LA NOCHEBUENA, MANTO DE TERCIOPELO OSCURO,
SE CIÑE A LA TIERRA, UN CUENCO DE PROMESAS.
El frío es un herrero de cristal que forja
escarcha en los tejados, mudas princesas.
Las luces del abeto son estrellas cautivas,
pequeños soles de papel que el gozo enciende.
Cada adorno, un recuerdo, ancla viva
que al puerto de la infancia suavemente nos tiende.
El turrón es arena de azúcar, dulce cimiento
sobre el cual se erige la mesa del banhelo.
La risa es cascada de plata, un movimiento
que rompe el hielo denso y nos alza hacia el cielo.
La cena, un rito de paz, pan compartido,
donde el perdón se viste de caricia sincera.
El villancico es un río de hilo dorado y antiguo,
que arrastra la esperanza hasta el corazón sediento.
Navidad, un portal que a la bondad da abrigo,
es semilla de luz germinando en el viento.
Teresa Ávila (Argentina)

