EL HOSPICE BUEN SAMARITANO ACOMPAÑA DE FORMA GRATUITA A PERSONAS QUE ATRAVIESAN LA ÚLTIMA ETAPA DE ENFERMEDADES AVANZADAS, Y A SUS FAMILIAS, Y CONCIENTIZA ACERCA DE QUE LOS CUIDADOS PALIATIVOS NO SON EL FIN DEL TRATAMIENTO, SINO QUE COMIENZAN CUANDO AÚN QUEDA MUCHO POR HACER.
Cada segundo sábado de octubre se conmemora en todo el mundo el Día del Hospice y los Cuidados Paliativos. La fecha suele pasar desapercibida, en parte porque aún persiste una idea errónea en la sociedad: que los cuidados paliativos empiezan cuando “ya no hay nada más para hacer” por una persona. Pero los cuidados paliativos se proponen transformar esa etapa de la vida al seguir cuidando, llevando alivio al dolor y atendiendo necesidades físicas, emocionales, sociales y espirituales de cada persona hasta el último día.
En Argentina, sólo 1 de cada 10 personas que necesitan cuidados paliativos accede a ellos, según estima el Dr. Matías Najún, fundador del Hospice Buen Samaritano. “Los paliativistas no acompañamos al paciente a morir, sino a vivir hasta el final, aliviando su sufrimiento y el de sus seres queridos”, explica Najún.
En principio, ese acceso está contemplado, a nivel normativo, por la Ley Nacional 27.678, sancionada en 2022 y reglamentada en 2023, que busca garantizar prestaciones integrales de cuidados paliativos tanto en el sistema público como en el privado y de seguridad social.
De todos modos, es tanta la necesidad, particularmente para aquellos que están fuera del sistema de salud, sin cobertura médica, que en los últimos años ha crecido en Argentina el Movimiento Hospice, una filosofía de cuidado profesional, pero también cálido y humano, para quienes no cuentan con recursos económicos para acceder a la atención que necesitan.
Con sede en Pilar, el Hospice Buen Samaritano es una asociación civil constituida en 2008 que brinda de forma completamente gratuita un cuidado humanizado y profesional a personas que atraviesan la última etapa de una enfermedad grave e incurable y se encuentran en situación de vulnerabilidad socioeconómica. Su equipo interdisciplinario de profesionales de la salud trabaja junto a una red de 160 voluntarios.
El cuidado del Hospice Buen Samaritano se despliega en tres modalidades. En la Casa de Pilar recibe a sus “huéspedes”, a quienes aloja y acompaña en un clima de hogar, con contención también para sus familias. Para ampliar su alcance, desarrolló el formato de Hospice Hospitalario, instalando consultorios dos veces por semana en el Hospital Sanguinetti de Pilar y en el Hospital San Miguel Arcángel de San Miguel.
Por último, con el modelo Hospice Misionero, enfermeras y voluntarios visitan los domicilios de los pacientes que no pueden trasladarse al hospital y/o que prefieren pasar esa última etapa en su casa, con sus afectos, en lugar de ir al Hospice. En cada visita, se controlan síntomas, se hace seguimiento de la medicación y se orienta a las familias.
Los números de 2025 dan una dimensión del alcance de ese trabajo: más de 4.400 intervenciones totales entre lo médico, la psicología, el trabajo social y el voluntariado (de las cuales más de 2.700 fueron intervenciones médicas o de enfermería), 339 nuevos huéspedes y pacientes acompañados en hospital y domicilio, y más de 13.500 kilómetros recorridos con el móvil sanitario brindando atención. Desde que empezó a alojar huéspedes en 2009, ya ha acompañado en el final de la vida a más de 700 personas en la Casa.
Pero estos datos son apenas una parte de la historia. El trabajo del Hospice no se limita a lo médico: incluye el acompañamiento emocional y espiritual de cada persona y su familia, y se sostiene con el trabajo de un equipo de voluntarios que multiplica el alcance de la organización.
Es el caso de Yanet. Llegó al Hospice en julio, después de pasar un tiempo internada en el hospital: tenía apenas 20 años, pero con muchas vivencias para compartir. Estaba muy frágil, le costaba caminar y por momentos le faltaba el aire. Sin embargo, había algo que le devolvía la sonrisa y parecía frenar el paso de su fragilidad: la cocina. Ahí encontraba alegría, enseñaba recetas, encontraba felicidad. Así pasaron algunas semanas entre pasta casera, fideos y scones de queso, que convirtieron ese tiempo de fragilidad en momentos de felicidad vividos hasta el final.
“El ser humano va mucho más allá de una enfermedad incurable”, resume el Dr. Najún. Es la misma idea detrás del lema que el Hospice adoptó para 2026, “Detenerse para amar”: no se trata solo de resolver necesidades médicas, sino de ofrecer tiempo, estar presentes y acompañar en un momento de la vida tan difícil como trascendente.





