LA COMPAÑÍA PRESENTA UN NUEVO DISEÑO MINIMALISTA Y FLEXIBLE QUE UNIFICA TODAS SUS LÍNEAS DE PRODUCTO Y CONVIERTE AL PACKAGING EN PARTE CENTRAL DE LA EXPERIENCIA. LA RENOVACIÓN ACOMPAÑA EL PROCESO DE EVOLUCIÓN QUE LA MARCA VIENE IMPULSANDO DESDE HACE AÑOS EN TECNOLOGÍA, RETAIL Y EXPERIENCIA DE USUARIO.
Como parte de un proceso de transformación que la compañía viene desarrollando en los últimos años, Bigbox presenta el rediseño integral de su packaging, una actualización estratégica que busca alinear el producto físico con la evolución actual de la marca.
Desde su último diseño en 2017, Bigbox amplió su portfolio de experiencias, lanzó una nueva plataforma digital, fortaleció su tecnología, renovó sus puntos de venta y optimizó distintos procesos vinculados a la experiencia de compra. Ahora, esa evolución también llega a uno de sus activos más emblemáticos: la box.
“El packaging sigue siendo uno de los principales puntos de contacto con nuestros consumidores y tenía que representar la marca que somos hoy. Este rediseño no responde solamente a una búsqueda estética, sino a una mejora integral de experiencia, tecnología, funcionalidad y consistencia entre todos nuestros canales”, explica Juliana Souza, Gerente de Branding & Comunicación de Bigbox.
Actualmente, Bigbox cuenta con 12 puntos de venta y el formato físico continúa representando un porcentaje significativo de su operación, concentrando alrededor del 36% de las ventas totales de la compañía. Según explican desde la marca, si bien el canal digital continúa creciendo, existe un comportamiento muy consolidado alrededor del regalo físico.
“Todavía hay muchas personas que valoran acercarse al punto de venta, hacer consultas en el momento y llevarse un regalo físico para entregar. En categorías como experiencias, el packaging también forma parte de la emoción y de la experiencia de compra. Por eso buscamos que este nuevo sistema fuera más flexible, más personalizable y mucho más representativo de lo que significa regalar hoy”, agrega Souza.
El nuevo concepto creativo parte de un insight simple: “Un mismo objeto. Mil combinaciones”. Bajo esa idea, Bigbox desarrolló un sistema vivo de packaging, pensado no como una pieza única sino como un formato adaptable a distintos perfiles, ocasiones y estilos de regalo.
La nueva propuesta unifica las boxes bajo un diseño único, minimalista y contemporáneo, mientras que las fundas externas pasan a tener menos motivos gráficos pero una lógica mucho más eficiente y combinable. De esta manera, los usuarios pueden elegir la funda que mejor represente a quien recibe el regalo o el tipo de experiencia que quieren transmitir.
Además, el rediseño incorpora mejoras funcionales: la clásica tarjeta plástica deja de existir como elemento separado y el acceso al contenido pasa a estar completamente integrado dentro de la experiencia de apertura.
Como diferencial, cada Bigbox incluirá un díptico con código QR que dará acceso a stickers coleccionables y playlists curadas en Spotify según distintos moods y momentos de disfrute. En el segmento corporativo, este ecosistema también podrá personalizarse con el look & feel de cada compañía cliente, adaptando tanto la experiencia visual como los contenidos.
La actualización busca consolidar una identidad coherente entre el universo físico y digital de Bigbox, manteniendo el foco en el diseño, la experiencia y el componente emocional del regalo.
“Queríamos que la box volviera a sentirse especial. Que quien la reciba entienda que adentro no hay solamente un objeto, sino una posibilidad esperando ser vivida”, concluye la ejecutiva.





