LAS RECOMENDACIONES EN REDES SOCIALES, LA PRESIÓN POR ALCANZAR DETERMINADOS ESTÁNDARES FÍSICOS Y LA FACILIDAD DE ACCESO IMPULSAN EL CONSUMO DE CREATINA, PROTEÍNAS, VITAMINAS Y MINERALES EN ADOLESCENTES Y JÓVENES. PERO ¿CUÁNDO ES REALMENTE NECESARIO RECURRIR A ESTOS SUPLEMENTOS Y POR QUÉ ES IMPORTANTE INFORMARSE ANTES DE CONSUMIRLOS?
El deseo de mejorar el rendimiento, la presión por alcanzar una determinada apariencia física y la necesidad de pertenecer a un grupo son algunos factores que impulsan el consumo de suplementos en adolescentes y jóvenes. Las redes sociales también refuerzan esta tendencia al mostrar cuerpos idealizados, resultados sorprendentes y recomendaciones de influencers que no siempre cuentan con respaldo científico o pueden responder a intereses comerciales. Además, la facilidad de compra online permite acceder a estos productos sin evaluar previamente si realmente son necesarios.
Ante este escenario, es importante distinguir entre una necesidad nutricional concreta y la percepción de que consumir suplementos es indispensable para entrenar, ganar masa muscular o cuidar la salud. Que un suplemento sea innecesario no significa que siempre sea peligroso, pero tampoco que sea inocuo: sus efectos dependen del producto, la dosis, las combinaciones y las características de quien lo consume.
“Existe un mensaje cultural que conviene cuestionar: el de que el cuerpo siempre necesita algo más para funcionar bien. Desde la salud, podemos ayudar a distinguir una necesidad real de una creada por el marketing, sin culpabilizar a quienes reciben esos mensajes”, sostiene la Dra. Karin Kopitowski, médica de familia y directora de la Unidad Académica de Ciencias de la Salud de la Universidad Hospital Italiano.
¿Cuándo se necesitan suplementos?
Durante la adolescencia, el cuerpo crece, desarrolla huesos, músculos y otros tejidos, y atraviesa cambios hormonales. Por eso, las necesidades nutricionales deben evaluarse de acuerdo con la edad, el momento del desarrollo, la alimentación y la actividad física. También se debe evitar que los suplementos reemplacen comidas y consultar con un profesional ante enfermedades previas o ante el uso de medicamentos.
“Antes de pensar en un suplemento, hay que revisar las bases: comer lo suficiente, tener una alimentación variada, entrenar de manera progresiva, hidratarse y descansar. Ningún polvo compensa comer poco, dormir mal o entrenar sin recuperación”, explica Kopitowski.
Los beneficios y riesgos también varían según el producto. La creatina tiene beneficios demostrados para determinados esfuerzos físicos en adultos, pero la evidencia sobre su uso y seguridad a largo plazo en menores es más limitada. Los suplementos proteicos suelen ser innecesarios cuando la alimentación cubre los requerimientos, mientras que el exceso de vitaminas y minerales puede provocar efectos adversos.
“La adolescencia, por sí sola, no es una indicación para tomar suplementos ni realizar análisis de rutina. Puede tener sentido cuando existe una carencia o una dificultad concreta para cubrir los requerimientos, pero cada caso debe evaluarse de manera individual por un profesional de la salud”, afirma la especialista.
¿Cómo pueden acompañar las familias?
En la adolescencia, es importante cuidar la relación con la comida y con el propio cuerpo. El reemplazo de comidas por batidos, el aumento progresivo de las dosis o la sensación de que no se puede entrenar sin consumir un producto pueden ser señales que den lugar a una conversación. También merecen atención la preocupación persistente por no tener suficiente músculo, las dietas muy rígidas, la angustia cuando no se puede entrenar o la necesidad de hacer ejercicio incluso estando lesionado.
Ninguna de estas señales, por sí sola, permite hacer un diagnóstico, pero puede justificar una conversación y, si persiste, una consulta profesional. El insomnio, las palpitaciones y las molestias digestivas también pueden ser efectos de algunos productos y conviene tenerlos en cuenta.
“La mejor forma de acompañar es acercarse con curiosidad y sin ridiculizar, con preguntas como ‘¿qué estás tomando?’, ‘¿qué esperás que te aporte?’ o ‘¿quién te lo recomendó?’”, sugiere Kopitowski. El objetivo es respetar la autonomía de los jóvenes y generar un espacio de confianza para reflexionar sobre sus expectativas, los plazos de desarrollo y la presión por parecerse a determinados cuerpos.
Frente a un mercado que ofrece soluciones aparentemente sencillas y rápidas, es importante cuestionar la idea de que siempre hace falta algo más para estar sano, alcanzar determinados objetivos físicos o responder a las expectativas de los demás. No se trata de asustar ni de prohibir, sino de reconocer qué necesita realmente cada persona y evitar productos, gastos y preocupaciones que no aportan bienestar.





