La barra detrás del telón

DETRÁS DEL TEATRO REAL DE COPENHAGUE, EN UNA CALLE EMPEDRADA DONDE ANTES FUNCIONABAN CASAS PARTICULARES DEL SIGLO XIX, HAY UNA PUERTA QUE DA A UNA SALA PEQUEÑA, FORRADA EN TERCIOPELO ROJO, CON MIMBRE, MADERAS CÁLIDAS Y LUZ DE VELA. NO HACE FALTA RESERVA PARA ENTRAR. ADENTRO CONVIVEN VECINOS DEL BARRIO, HUÉSPEDES DE UN HOTEL BOUTIQUE Y UNA FAUNA NOCTURNA BASTANTE VARIADA, TODOS SENTADOS ALREDEDOR DE UNA BARRA QUE SIRVE CÓCTELES CON NOMBRE DE OBRA DE TEATRO. ESE LUGAR SE LLAMA TATA, Y FUNCIONA DENTRO DE HOTEL SANDERS, UNO DE LOS PROYECTOS HOTELEROS MÁS COMENTADOS DE LA CAPITAL DANESA.

El nombre del bar rinde homenaje al telón del Teatro Real vecino, esa tela roja que sube justo antes de que empiece la función. La elección no es casual, el hotel entero fue pensado por alguien que pasó buena parte de su vida detrás de ese mismo telón. Alexander Kølpin fue primer bailarín del Royal Danish Ballet, ganó en 1993 el Premio Benois de la Danse, la distinción más importante del ballet a nivel mundial, y cuando dejó los escenarios decidió aplicar esa misma sensibilidad escénica a la hotelería. Hotel Sanders abrió en 2017, y desde entonces TATA funciona como su corazón nocturno, un bar pensado, literalmente, como una pequeña sala de teatro donde el público también puede subirse al escenario.

Esa lógica narrativa se nota especialmente en la carta actual del bar, bautizada Pirouette, en referencia al giro sobre un pie que todo bailarín clásico ejecuta en algún momento de casi cualquier función. La estructura del menú respeta esa idea de coreografía, organizada en dos bloques bien diferenciados, uno inspirado en ballets y otro en óperas y obras de teatro, cada trago acompañado de su propia ficha técnica, título original, autor, año de estreno.

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Cada copa, una obra distinta
Entre los ballets aparece Don Quixote, una relectura del clásico Clover Club con ginebra de la destilería local Copenhagen Distillery, frutos rojos, oliva y cítricos, en referencia a la novela de caballerías de Cervantes publicada en 1605. Nutcracker, inspirado en el cuento de Tchaikovsky de 1816, se sirve como un cóctel de champagne con Veuve Clicquot, Jean Luc Pasquet, avellana y palo santo, de perfil redondo y con burbujas. La Bayadère toma el nombre del ballet de Marius Petipa y Sergei Khudekov estrenado en 1877, y se traduce en un lassi con amaretto bianco, calvados, manzana y vainilla. Midsummer Night’s Dream, homenaje a la comedia de Shakespeare de 1594, es la versión de la casa de un vodka soda, con pepino y espuma de limón.

El segundo bloque, dedicado a la ópera y al teatro, propone combinaciones bastante más audaces. Love for Love, en referencia a la obra de William Congreve de 1695, se sirve como una New York Minute construida con mezcal Siete Misterios, tequila reposado Calle 23, jerez y banana. Life is a Dream, inspirado en la obra homónima de Pedro Calderón de la Barca, reversiona el Milk & Money con whisky escocés, miel, té negro, tonka y crema. Dinner at Eight toma su nombre de la novela de Edna Ferber de 1932 y transforma al Cosmopolitan clásico con akvavit Jes Kølpin, el aguardiente que lleva el apellido del padre del fundador del hotel, junto a licor Cordusio, arándanos y hoja de lima kaffir. La lista suma también un Left Bank Martini clásico, con Tanqueray 10, vino de saúco y bitters, y cierra con The Beauty Part, una versión tiki del Barracuda con ron ambarino Eminente, piña, lima y eucalipto, en honor a la melodrama de S. J. Perelman estrenada en 1963.

Ese cruce constante entre coctelería y repertorio teatral no funciona como un adorno de carta, sino como una extensión directa de la filosofía que Kølpin volcó en todo el hotel. Él suele describir la experiencia de un huésped en términos casi de puesta en escena, desde la primera nota hasta la caída del telón, y en TATA esa idea se traduce en un servicio que trata cada trago como si fuera un acto dentro de una función más larga, con ritmo propio, tensión y resolución.

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El reconocimiento externo acompañó ese enfoque. Hotel Sanders integra Small Luxury Hotels of the World y la red Virtuoso, obtuvo una Llave Michelin y cuenta con la certificación ambiental Green Key, aunque la mejor prueba de su popularidad se mide, en realidad, en la fila que se forma algunas noches en la puerta. TATA abre de domingo a martes hasta la medianoche, extiende su horario hasta la una o las dos de la madrugada de miércoles a sábado, y suma en temporada una versión al aire libre en la terraza del hotel, disponible de jueves a sábado sin necesidad de reservar mesa. Ahí arriba, con el Teatro Real todavía visible a pocas cuadras, la función de Kølpin sigue en cartel, aunque el escenario haya cambiado de dirección.

El propio edificio ayuda a sostener esa narrativa. Hotel Sanders ocupa lo que originalmente fueron tres casas particulares construidas en el siglo XIX, en pleno barrio histórico, a metros del canal de Nyhavn y de sitios como el Palacio de Amalienborg o el Palacio de Christiansborg. Antes de convertirse en hotel de lujo, el mismo predio había funcionado ya como hospedaje y, durante los años setenta y ochenta, como punto de encuentro de la escena cultural de Copenhague, algo que Kølpin reivindica abiertamente al describir su proyecto como la continuación de esa tradición en una versión completamente renovada. La decoración, a cargo del estudio londinense Lind más Almond, mezcla textura colonial, mimbre y maderas oscuras con guiños directos a la trayectoria del propio fundador, incluidas obras vinculadas al movimiento, la música y el cuerpo humano.

Esa capa biográfica reaparece incluso en los ingredientes de la barra. El akvavit que lleva el nombre de Jes Kølpin, padre de Alexander y arquitecto de formación, protagoniza uno de los cócteles del menú, un detalle que funciona menos como estrategia comercial que como firma familiar dentro de la carta. Entre los frascos de vermú, los amargos y las botellas de champagne, TATA sostiene esa doble condición que define a todo el hotel, la de un espacio de lujo discreto que nunca deja de recordar, en cada rincón, que fue construido por alguien que entendió la hospitalidad como una extensión natural de subir a un escenario.por alguien que entendió la hospitalidad como una extensión natural de subir a un escenario.

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Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello