HOY LA URGENCIA ES CONTROLAR EL FUEGO Y CUIDAR LA VIDA DE LAS Y LOS POBLADORES, BRIGADISTAS Y DEMÁS PERSONAS AFECTADAS. LUEGO ES NECESARIO TRABAJAR EN LA PREVENCIÓN Y POSTERIORMENTE EN LA RESTAURACIÓN DE LAS ÁREAS QUEMADAS
Los incendios forestales vuelven a ocupar un lugar central en la agenda ambiental y social de la Argentina. El inicio de 2026 –como ocurre en casi todos los inicios de año- encuentra a la Patagonia atravesando una situación crítica, con múltiples focos activos que arrasan y amenazan ecosistemas únicos, especies nativas, comunidades locales y economías regionales. “Frente a este escenario, resulta imprescindible apoyar a los brigadistas en su esfuerzo por controlar las llamas”, indicó Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre Argentina. “Luego, una vez extintas, habrá que reforzar las acciones de prevención, fortalecer los sistemas de alerta temprana y profundizar la concientización tanto de la población local como de quienes visitan estos territorios”.
En nuestro país, la temporada de incendios varía según la región, pero durante el verano el riesgo se incrementa de manera significativa. Las altas temperaturas, la baja humedad, los vientos intensos y los períodos prolongados de escasas precipitaciones —cada vez más frecuentes como consecuencia del cambio climático— generan condiciones propicias para incendios de gran magnitud y difícil control. A estas condiciones naturales se suman las acciones humanas, como quemas para limpieza de terrenos, fogatas mal apagadas, colillas de cigarrillos y el uso irresponsable del fuego, que son las causantes de la mayoría de los incendios.
Año tras año son noticia los incendios forestales que acumulan cientos de miles de hectáreas abrazadas por el fuego. Esto ocurre a la vez que miles de bomberos voluntarios y brigadistas de todo el país luchan con templanza, y muchas veces con pocos recursos por evitar y controlar estos incendios.
“El fuego arrasa con la vegetación, la vida silvestre y las comunidades a su paso. El daño sin dudas ya es enorme, pero una vez que lo peor pase, será el momento de trabajar en la restauración de lo que se perdió. Sin dudas, ese debe ser el camino que deberemos emprender”, señaló Jaramillo.
El impacto de los incendios en la Patagonia
En la provincia de Chubut, entre los focos activos de Puerto Patriada, Epuyén, El Hoyo y áreas rurales cercanas, iniciados en los primeros días de enero, ya se registran más de 13.000 hectáreas afectadas de bosques, plantaciones, viviendas y áreas protegidas. La situación continúa siendo crítica debido a las dificultades de acceso, la crisis hídrica y las condiciones meteorológicas adversas, que favorecen la reactivación y propagación del fuego.
En varias localidades patagónicas, la expansión histórica de plantaciones forestales con especies exóticas, sin el manejo adecuado, incrementó la disponibilidad de material combustible. Esta situación, sumada a condiciones climáticas extremas, potencia la propagación de los incendios y eleva el riesgo para las poblaciones cercanas.
“El intenso y sostenido trabajo de más de 200 brigadistas y un gran número de personal de apoyo, junto con el trabajo de aviones hidrantes resulta fundamental, pero no alcanza si no se acompaña con políticas sólidas de prevención y planificación”, agregó Manuel Jaramillo.
Particular atención presentan las áreas de bosques nativos afectadas por el fuego, las cuales están protegidas por el artículo 40 de la Ley de Bosques que indica que deben ser recuperados, restaurados y mantener su categoría en el Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos de cada Jurisdicción.
“Los incendios no solo destruyen biodiversidad: también afectan viviendas, producciones y medios de vida, profundizando la vulnerabilidad de miles de personas. Acompañar a las comunidades afectadas y planificar su recuperación debe ser parte central de una respuesta integral”, afirmó Jaramillo
La importancia de la planificación y la alerta temprana
Desde 2013, Argentina cuenta con el Sistema Federal de Manejo del Fuego, creado por ley para coordinar acciones entre Nación, las provincias y la Administración de Parques Nacionales. La normativa establece la elaboración de planes de manejo del fuego y la implementación de un Sistema Nacional de Alerta Temprana. Sin embargo, la ausencia de un Plan Nacional Integral continúa siendo una deuda pendiente que limita la capacidad de anticipación y respuesta.
La emergencia climática demanda actuar de manera urgente para controlar y extinguir los incendios activos, prevenir los próximos, iniciar rápidamente los procesos de restauración necesarios para recuperar los servicios ambientales perdidos, y realizar peritajes que determinen las causas e identifiquen y sancionen fuertemente a los responsables.
Incendios, cambio climático y responsabilidad social
A nivel global, se estima que el 75% de los incendios forestales son causados por actividades humanas, ya sea de manera intencional o por negligencia. En contextos de sequía y altas temperaturas, una fogata mal apagada, una colilla de cigarrillo o una quema sin control pueden desencadenar tragedias irreversibles.
La mayor parte de los ecosistemas naturales han estado alguna vez sometidos a incendios rurales o forestales naturales, que modelaron el paisaje y fomentaron procesos evolutivos y ecológicos, generando adaptaciones y promoviendo la biodiversidad.
Pero las acciones humanas alteraron radicalmente esa dinámica natural y su balance: por un lado, la transformación de ambientes naturales reemplazándolos por ambientes productivos, lo que contribuye al aumento de la cantidad de combustible disponible y a la falta de barreras o cortafuegos naturales.
Por el otro, los efectos del calentamiento global y el cambio climático hacen más recurrentes los eventos extremos de altas temperaturas, baja humedad relativa y fuertes vientos, lo que, asociado a la oferta y continuidad de combustible mencionada previamente, genera una situación de alto riesgo que puede devenir en incendios de gran escala y difíciles de controlar.
Por eso, la concientización de residentes y turistas es fundamental. Evitar el uso del fuego, respetar las normas locales y comprender el riesgo extremo que implica cualquier descuido durante el verano es una responsabilidad compartida.
Frente a un escenario cada vez más desafiante, aún hay lugar para la esperanza. La planificación, educación, sistemas de alerta temprana eficaces y una ciudadanía comprometida, es posible reducir el impacto de los incendios y proteger los paisajes, la biodiversidad y las comunidades de la Patagonia.

