres se puedan morir durante el embarazo, el parto o el puerperio, cuando es algo evitable”, dijo. Cerró con una pregunta que propuso instalar en cualquier gestión: “¿Cuántas mujeres quedaron cuando yo me fui?”.

María Pía Orihuela, gerente general de Roche Pharma Argentina, habló del costo humano de la brecha entre innovación y acceso: “Sabemos que hay medicinas que pueden salvar vidas y no llegan a la persona que las necesita”. Y aportó un dato que atravesó el resto del panel, según un estudio de McKinsey de 2023, los comités directivos con presencia femenina significativa registran ingresos hasta un 39% más altos que los de sus competidores con presencia mayoritariamente masculina.

Cintia Cejas, coordinadora del Centro de Implementación e Innovación en Políticas de Salud (CIIPS-IECS) y ex subsecretaria de Cobertura Universal de Salud de la Nación, trajo la estadística más dura de la jornada, los suicidios entre jóvenes de 14 a 25 años crecieron 25% en 5 años, y la mortalidad materna varía hasta 16 veces entre la provincia mejor y peor posicionada del país. “Sabemos qué hacer. La pregunta es qué decidimos, cuándo lo decidimos y qué priorizamos”, dijo, y cerró con una definición que resonó en toda la sala: “Es urgente pasar de organizaciones lideradas solo por el cerebro a organizaciones lideradas también desde el corazón”.

Daniela Mora Simões, directora de Personas del grupo OMINT y Presidenta del Directorio de DCH Argentina, contó cómo una alerta de recursos humanos se convirtió en política pública, al detectar que 50.000 enfermeras se jubilarían en 5 años, impulsó la creación del Programa Nacional de Enfermería (PRONAFE). Su mensaje al panel fue una consigna: “Mentalidad de protagonista, no de víctima”.

Analía Baum, especialista en transformación digital en salud y subjefa del Departamento de Informática en Salud del Hospital Italiano de Buenos Aires, puso una nota de alerta sobre el entusiasmo tecnológico: “La tecnología no es neutral”. Advirtió que automatizar historias clínicas de mala calidad con inteligencia artificial no resuelve el problema de fondo y que la ausencia de mujeres en las mesas donde se diseña esa tecnología es tan grave como la brecha de acceso que promete resolver.

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Andrea Uboldi, médica infectóloga y secretaria de Salud de la provincia de Santa Fe, habló desde el interior del país: “Muchas políticas se piensan en un lugar central, y nadie conoce qué pasa con el paciente y con los equipos de salud fuera de ese centro, en el territorio”. Como ministra, impulsó que la mayoría de las direcciones regionales, de áreas y de hospitales de su gestión quedaran a cargo de mujeres. Su conclusión fue una invitación a discutir lo que se da por sentado: “Cuando dicen que algo no se puede o no está escrito, la verdad es que no está escrito, es uso y costumbre, y se puede recrear”.

“Quizás una conozca profundamente un problema, otra tenga la evidencia, otra haya probado una solución, otra sepa implementarla, otra pueda abrir una puerta. Ninguna tiene todo. Pero entre todas tenemos muchísimo”, agregó.
Las participantes trabajaron sobre cinco problemáticas priorizadas, cáncer de mama, salud mental, sobrecarga del cuidado, enfermedades crónicas y género y salud, revisaron el diagnóstico, identificaron puntos de oportunidad y formularon acciones concretas a impulsar desde esta comunidad.

El cierre de las jornadas fue una serie de compromisos concretos, articular entre sectores en lugar de competir por protagonismo, crear “semilleros” regionales para descentralizar la red hacia el interior del país, y abrir sistemáticamente lugar a mujeres más jóvenes en los espacios de decisión que hoy ocupa esta generación. Ese fue, según coincidieron las participantes, el verdadero producto de la jornada no una foto de encuentro, sino el inicio de una manera distinta de trabajar juntas.