EN EL MARCO DEL DÍA MUNDIAL DE LA RETINA, QUE SE CELEBRA EL PRÓXIMO 27 DE SEPTIEMBRE, LOS ESPECIALISTAS HACEN UN LLAMADO DE ATENCIÓN SOBRE LAS PATOLOGÍAS VISUALES QUE IMPACTAN GRAVEMENTE EN LA CALIDAD DE VIDA DE LOS ADULTOS MAYORES. ENTRE LAS MÁS FRECUENTES SE ENCUENTRA EL AGUJERO MACULAR, UNA ENFERMEDAD DE LA RETINA QUE, SEGÚN ESTIMACIONES EPIDEMIOLÓGICAS INTERNACIONALES APLICADAS A LA POBLACIÓN NACIONAL, AFECTARÍA A MÁS DE 20.000 PERSONAS EN LA ARGENTINA (3 DE CADA 1.000 ADULTOS MAYORES DE 60 AÑOS).
Para comprender esta patología, es válida una analogía sencilla. “Imaginemos el ojo como si fuera una cámara de fotos. En la parte anterior están los lentes y, en la parte posterior, la retina funciona como la película fotográfica. La mácula es la zona central de esa película y se encarga de la visión de alta definición: leer, ver colores y reconocer las caras de las personas. El resto de la retina da la visión periférica y nocturna”, explica el doctor Mauricio Asulay (MP 231145), médico especialista en Oftalmología y codirector de la Sección Retina y Vítreo del Hospital Universitario Austral.
Un agujero macular es, literalmente, un defecto en el centro de la retina. Se produce cuando el tejido gelatinoso que rellena el ojo (humor vítreo) y la membrana limitante interna (parte más superficial de la retina) ejercen una tracción sobre la mácula hasta abrirla en forma de agujero. El síntoma determinante es la caída severa de la agudeza visual central.
“Muchos pacientes no se dan cuenta de que tienen la patología hasta que, por algún motivo accidental, como al renovar el registro de conducir, o durante un examen médico para los anteojos, se tapan el ojo sano. El cerebro tiende a adaptarse y a compensar la visión con el ojo que ve bien. Por eso, una recomendación práctica y preventiva es taparse un ojo y luego el otro periódicamente para comprobar que vemos de manera pareja”, señala el doctor Asulay.
Al perderse la visión central de alta definición y la percepción de profundidad, quienes padecen esta patología experimentan dificultades concretas en su día a día:
· tropezones y caídas, por errores de cálculo al bajar escalones;
· torpeza como tumbar vasos u objetos al intentar agarrarlos por calcular mal la distancia, y
· pérdida de autonomía, como inseguridad para conducir o imposibilidad de leer.
En casos excepcionales en los que ambos ojos se ven afectados, la condición puede resultar severamente invalidante. La falta de diagnóstico y la demora en el tratamiento disminuyen las posibilidades de una recuperación óptima. No obstante, los especialistas enfatizan que la patología tiene solución en la gran mayoría de los casos mediante una intervención quirúrgica denominada vitrectomía. Durante la operación, se remueve el tejido vítreo y las membranas que traccionan la retina. Posteriormente, se introduce un gas dentro del globo ocular para favorecer su cierre.
“Aunque no siempre se recupera el 100% de la visión previa, la cirugía permite una mejoría muy significativa en la mayoría de los pacientes y casi siempre vale la pena realizarla. El pronóstico dependerá principalmente de la antigüedad y del tamaño del agujero: cuanto antes se intervenga, mejores serán los resultados”, aclara el especialista del Hospital Universitario Austral.
Con motivo del Día Mundial de la Retina, la comunidad médica insiste en la importancia de los controles oftalmológicos periódicos, fundamentales para detectar a tiempo patologías asintomáticas o compensadas por el organismo y evitar la pérdida progresiva de la visión.





