PARA MÍ ESTA NAVIDAD ES ALGO MUY ESPECIAL, ES AGRADECER A DIOS POR CADA MILAGRO RECIBIDO, QUE SON TANTOS, QUE NO ALCANZARÍA A CONTARLOS. EN LO PERSONAL, ME REGALÓ, PRINCIPALMENTE, EL MILAGRO DE LA VIDA; TAMBIÉN A GENTE QUE NO CONOCÍA Y AHORA SIENTO MUY CERCANA, PERSONAS QUE, EN CADA JORNADA, ME ENTREGAN SU CORAZÓN. ENTRE OTRAS COSAS, ELLAS ME MOSTRARON QUE LA VIDA NO DEBE SER TAN COMPLICADA, QUE SOLO ES CUESTIÓN DE VIVIRLA Y APRENDER A DISFRUTARLA. QUE ES ACEPTAR Y CELEBRAR CADA DÍA COMO SI FUERA EL ÚLTIMO, OFRECIENDO UNA BELLA SONRISA SAZONADA CON UNA PIZCA DE AMOR.
Navidad no es solo comprar turrones y sidra para brindar; es preparar el corazón para esperar el nacimiento del Niño Dios. Él nos traerá esperanza y alegría.
Soñemos con un mundo unido, aun en la adversidad, tomando conciencia de que en cada pueblo hay muchas necesidades.
Debemos valorar lo que tenemos, aunque parezca poco, sobre todo, aquellas cosas que no se compran con dinero: compartir con la familia o un buen amigo. Saber que teniendo eso uno ya puede sentirse un hombre rico, totalmente bendecido. Agradecer por los hijos, por los padres, por los nietos y por todos los seres queridos. Pedir por quienes tienen la difícil e importantísima tarea de conducir y gobernar a los pueblos para que nunca se olviden de que hay un Dios en quien pueden confiar para tomar decisiones.
Todos llevamos cargas: tristezas, enfermedades, necesidades económicas, soledad…
La Navidad es un tiempo para dejar de mirarnos y compadecernos a nosotros mismos y posar la vista sobre nuestro prójimo. Sería bonito que todos bailáramos alegres, olvidando los pesares, hombres y mujeres tomados de la mano, vestidos de blanco, simbolizando la paz en el mundo. Aún quedan esperanzas para ver un mundo mejor.
Si conocemos a alguien que esté solo y atribulado, podríamos invitarlo a nuestra mesa para que su cuerpo se nutra con los alimentos que le ofrezcamos y su alma se reconforte con el cariño que pongamos al hacerlo.
Sabemos que en todos nosotros hay un corazón de niño, y los niños deben ser sagrados, es decir que merecen mucho amor, cuidado y respeto.
Celebremos la Navidad y cuidemos también a los viejos. ¡Ellos tienen tanta historia, tantas batallas libradas…! Que se sientan queridos hasta el final de sus días.
Celebrar la Navidad es mucho más que turrones y bebidas. Es abrir el corazón ver en nuestros semejantes al mismísimo Jesús que en su mirada suplica: “¡Ámense los unos a los otros así como yo los he amado!”.
Isabel Lucrecia Martínez
Pilar, provincia de Buenos Aires. República Argentina

