MI PRIMA ANGÉLICA ERA AMANTE DE LOS ANIMALES. UN DÍA, DECIDIÓ ADOPTAR A UNA PEQUEÑA GATITA QUE HABÍA ENCONTRADO ABANDONADA EN LA CALLE. LA GATITA, A LA QUE LLAMÓ MICHI, ERA DE UN SUAVE COLOR GRIS Y TENÍA UNOS OJOS AMARILLOS QUE BRILLABAN COMO ESTRELLAS. DESDE EL PRIMER MOMENTO, AMBAS FORMARON UN VÍNCULO ESPECIAL, Y LA GATITA SE CONVIRTIÓ EN LA COMPAÑERA INSEPARABLE DE MI PRIMA.
Con el paso del tiempo, Michi creció y se convirtió en una hermosa gata. Sin embargo, un día, Angélica notó que Michi estaba más inquieta de lo habitual. Después de observarla durante unos días, se dio cuenta de que su querida gatita estaba embarazada. Angélica se sintió emocionada y un poco nerviosa, ya que no sabía qué esperar de la maternidad de Michi.
Finalmente, llegó el día en que Michi comenzó a tener contracciones. Angélica, llena de ansiedad y emoción, la acompañó mientras la gata buscaba un lugar seguro para dar a luz. Michi, instintivamente, se metió en un nido de gallinas que había en el corral de la casa. Angélica, aunque preocupada por la elección del lugar, decidió dejar que Michi hiciera lo que su instinto le dictaba.
Esa noche, Michi dió a luz a cuatro adorables gatitos. Eran pequeños y frágiles, Michi los cuidó con ternura, lamiéndolos y acurrucándolos bajo su suave cuerpo. Angélica pasaba horas observando a su gata y a sus crías, sintiendo una inmensa felicidad al ver como la familia de Michi crecía.
Sin embargo, la felicidad no duró mucho. Una noche, mientras Angélica dormía, un grupo de perros callejeros llegó al corral. Los ladridos y los aullidos rompieron la tranquilidad de la noche. Michi, al escuchar el alboroto, salió corriendo a proteger a sus gatitos, pero los perros eran demasiado agresivos. En un instante trágico, tres de los cuatro gatitos fueron atacados y no sobrevivieron. Solo quedó uno, una pequeña y valiente gatita que se aferró a la vida con todas sus fuerzas a la que Angélica le puso el nombre de Michita.
La tristeza invadió a Michi. Había perdido a sus pequeños, y su corazón estaba roto. Angélica Intentó consolar a Michi, acariciándola y hablándole con dulzura, pero la gata parecía sumida en una profunda tristeza. A pesar de su dolor, Michi continuó cuidando de su única gatita Michita en honor a la luz que aún brillaba en su vida. Michi nunca se recuperó de la pérdida de sus hijitos pero su vida dió un giro inesperado. Poco después, se dió cuenta de que estaba nuevamente embarazada. Angélica aunque preocupada por la salud de Michi no podía evitar sentirse emocionada por la llegada de más gatitos. Sin embargo, el destino tenía otros planes.
Cuando llegó el momento de dar a luz, Michi se encontraba débil y agotada. A pesar de sus esfuerzos, la gata no logró sobrevivir al parto. Angélica, al descubrir la tragedia, sintió que su corazón se rompía una vez más. Ahora, Michita se encontraba huérfana y con dos hermanitos la tristeza llenaba el hogar de Angélica
Pero la vida siempre encuentra una manera de seguir adelante. La madre de Michi, una gata anciana y sabia llamada Nube, se dio cuenta de que sus instintos maternales aún estaban vivos. Al ver a Michita y a los dos nuevos gatitos que habían llegado al mundo, decidió que no podía dejar que esos pequeños quedaran desamparados. Con amor y dedicación, comenzó acariciar los dos gatitos huérfanos, dándoles el calor y la protección que necesitaban Michi y sus hermanos.
Angélica observaba con lágrimas en los ojos cómo Nube se convirtió en la madre de Michita y sus hermanitos . La vida, a pesar de las pérdidas y el dolor, seguía su curso. Nube, con su experiencia y amor, se convirtió en una abuela y madre cariñosa, enseñando a los pequeños a jugar, a cazar y a explorar el mundo que los rodeaba.
Michita nunca olvidó a su madre Michi, ella y sus hermanitos encontraron consuelo en el amor de su abuela. Angélica por su parte, aprendió a valorar cada momento con sus gatos, entendiendo que la vida está llena de altibajos, pero siempre hay espacio para el amor y la esperanza.
Dolores Maza (Venezuela)


