EN 1928, UN EDIFICIO DE LA VESTERBROGADE, LA AVENIDA QUE CONECTA LA ESTACIÓN CENTRAL DE COPENHAGUE CON EL BARRIO DE VESTERBRO, ABRIÓ SUS PUERTAS COMO HOTEL POR PRIMERA VEZ. DURANTE CASI UN SIGLO FUNCIONÓ COMO UNA PARADA MÁS PARA VIAJANTES DE COMERCIO Y HOMBRES DE NEGOCIOS, UN HOSPEDAJE CORRECTO Y ANÓNIMO EN UNA ZONA QUE ENTONCES TODAVÍA CARGABA CON SU FAMA DE BARRIO OBRERO. EN ABRIL DE 2023, DESPUÉS DE AÑOS DE OBRA, ESE MISMO EDIFICIO REABRIÓ CON OTRO NOMBRE Y OTRO ESPÍRITU, GRAND JOANNE, HOY PARTE DE LA CADENA NH HOTELS, Y CON UNA IDENTIDAD QUE DECIDIÓ INVERTIR POR COMPLETO LA LÓGICA ORIGINAL DEL LUGAR.
El nombre no fue elegido al azar. NH Copenhagen Grand Joanne rinde homenaje a Johanne Sophie Frederikke von Bothmer, madre del estadista danés Christian Reventlow, uno de los grandes reformistas sociales del siglo XVIII, recordado por mejorar las condiciones de vida del campesinado. Detrás de ese hombre hubo una mujer que la historia oficial apenas mencionó, y el hotel se propuso, desde el nombre mismo, corregir esa omisión. El estudio sueco Spik Studios, responsable del diseño de interiores, resumió la intención del proyecto con una idea bastante clara, alejarse del concepto tradicional de gran hotel europeo para construir, en cambio, un espacio con una sensibilidad abiertamente femenina.
Esa sensibilidad se nota en cada rincón. Los pasillos y habitaciones combinan tonos tierra y rosados, paredes de ladrillo a la vista, iluminación suave y una selección de mobiliario con curvas redondeadas, muy distinta de la rigidez que suele asociarse a los hoteles de negocios. En varias de las salas de reuniones del hotel, pensadas originalmente para el segmento corporativo, cada espacio lleva el nombre de una mujer esencial en la historia danesa. Entre ellas aparece Tove Ditlevsen, la poeta y escritora que creció a pocas cuadras del hotel y que se convirtió en una de las voces literarias más influyentes de Dinamarca en el siglo veinte, Inge Lehmann, la sismóloga que revolucionó la comprensión del interior de la Tierra al descubrir el núcleo interno del planeta, y Asta Nielsen, la actriz de cine mudo que interpretó personajes femeninos complejos y desafiantes muchísimo antes de que eso fuera habitual en la pantalla.
Ciento sesenta y dos habitaciones, un chef sin gritos y una terraza rosa
El hotel se despliega en seis pisos y suma ciento sesenta y dos habitaciones, organizadas en distintas categorías, desde la Cozy Room más compacta hasta el Penthouse Suite de las plantas superiores, cada una decorada con arte curado y pensada, según la propia filosofía de la casa, para sentirse menos como una habitación de hotel y más como la casa de alguien con buen gusto y ganas de recibir gente. Techos altos, ventanales grandes, ropa de cama de calidad y persianas que bloquean por completo la luz, un detalle nada menor durante los larguísimos días del verano escandinavo, completan una propuesta pensada tanto para el viajero de placer como para quien viaja por trabajo.
La planta baja del hotel funciona como su verdadero living social, con Joanne’s, el restaurante de cocina italiana contemporánea que lidera el chef Ricardo Oteiza. La carta propone platos como un risotto de hongos ostra azules orgánicos y de cercanía, o un tiramisú con un toque de vino marsala siciliano, y el café que se sirve en el salón proviene de Prolog Coffee, un tostador del propio barrio de Vesterbro. Oteiza suele explicar que su cocina funciona sin las jerarquías rígidas y las voces alzadas típicas de muchas cocinas profesionales, con un ambiente donde el equipo puede expresarse y discutir sin miedo, una filosofía de trabajo que el hotel identifica directamente con esa misma búsqueda de calidez y cuidado que atraviesa el resto del proyecto.
Al caer la tarde, sobre todo en primavera y verano, la vida se traslada al techo del edificio, donde funciona un bar en la sexta planta con cócteles de estación, vinos frescos y pequeños platos para picar, mientras DJs residentes musicalizan la puesta de sol, que suele teñir el cielo de Copenhague de un rosa muy parecido al que domina la paleta de colores del hotel. Ahí arriba conviven huéspedes, vecinos del barrio y esa fauna cosmopolita que hoy caracteriza a Vesterbro, transformado en las últimas décadas de barrio de clase trabajadora a uno de los polos de entretenimiento más animados de la ciudad, con el antiguo Kødbyen, la zona de mataderos, convertido en epicentro de restaurantes y vida nocturna a pocas cuadras de distancia.
Grand Joanne se define a sí mismo como un lugar donde nadie es simplemente un huésped más, sino parte de una comunidad más amplia, sin importar la nacionalidad, la profesión o el poder adquisitivo de quien cruce la puerta. Esa vocación inclusiva convive, sin contradicción, con la impronta femenina que define al proyecto, un hotel pensado por mujeres, para contar mujeres, y abierto a cualquiera que quiera sentarse a la mesa. No hace falta ir muy lejos para entender por qué la elección del barrio tampoco fue casual, a pocas cuadras de ahí, en 1910, se realizó la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras, el encuentro que sembró la idea original de lo que hoy se conoce como el Día Internacional de la Mujer.
Esa capa histórica convive, además, con el arte que cubre las paredes del hotel, firmado en buena parte por artistas mujeres locales. Durante distintas temporadas, Grand Joanne exhibió, entre otras, la obra de la pintora lituana radicada en Copenhague Lolita Pelegrime, autora de retratos íntimos de mujeres de su entorno, expuestos junto a la barra del restaurante, en el mismo salón donde por la noche se sirven margaritas rosadas y se escucha música con acento pop. Esa combinación de arte, gastronomía y música funciona como una extensión natural del concepto general del hotel, la idea de que contar la historia de las mujeres danesas no tiene por qué limitarse a una placa conmemorativa, sino que puede vivir, de manera cotidiana, en la decoración de una habitación, en el nombre de una sala de reuniones o en la lista de reproducción de una noche de viernes.
Más de un siglo después de aquella primera apertura como hospedaje para viajantes de comercio, entre risotto de hongos, cócteles rosados y salas de reunión con nombre de científica, Grand Joanne parece haber encontrado una forma bastante concreta de mantener viva esa memoria, sin solemnidad y sin discursos de más, apenas con la insistencia tranquila de poner, cada vez que puede, el nombre de una mujer donde antes solo había un espacio en blanco.
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Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello





