La industria argentina frente al desafío de ser cada vez más competitiva

EN EL DÍA DE LA INDUSTRIA, UNA REFLEXIÓN SOBRE PRODUCTIVIDAD, INNOVACIÓN Y ADAPTACIÓN EN UN ESCENARIO QUE OBLIGA A LAS EMPRESAS A REVISAR PERMANENTEMENTE CÓMO PRODUCEN, COMPITEN Y CRECEN.

Cada 2 de septiembre tenemos una oportunidad para mirar no solo lo que produce la Argentina, sino también cómo lo hace y qué necesita para seguir desarrollándose. Para quienes estamos al frente de una pyme productiva, esa reflexión hoy pasa inevitablemente por una palabra: competitividad.

El escenario cambió. Los márgenes son más ajustados, los canales comerciales están atravesando transformaciones, los consumidores comparan más y las empresas necesitamos revisar constantemente nuestros costos, estructuras y formas de trabajar. Frente a esa realidad, producir más ya no alcanza. El desafío ahora es hacerlo mejor, con mayor productividad y principalmente sin resignar calidad.

Esa necesidad también se refleja en el escenario industrial general. Según el INDEC, en junio de 2026 la actividad manufacturera argentina utilizó el 59,1% de su capacidad instalada. Más allá de las diferencias entre sectores, el dato muestra que todavía existe margen para aprovechar mejor los recursos disponibles y fortalecer la capacidad productiva.

Para una empresa industrial, avanzar en esa dirección exige profesionalización, incorporación de tecnología, automatización e inversión en investigación y desarrollo. La competitividad se construye, en buena medida, puertas adentro: en la capacidad de innovar, adaptarse y encontrar nuevas formas de hacer las cosas sin perder aquello que distingue al producto.

Pero ninguna actividad productiva puede pensarse de manera aislada. Clientes, distribuidores, proveedores y puntos de venta enfrentan sus propias transformaciones. Los canales comerciales están cambiando, aparecen nuevas formas de comprar y vender, y las empresas tenemos que acompañar esa evolución con mejores productos, servicios y capacidad de respuesta.

La mayor competencia internacional suma otra exigencia. Medirse con productos y compañías de otros países obliga a revisar nuestros propios estándares de calidad, precio, productividad y eficiencia, mencionados anteriormente. También demuestra que las empresas argentinas que logran desarrollar esas capacidades pueden competir más allá del mercado local. Crecer, en ese contexto, implica estar preparados para hacerlo tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

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Ser más competitivos tampoco significa dejar de invertir ni concentrarse exclusivamente en el corto plazo. Incluso en contextos complejos, una compañía necesita ampliar capacidades, mejorar operaciones, incorporar tecnología, desarrollar nuevas soluciones y capacitar a su gente. Cuando una pyme deja de hacerlo, empieza a perder terreno mucho antes de que esa pérdida aparezca en sus resultados.

Creo que ahí está uno de los principales retos para los próximos años: construir empresas capaces de adaptarse sin perder aquello que las hizo fuertes. Innovar no implica abandonar lo que funciona, sino encontrar nuevas maneras de hacerlo mejor.

En esta fecha, además de reconocer el camino recorrido, vale la pena mirar hacia adelante. Argentina tiene conocimiento, capacidad industrial, experiencia y personas preparadas para transformar materias primas en bienes con valor agregado. El desafío es convertir todo ese potencial en mayor competitividad y crecimiento sostenido.

Porque competir no debería significar producir más barato a cualquier costo. Debería significar producir mejor: con eficiencia, innovación, calidad y una mirada de largo plazo.

Por Emiliano Bonfiglio, CEO de Anclaflex, empresa argentina dedicada a la producción y comercialización de pinturas y revestimientos para la construcción.