HAY UN MITO MUY INSTALADO: QUE CUANTO MÁS PERFUME NOS PONEMOS, MÁS VA A DURAR. SIN EMBARGO, LA PERMANENCIA DE UNA FRAGANCIA NO DEPENDE TANTO DE LA CANTIDAD, SINO MÁS DE LA PREPARACIÓN DE LA PIEL Y DE LA FORMA EN QUE LA APLICAMOS.
Estos son algunos hábitos simples que realmente hacen la diferencia.
La piel limpia es el mejor punto de partida
Siempre es preferible aplicar el perfume después del baño, cuando la piel está limpia y libre de restos de sudor, protector solar o productos que puedan alterar el aroma. En ese momento la fragancia se desarrolla de manera más fiel y uniforme.
La hidratación es la clave
Una piel hidratada retiene mejor las moléculas aromáticas que una piel seca. Cuando la piel está deshidratada, el perfume tiende a evaporarse con mayor rapidez.
Por eso, antes de perfumarte, aplicá una crema hidratante. Si existe la loción corporal de la misma línea de tu perfume, es una excelente opción porque potencia el aroma sin modificarlo. Si no, elegí una crema neutra o sin perfume para evitar que compita con la fragancia, pero si lo que queres es hacer “layering” (perfumar en capas )podes combinar fragancias diferentes que compartan algunas notas olfativas.
Este simple paso puede prolongar notablemente la duración del perfume.
Aunque muchas veces no lo relacionamos, mantener una buena hidratación diaria también favorece el estado de la piel. Una piel sana, flexible y bien hidratada ofrece mejores condiciones para que la fragancia permanezca durante más tiempo.
Aplicá el perfume sobre la piel, no solo sobre la ropa
La piel aporta temperatura, y esa temperatura permite que el perfume evolucione mostrando sus distintas etapas: salida, corazón y fondo.
La ropa puede ayudar a prolongar el aroma, especialmente en tejidos naturales, pero conviene hacerlo con cuidado porque algunas fragancias pueden manchar telas delicadas o dejar residuos, especialmente las de color ámbar o intenso.
Elegí bien los puntos de aplicación
No hace falta cubrir todo el cuerpo. Con algunas atomizaciones en zonas donde la piel conserva algo más de temperatura suele ser suficiente: cuello, detrás de las orejas, parte superior del pecho o la cara interna de los antebrazos son excelentes opciones.
Cuando atomices el perfume , hacelo a una distancia aprox de 10 cm de la piel o ropa, para que la bruma se distribuya bien y cubra una mayor superficie.
La idea no es crear una nube de perfume, sino generar una estela agradable que acompañe nuestros movimientos.
No frotes las muñecas
Es uno de los errores más frecuentes. Después de aplicar el perfume, muchas personas frotan una muñeca contra la otra. Ese gesto genera fricción y calor, lo que acelera la evaporación de las notas más volátiles(que en general son las notas cítricas que suelen estar en la salida) y puede modificar la evolución natural de la fragancia.
Lo mejor es dejar que el perfume se seque solo.
Elegí la concentración adecuada
No todos los perfumes tienen la misma concentración de aceites aromáticos. En líneas generales, un Eau de Parfum suele ofrecer mayor duración que un Eau de Toilette o un body mist, aunque la fórmula y las materias primas también influyen: una fragancia cítrica o acuática tiene menor duración que una amaderada, oriental o gourmand.
La cantidad ideal es la que te hace sentir bien.
En perfumería no hay reglas absolutas. Algunas personas prefieren una estela apenas perceptible y otras disfrutan de fragancias con mayor presencia. Ambas opciones son válidas. La cantidad ideal es, simplemente, la que te haga sentir cómoda. El objetivo de estos consejos no es limitar cómo te perfumás, sino ayudarte a que tu fragancia te acompañe durante más tiempo.
Por Sole Nardo, Médica y Creadora de contenido especializada en perfumería y comunicación olfativa @solenardoscents






