Cuidados paliativos y hospice: cinco dudas frecuentes para entender qué son y en qué se diferencian

AUNQUE SUELEN CONFUNDIRSE O ASOCIARSE EXCLUSIVAMENTE CON LOS ÚLTIMOS DÍAS DE VIDA, LOS CUIDADOS PALIATIVOS Y EL HOSPICE TIENEN OBJETIVOS Y ALCANCES DIFERENTES.

Durante octubre se conmemora el Día Mundial de los Hospicios y los Cuidados Paliativos, una fecha que invita a reflexionar sobre la importancia de estos abordajes y a promover una mayor comprensión de sus alcances. Todavía existen dudas y confusiones en torno a estas prácticas: muchas personas creen que se refieren exclusivamente a la atención en los últimos días de vida o que implican dejar de recibir tratamientos. Sin embargo, los cuidados paliativos y la atención hospice tienen objetivos y alcances diferentes, aunque ambos buscan aliviar el sufrimiento y mejorar la calidad de vida de los pacientes y sus familias.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 56,8 millones de personas necesitan cuidados paliativos cada año en el mundo y sólo cerca del 14% accede a ellos. Además, las enfermedades cardiovasculares representan el 38,5% de las necesidades de cuidados paliativos en adultos, mientras que el cáncer concentra el 34%. Estas cifras ayudan a dimensionar la importancia de esta atención y a comprender por qué no debe asociarse exclusivamente con las enfermedades oncológicas.

1. ¿El hospice es lo mismo que los cuidados paliativos?

“Los cuidados paliativos son un paraguas amplio que busca aliviar el sufrimiento desde el momento del diagnóstico de una enfermedad grave, incluso mientras se realizan tratamientos curativos”, explica el Dr. Sebastián Figueroa Dunn, director médico del Centro Los Pinos, institución que ofrece hospice, rehabilitación y hogar para personas mayores.

Dentro de este universo se encuentra el hospice, aunque ambos conceptos no son sinónimos. “El hospice se activa cuando la enfermedad ya no responde a tratamientos curativos y el foco pasa a ser el confort, la dignidad y la calidad de vida en la etapa final”, explica el especialista.

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Aunque están estrechamente relacionados, no son equivalentes. En palabras del especialista: “todo hospice incluye cuidados paliativos, pero no todos los cuidados paliativos son hospice”.

2. ¿Los cuidados paliativos son solamente para los últimos días de vida?

No. Los cuidados paliativos pueden comenzar desde el diagnóstico de una enfermedad grave y acompañar al paciente durante su evolución, incluso mientras recibe tratamientos destinados a curar o controlar la enfermedad. Su objetivo es aliviar el sufrimiento y atender las necesidades físicas, psicológicas, sociales y espirituales de la persona y su entorno.

Cuando se integran a tiempo, el impacto puede ser concreto: “el paciente duerme mejor, tiene menos dolor y menos ansiedad, y muchas veces incluso vive más tiempo”, señala Figueroa Dunn.

3. ¿Significa que ya no hay nada más por hacer?

No. Tanto los cuidados paliativos como el hospice buscan aliviar síntomas, atender las necesidades emocionales y acompañar a la persona y a su familia. Que el objetivo ya no sea curar una enfermedad no significa dejar de cuidar.

En la etapa final de la vida, el hospice busca que la persona pueda transitar ese momento en un entorno cuidado, con los síntomas controlados, acompañada por sus seres queridos y sin intervenciones invasivas innecesarias.

Lejos de ciertos mitos, ninguno de estos enfoques acelera la muerte ni implica “dejar de hacer”. Por el contrario, buscan mejorar la calidad de vida en todas sus dimensiones: física, emocional y espiritual.

4. ¿Son solamente para personas con cáncer?

No. Los cuidados paliativos pueden indicarse ante distintas enfermedades graves, crónicas o potencialmente mortales, entre ellas la insuficiencia cardíaca, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), las demencias y la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

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Las cifras de la OMS refuerzan esta idea: las enfermedades cardiovasculares representan una proporción importante de las necesidades de cuidados paliativos en adultos, por encima del cáncer.

También persisten ideas equivocadas sobre el uso de medicamentos como la morfina. Su indicación, bajo supervisión profesional y con dosis adecuadas, tiene como objetivo aliviar el dolor y otros síntomas, no acelerar el final de la vida.

“Romper estos mitos es parte del trabajo diario”, afirma Figueroa Dunn.

5. ¿La atención también incluye a la familia?

Sí. El acompañamiento familiar es una parte central de estos abordajes. Además del apoyo emocional y espiritual, los equipos pueden ayudar a transitar decisiones difíciles, facilitar conversaciones pendientes y acompañar los procesos de duelo.

“La calidad de vida en el final está profundamente condicionada por el entorno y por las interacciones entre la persona y sus vínculos. Así como el paciente atraviesa distintas etapas, la familia también lo hace, y es clave trabajar con ella desde el inicio”, explica Viviana Bilezker, presidenta de la Asociación El Faro e integrante del equipo asistencial del Hospice del Centro Los Pinos.

En el hospice, este acompañamiento también puede incluir la preparación para la despedida, los duelos anticipados y las conversaciones que ayudan a transitar el final de la vida de una manera más consciente y acompañada.

Conocer las diferencias entre cuidados paliativos y hospice permite comprender qué alternativas existen y cuándo recurrir a ellas. Hablar de estos abordajes también ayuda a dejar atrás los prejuicios que todavía los rodean y a entender que, aun cuando una enfermedad no puede curarse, es posible aliviar el sufrimiento, respetar los deseos de cada persona y acompañar tanto al paciente como a su familia.