Día de las Infancias: los clubes de barrio son mucho más que un lugar para hacer deporte

AUNQUE LA CUOTA PROMEDIO DE UN CLUB SOCIAL ALCANZA LOS $23.000 MENSUALES, LAS FAMILIAS CONTINÚAN APOSTANDO POR ESTOS ESPACIOS, CONVENCIDAS DE QUE EL VERDADERO VALOR NO ESTÁ SOLO EN LA ACTIVIDAD DEPORTIVA, SINO EN EL ROL QUE CUMPLEN EN LA FORMACIÓN, LA INCLUSIÓN Y LA CONSTRUCCIÓN DE COMUNIDAD.

Con la llegada del Día de las Infancias, los juguetes vuelven a ocupar las vidrieras y las listas de regalos. Sin embargo, para miles de familias argentinas hay una inversión que trasciende cualquier obsequio y que se renueva todos los meses: mantener a sus hijos en el club del barrio.

La Ley Nacional 27.098 reconoce a los clubes de barrio y de pueblo como instituciones fundamentales para la inclusión social, la promoción del deporte y el fortalecimiento de las comunidades.

Fútbol, básquet, hockey, patín, vóley, natación o gimnasia: detrás de cada entrenamiento hay mucho más que ya que los clubes son espacios donde niños y adolescentes hacen amigos, aprenden a trabajar en equipo, incorporan hábitos saludables y construyen un sentido de pertenencia que muchas veces los acompaña durante toda la vida.

Según el Relevamiento Nacional de Clubes y Entidades Deportivas, realizado por la Federación del Deporte Universitario Argentino (FeDUA) junto con universidades nacionales, en Argentina funcionan aproximadamente 12.000 clubes de barrio, administrados en su mayoría por asociaciones civiles sin fines de lucro.

Particularmente en el AMBA hay más de 3.100 clubes y casi siete de cada diez no están afiliados a federaciones deportivas, un escenario que complica su formalización.

“Cuando una familia hace el esfuerzo de pagar la cuota de un club no solamente está financiando una actividad deportiva. Está apostando por un lugar donde los chicos aprenden a compartir, respetar reglas, hacer amigos y formar parte de una comunidad. Es una inversión en su desarrollo”, afirma Danilo Luján, cofundador de CuotaQ.

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Los clubes cumplen un rol que excede ampliamente la práctica deportiva. Son espacios de integración donde participan chicos, familias, profesores y voluntarios que sostienen diariamente la vida comunitaria.

Diversos estudios muestran que la práctica deportiva durante la infancia favorece el desarrollo físico, emocional y social, además de fortalecer la autoestima, la autonomía y el trabajo en equipo.

Para muchas familias, el club también representa un ámbito de contención después de la escuela y una alternativa saludable frente al creciente tiempo que los chicos pasan frente a las pantallas.

La cuota promedio de un club social en Argentina ronda los $23.000 mensuales. Sin embargo, existe una fuerte dispersión, no por el tamaño del club sino la actividad: mientras algunos clubes de barrio cobran alrededor de $2.000 por mes, entidades como clubes náuticos o de aviación pueden superar los $80.000.

Pero mientras las familias hacen el esfuerzo de mantener la cuota, los clubes también enfrentan una realidad cada vez más compleja.

El aumento de los costos de funcionamiento y la necesidad de cumplir con requisitos administrativos para acceder y mantener distintos beneficios estatales obligan a muchas instituciones a profesionalizar su gestión.

De hecho, una gran parte de los clubes deberá acreditar documentación actualizada, registros ordenados y procesos administrativos transparentes para continuar accediendo a subsidios que ayudan a equilibrar sus finanzas.

El desafío no es menor. Según estimaciones del sector, alrededor del 90% de las organizaciones sin fines de lucro todavía no cuenta con procesos de gestión totalmente digitalizados, mientras que muchas siguen administrando socios, cuotas y documentación mediante planillas manuales o incluso cuadernos.

“La mayoría de los clubes todavía trabaja con sistemas de cobro tradicionales que consumen mucho tiempo y generan ineficiencias. No es un problema de voluntad sino de herramientas. Son instituciones sostenidas por dirigentes y voluntarios que muchas veces hacen un enorme esfuerzo para mantenerlas funcionando”, explica Luján.

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La transformación digital dejó de ser una cuestión tecnológica para convertirse en una necesidad de gestión. Automatizar el cobro de cuotas, centralizar la información de los socios, contar con reportes y ofrecer distintos medios de pago permite mejorar la recaudación, reducir la morosidad y facilitar el cumplimiento de los requisitos administrativos que hoy enfrentan estas instituciones.

Desde CuotaQ aseguran que los clubes que incorporaron herramientas digitales lograron incrementar en promedio un 30% su recaudación, además de ordenar sus finanzas y reducir significativamente el tiempo destinado a tareas administrativas.

“Muchos creen que digitalizarse implica grandes inversiones, cuando en realidad existen plataformas muy simples que permiten comenzar en pocos días. Cuando un club deja de perseguir cuotas impagas y empieza a dedicar ese tiempo a sus socios, el cambio es enorme”, señala Diego Tonietti, cofundador de CuotaQ.

En un contexto donde cada peso cuenta, miles de familias siguen considerando que el club vale el esfuerzo porque allí los chicos aprenden a ganar y perder, hacen sus primeros amigos fuera de la escuela, encuentran referentes adultos y construyen recuerdos que los acompañarán toda la vida.

Y para que esos espacios sigan existiendo, no alcanza solamente con la voluntad de quienes los sostienen: también necesitan herramientas que les permitan administrar mejor sus recursos y garantizar su continuidad.