El arte encuentra abrigo

LECCE CULTIVA UNA RELACIÓN PROFUNDA CON LA BELLEZA, UNA BELLEZA QUE SE REVELA SIN ALARDES, FILTRADA POR LA PIEDRA DORADA Y POR UNA HISTORIA QUE HA APRENDIDO A CONVIVIR CON EL TIEMPO. EN EL CORAZÓN DE ESTA CIUDAD BARROCA, EL MUSEO FIERMONTE SE IMPONE COMO UNA EXPERIENCIA SINGULAR, UN ESPACIO DONDE EL ARTE DEJA DE SER OBJETO PARA CONVERTIRSE EN ATMÓSFERA, EN REFUGIO, EN FORMA DE VIDA. AQUÍ, LA HOSPITALIDAD SE FUNDE CON LA CREACIÓN Y LA MEMORIA SE TRANSFORMA EN GESTO CONTEMPORÁNEO.

El Museo Fiermonte surge de una historia atravesada por la intensidad del amor y de la amistad, una historia marcada por pasiones radicales y destinos truncos, capaz de atravesar generaciones. Todo comienza con Antonia Fiermonte, pintora y violinista nacida en Puglia, mujer libre, cosmopolita, habituada a los círculos intelectuales de Roma y París. Su figura se sitúa en el centro de un triángulo artístico y emocional que une a dos de los escultores más significativos de la Francia del siglo XX, René Letourneur y Jacques Zwoboda. A esa trama se suma, décadas más tarde, el gesto de sus nietos, Fouad Giacomo y Antonia Yasmina Filali, quienes decidieron devolver esta historia a su tierra de origen y transformarla en un proyecto cultural vivo.

El museo propone un recorrido inmersivo por el arte de las primeras décadas del siglo XX, a partir de la colección privada de la familia Fiermonte Filali. Esculturas de mármol y bronce, dibujos, pinturas, fotografías, cartas, libros y cuadernos se articulan en una narración que combina rigor histórico y emoción. La experiencia se ve amplificada por el uso de tecnologías contemporáneas como holografía, realidad virtual inmersiva, panoramas estereoscópicos y documentales en tres dimensiones, que permiten una aproximación sensorial y empática a las obras y a las vidas que las produjeron.

Jacques Zwoboda y René Letourneur encarnan dos recorridos complementarios dentro de la escultura moderna. Zwoboda inició su camino en la figuración histórica para avanzar hacia una abstracción cada vez más depurada, mientras Letourneur desarrolló una obra reconocida por sus encargos públicos durante el período de reconstrucción posterior a la guerra, con figuras monumentales, sensuales y provocativas. Ambos se conocieron en la École des Beaux Arts de París, donde comenzaron una amistad que se consolidó a lo largo de los años.

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El punto de inflexión en sus trayectorias llegó con el concurso internacional convocado en 1929 por el gobierno ecuatoriano para la realización de un monumento a Simón Bolívar en Quito. El proyecto, apoyado por Aristide Maillol, presidente del jurado, selló una colaboración decisiva. Tras ganar el concurso, los escultores establecieron sus talleres en Fontenay aux Roses, donde también se instalaron con sus familias. Cada uno había recibido ya importantes reconocimientos, Letourneur con una medalla en el Salon des Artistes Français y Zwoboda con la medalla de oro en la Exposición Internacional de Artes Industriales y Decorativas Modernas, pero la obra de Bolívar consolidó definitivamente sus carreras.

Habitar la creación
En ese universo creativo, Antonia Fiermonte ocupó un lugar central. Pintora de sensibilidad refinada y violinista apasionada, fue musa, compañera y detonante artístico. Tras mudarse a Roma con su familia, conoció a René Letourneur mientras trabajaba como modelo en Villa Medici. El vínculo fue inmediato y la llevó a París, donde se casaron y nació su hija Anne. La convivencia con Jacques Zwoboda, amigo y colaborador de Letourneur, dio origen a una relación afectiva compleja, intensa y dolorosa. Zwoboda se enamoró profundamente de Antonia y expresó ese amor a través de innumerables cartas y obras que aún hoy conmueven por su carga emocional.

Después de años de tensión compartida, Antonia decidió seguir su vínculo con Jacques, quien había reavivado su impulso creativo. Ese nuevo comienzo fue abruptamente interrumpido por su muerte prematura a los cuarenta y dos años, durante una estadía en Roma. La pérdida marcó definitivamente a Zwoboda, quien consagró el resto de su vida a celebrar ese amor a través del arte. Dibujos, retratos, bustos y esculturas reiteran la presencia de Antonia como un gesto de permanencia. Zwoboda construyó para ella un mausoleo en el cementerio de Mentana, cumpliendo su deseo de reposar lejos de la ciudad, rodeada de silencio y luz. Letourneur, formado clásicamente en la Academia Francesa de Roma, continuó esculpiendo figuras poderosas y desnudos que conservan la huella de Antonia en su fuerza expresiva.

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El Museo Fiermonte traduce esta historia en una experiencia vital. No se limita a exhibir obras, propone una forma de habitar el arte. El espacio funciona también como taller, como residencia artística, como sede de eventos privados y encuentros culturales. La idea de museo se expande hacia una noción doméstica y creativa, donde el visitante participa activamente del relato.

Cuatro suites temáticas integran esta propuesta de hotel museo. Cada una está concebida como una inmersión sensorial en una disciplina artística. La Suite Nocturno celebra la música, evocando la figura de Antonia como violinista y la de Zwoboda como violonchelista. La Suite Peplum se vincula con el cine y con la figura de Enzo Fiermonte, hermano de Antonia, boxeador y actor de vida cinematográfica. La Suite Avant Garde está dedicada a la pintura, a la experimentación cromática y al gesto creativo de Antonia Fiermonte. La Suite Mármol rinde homenaje a la escultura, a la relación física con la materia, al trabajo paciente del mármol y el bronce.

Cada suite posee una identidad cromática precisa que refuerza su carácter. El azul lapislázuli envuelve la Suite Nocturno, el rojo pompeyano domina la Peplum, el verde esmeralda define la Avant Garde y el verde polvo caracteriza la Suite Mármol. Alojarse en ellas implica acceder al museo fuera del horario habitual, recorrer las salas en silencio, experimentar el arte de manera íntima y directa. Pintar, modelar arcilla, generar sonidos o imágenes se convierte en parte de la estadía.

El Museo Fiermonte se afirma así como un puente entre épocas, lenguajes y sensibilidades. Es un lugar donde el arte se vive, se comparte y se transforma, donde la hospitalidad adopta la forma de una experiencia cultural profunda. En la Lecce barroca, este espacio ofrece una oportunidad única para viajeros atentos, amantes de la belleza y espíritus creativos que buscan una relación auténtica con el arte y con las historias humanas que lo hacen perdurar.

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Para organizar visitas guiadas a las iglesias y monumentos de Lecce, toda la información actualizada y los servicios disponibles pueden consultarse en los sitios oficiales de Artwork Cultura y Chiese di Lecce.

Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello