Cómo nació Soltar para sanar

LA ESCRITORA Y DIVULGADORA MEXICANA ELIANA MONTEMAYOR NOS PRESENTA LAS CLAVES DE SU NUEVO LIBRO SOLTAR PARA SANAR, UNA OBRA QUE HA SIDO TRADUCIDA A MÁS DE TREINTA IDIOMAS Y QUE SE PRESENTÓ CON GRAN ÉXITO EN LA PASADA FERIA DEL LIBRO DE MADRID.

¿Dónde queda lo que te duele cuando tienes que seguir cumpliendo con todo? El día tiene sus horarios. Hay mensajes que responder, pendientes que resolver y personas que cuentan contigo. Puedes atenderlo todo mientras llevas dentro algo que apenas has podido mirar. Desde fuera, tu vida sigue funcionando. Y esa capacidad de continuar puede hacer que tu dolor pase inadvertido, incluso para ti.

Soltar para sanar nació de ese lugar. De mi experiencia y de lo que reconocía en otras personas: la dificultad de detenernos a escuchar lo que sentimos cuando hemos aprendido a seguir adelante. Veía vidas que parecían estar en orden y reconocía preguntas que también eran mías. ¿Por qué seguimos sosteniendo lo que nos lastima? ¿Qué esperamos que cambie? ¿Cuándo empezamos a confundir nuestra capacidad de resistir con la obligación de hacerlo?

La exigencia me había dado resultados. Confiaba en ella. Me ayudaba a resolver, a cumplir, a estar disponible. Reconocer cuánto me costaba fue difícil precisamente porque sabía cuánto me había ayudado. Había aprendido a responder a lo urgente, pero entender mis propias necesidades pedía una atención que solía dejar para después. Hasta el descanso podía convertirse en algo que tenía que justificar.

Escribía de madrugada. Poner en palabras lo que me pasaba me obligaba a prestarle la atención que durante el día podía postergar. La escritura me permitía mirar con más detenimiento aquello que seguía pendiente dentro de mí. Conforme avanzaba, encontraba una pregunta detrás de otra. Saber que algo me dolía era apenas el principio. Necesitaba entender por qué seguía dándole espacio en mi vida.

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En esas páginas se encontraron mi historia y las experiencias que observaba a mi alrededor. Cada vida tenía sus circunstancias, pero había algo reconocible: el esfuerzo por mantenernos en pie mientras cargamos una pérdida, una culpa, una expectativa o una conversación que nunca ocurrió. Quería escribir un libro donde esa experiencia pudiera tener palabras. Donde alguien encontrara una forma de reconocer lo suyo sin sentirse juzgado por seguir ahí.

Uno de los asuntos que más me importaba comprender era nuestra relación con lo que ya habíamos entregado. Después de dar tanto por una persona, una relación o un proyecto, esperamos que el resultado justifique el esfuerzo. Irnos puede sentirse como aceptar que todo fue en vano. Entonces seguimos invirtiendo tiempo, esperando que lo que venga repare lo que faltó. El pasado se convierte en una deuda que intentamos pagar con más vida.

Escribir sobre ello me llevó a mirar una dificultad profunda: dejar ir también exige aceptar que una parte de lo que esperábamos no va a ocurrir. Puede quedar amor. Puede quedar una pregunta. Puede quedar el deseo de que alguien comprenda cuánto dolió. Aceptar ese límite lleva tiempo, sobre todo cuando una parte de nosotros todavía busca una manera de cambiar el desenlace.

Cuando extrañas a una persona, puedes estar extrañando también el futuro que imaginaste con ella. Se pierde una presencia y queda pendiente una vida que ya habías empezado a construir por dentro. Darle un nombre a esa segunda pérdida permite entender por qué una ausencia ocupa tanto espacio. También ayuda a dejar de reprocharte que algo te siga doliendo cuando, en los hechos, ya terminó.

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Al terminar el manuscrito, descubrí que todavía tenía mucho por soltar. Había podido explicar cosas que aún me costaba llevar a mi propia vida. Ese reconocimiento fue importante para el libro. Me recordó la distancia que existe entre comprender una herida y saber qué hacer con ella. Quería acompañar ese tramo con honestidad, dejando espacio para la duda, las contradicciones y el ritmo de cada persona.

Por eso, en Soltar para sanar hay lugar para quien sabe que necesita un cambio y todavía desea que las cosas se resuelvan de otra manera. Para quien siente culpa al poner distancia. Para quien termina una tarea y sigue repasándola, buscando el error que se le escapó. Hay cargas que se vuelven tan habituales que apenas las reconocemos, aunque nos acompañen incluso en los momentos destinados al descanso.

La idea central del libro es ayudarte a identificar lo que duele, comprenderlo y empezar a soltar aquello que pesa en tu vida. Ese recorrido requiere atención. Un dolor puede traer consigo otros que todavía no has nombrado. Distinguirlos permite reconocer qué necesitas: despedirte de una expectativa, establecer un límite, permitirte sentir una pérdida o dejar de exigirte una respuesta inmediata.

La paz interior que quise explorar empieza a hacerse visible en la vida cotidiana. En poder escuchar una conversación sin seguir atrapado en otra que ocurrió hace años. En descansar sin repasar mentalmente todo lo pendiente. En darle lugar a una necesidad propia antes de volver a posponerla. Recuperar ese espacio cambia la manera en que estamos presentes para nosotros y para quienes queremos.

Me gustaría que la lectura te permitiera detenerte y preguntarte cómo estás. Que pudieras reconocer lo que llevas tiempo sosteniendo y decidir qué lugar merece hoy. Una historia puede haber sido valiosa y necesitar un lugar distinto en tu presente. Puedes agradecer lo vivido, reconocer lo que dolió y tomar decisiones que cuiden de ti.

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Así nació Soltar para sanar: de preguntas que yo también necesitaba hacerme y de la voluntad de mirarlas con honestidad. Si al cerrar el libro todavía hay algo que te cuesta, deseo que puedas reconocerlo sin castigarte. Lo que has vivido merece ser escuchado. Y la vida que tienes por delante también merece tu atención.

Por Eliana Montemayor