LA COLABORACIÓN RELEVARÁ QUÉ RESPONDEN CHATGPT, GEMINI, PERPLEXITY Y OTROS SISTEMAS ANTE CONSULTAS SOBRE COSTOS, ALTERNATIVAS Y AYUDA DISPONIBLE EN ARGENTINA. EL PROYECTO PARTE DE UN PROBLEMA ANTERIOR A LA TECNOLOGÍA: PARA MUCHAS ADOLESCENTES, GESTIONAR LA MENSTRUACIÓN SIGUE DEPENDIENDO DEL DINERO, LA INFORMACIÓN Y LA POSIBILIDAD DE ELEGIR.
La problemática de la pobreza menstrual en Argentina gana visibilidad.
¿Qué respuesta recibe una adolescente cuando pregunta qué puede hacer si no tiene plata para comprar toallitas? ¿La respuesta menciona alternativas reutilizables, organizaciones que brindan ayuda o recursos cercanos? ¿Explica los costos locales o responde con información general, producida para otro país y otra realidad económica?
Esas son algunas de las preguntas que Fardo y Undood Argentina se proponen explorar en una iniciativa que cruza dos discusiones que hasta ahora suelen transitar por separado: las barreras para acceder a productos de gestión menstrual y el lugar que ocupan los motores de inteligencia artificial como puerta de entrada a la información.
Fardo, una plataforma argentina que analiza cómo aparecen marcas, organizaciones y conceptos en las respuestas de sistemas como ChatGPT, Gemini, Perplexity y Claude, realizará un relevamiento de consultas vinculadas con la menstruación en Argentina. El objetivo no es medir solamente si la inteligencia artificial “sabe” sobre el período, sino observar qué información se vuelve visible cuando alguien necesita resolver una situación concreta y qué aspectos quedan afuera.
La iniciativa se desarrollará junto con Undood Argentina, una asociación civil que acompaña actualmente a más de 400 niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad familiar.
Un problema que no se agota en la falta de un producto
La gestión menstrual suele aparecer reducida a la disponibilidad de toallitas o tampones. Pero los datos disponibles muestran que el problema tiene una dimensión económica, sanitaria, educativa y también vinculada con la autonomía. En Argentina, más de 12 millones de personas menstrúan, según un informe de UNICEF. Este trabajo advierte que los obstáculos de acceso y los tabúes alrededor de la menstruación tienen consecuencias sobre la salud, la educación y el bienestar.
Un estudio de opinión pública realizado por Voices! en 2024 entre mujeres argentinas menstruantes mayores de 15 años encontró que el 81% considera caros o muy caros los productos de gestión menstrual. El 51% declaró haber tenido dificultades económicas para acceder a ellos durante los doce meses anteriores al relevamiento, mientras que el 78% dijo que el presupuesto limita la elección de los productos que utiliza.
Cuando el presupuesto decide por el cuerpo
El mismo relevamiento registró que ocho de cada diez mujeres menstruantes habían cambiado algún hábito durante el último año para enfrentar las restricciones presupuestarias. El cambio hacia marcas más económicas fue mencionado por seis de cada diez; tres de cada diez dijeron haber reemplazado un tipo de producto por otro. En proporciones menores, aparecieron prácticas como usar los productos durante más tiempo del recomendado —18%—, pedir ayuda a familiares o personas cercanas —12%— y recurrir a algodón o paños de tela —10%—.
La elección, por lo tanto, no es una abstracción. Está atravesada por los ingresos del hogar, la posibilidad de acceder a información confiable, las condiciones de privacidad y cuidado, y las preferencias de cada persona. Una política o una campaña que entrega un único producto puede resolver una urgencia, pero no necesariamente garantiza autonomía.
Pero el impacto no es únicamente económico. Un informe elaborado por la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género de Argentina, “El costo de menstruar”, advierte sobre las dificultades de acceso y cómo pueden repercutir en las actividades cotidianas como estudiar, trabajar, practicar deporte o participar de actividades recreativas.
La propuesta de Undood parte de esa tensión: durante septiembre y octubre buscará reunir fondos para comprar productos destinados a las adolescentes de los hogares con los que trabaja y plantea que cada una pueda optar, de acuerdo con sus necesidades y preferencias, entre toallitas descartables, tampones, toallitas reutilizables y copas menstruales. Las entregas se acompañarán con información desarrollada junto con una ginecóloga matriculada y, cuando sea posible, se promoverán alternativas reutilizables.
La organización plantea así una diferencia respecto de la lógica de la colecta tradicional: no se trata de recibir una caja cerrada, sino de acceder a productos, información y capacidad de decisión. “Cuando empezamos con los hogares entendimos que la necesidad no era simplemente recibir toallitas. Cada adolescente tiene un cuerpo, preferencias y circunstancias distintas. Queremos garantizar el acceso, pero también que tengan información y puedan decidir qué alternativa funciona mejor para ellas”, explican desde Undood Argentina.
Qué puede hacer —y qué no— una respuesta de IA
El relevamiento de Fardo incluye preguntas tales como qué hacer cuando no se pueden comprar toallitas, qué alternativas existen a los productos descartables, cuánto cuesta menstruar en Argentina, dónde conseguir productos gratis y qué organizaciones brindan ayuda. También observa cómo los sistemas presentan las diferencias entre toallitas, tampones y copas, qué fuentes citan y cuánto aparece la realidad argentina en las respuestas.
Un primer piloto exploratorio permite anticipar el tipo de brechas que aparecen. En septiembre de 2026, Fardo corrió consultas de necesidad concreta y revisó cada respuesta de forma manual sobre cinco dimensiones: calidad de las fuentes, contexto argentino, accionabilidad, seguridad y precisión. El promedio fue de 67 sobre 100. No se trata de un puntaje universal de “la IA” ni de una evaluación clínica, es una muestra de un motor, una fecha y siete preguntas. Pero alcanza para observar un patrón: las respuestas pueden ser razonables en lo general y fallar justo en lo que más importa para quien necesita resolver una situación concreta.
La consulta sobre alternativas a los descartables fue la más floja, con 32 sobre 100: el sistema confundió productos de gestión menstrual con toallitas húmedas y recurrió a fuentes poco apropiadas. Es el ejemplo más claro de una respuesta que parece completa y, sin embargo, desorienta. Porque una respuesta aparentemente ordenada puede ser insuficiente si no contempla el contexto: decir que existe una copa menstrual no resuelve el acceso si no se informa su costo, dónde conseguirla, cómo se utiliza o si es una opción aceptable para quien consulta.
El patrón se repite en las preguntas más urgentes. Ante “no tengo plata para toallitas” (76) o “dónde conseguir productos gratis” (72), los sistemas reconocieron que en Argentina no existe una red nacional uniforme y sugirieron verificar en centros de salud, hospitales, escuelas o municipios, pero no pudieron confirmar la disponibilidad en el territorio de cada persona. Mencionar una organización de ayuda no alcanza si la referencia no está disponible donde vive quien consulta o si los datos están desactualizados. La utilidad, entonces, es desigual: los mejores casos —recursos confiables para adolescentes y criterios de respuesta responsable— llegaron a 80 sobre 100; los sistemas no fallan en todo, fallan en lo específico.
La pregunta es pertinente porque una respuesta aparentemente completa puede ser insuficiente si no contempla el contexto. Decir que existe una copa menstrual no resuelve el acceso si no se informa su costo, dónde conseguirla, cómo se utiliza o si es una opción aceptable para quien consulta. Mencionar una organización de ayuda tampoco alcanza si la referencia no está disponible en el territorio de la persona o si los datos están desactualizados.
“La iniciativa pone en un mismo plano dos carencias que suelen medirse de manera distinta. La primera es material: no todas las personas que menstrúan pueden comprar los productos que necesitan. La segunda es informativa: no todas encuentran explicaciones situadas, fuentes confiables o caminos concretos para resolver el problema”, comenta Malena Martín, cofundadora y CEO de Fardo.
La propuesta de Fardo y Undood suma una capa tecnológica a la agenda, pero su núcleo sigue siendo analógico: que una adolescente pueda transitar su período sin dejar de estudiar, trabajar, hacer deporte o participar de su vida cotidiana; y que, dentro de las alternativas disponibles, pueda elegir.
El desafío será que el diagnóstico no quede encerrado en la lógica de la visibilidad digital. Si el análisis consigue mostrar qué respuestas son locales, qué fuentes son confiables y qué ayudas concretas aparecen o faltan, podrá aportar evidencia sobre una nueva forma de acceso a la información. Si además se logra cubrir una necesidad real en los hogares, su alcance no será solo trabajar en una causa social, sino en haber puesto sobre la mesa una pregunta más incómoda: qué significa cuidar cuando incluso la posibilidad de elegir depende del ingreso y de la información que se tiene a mano.





