Leer también es un derecho: el braille y las nuevas tecnologías que amplían el acceso a la información

EN EL DÍA DEL LECTOR, EL BRAILLE SIGUE SIENDO FUNDAMENTAL PARA LA ALFABETIZACIÓN DE LAS PERSONAS CIEGAS, MIENTRAS LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS SUMAN ALTERNATIVAS PARA ACCEDER A LOS LIBROS Y A LA INFORMACIÓN CON MAYOR AUTONOMÍA.

Cada 24 de agosto, Argentina celebra el Día del Lector, una fecha que coincide con el nacimiento de Jorge Luis Borges. La relación con el escritor resulta inevitable: Borges imaginaba el paraíso bajo la forma de una biblioteca. Pero ¿qué sucede cuando una persona quiere entrar a ese universo y ya no puede acercarse a un libro de la misma manera que antes?

La pregunta permite mirar la lectura desde una perspectiva más amplia. Un libro puede ser entretenimiento, pero también una herramienta para aprender, estudiar, trabajar, informarse y descubrir otras experiencias. Poder acceder a él forma parte de la autonomía de cualquier persona.

Para quienes son ciegos, el sistema braille sigue ocupando un lugar central. Es el sistema de lectoescritura fundamental para la alfabetización y permite desarrollar habilidades que van mucho más allá de la posibilidad de interpretar un texto con el tacto: escribir, tomar apuntes, reconocer palabras y estructuras, revisar lo escrito y desenvolverse de manera independiente con la lectura y la escritura.

Por eso, las nuevas tecnologías no vienen a reemplazar al braille. Pueden complementarlo y ofrecer otras formas de acceder a contenidos que antes resultaban difíciles o directamente inaccesibles.

Hoy, por ejemplo, los lectores de pantalla permiten escuchar el contenido de una computadora o un teléfono. Los magnificadores facilitan la visualización de textos e imágenes para personas con baja visión. Los dispositivos braille electrónicos permiten leer y escribir contenidos digitales mediante este sistema. Y herramientas como Envision Glasses utilizan inteligencia artificial para reconocer textos y distintos elementos del entorno y convertirlos en información accesible.

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Cada recurso responde a necesidades diferentes. No es lo mismo una persona ciega que una persona con baja visión, ni alguien que necesita estudiar que quien busca una herramienta para desenvolverse en situaciones cotidianas. Por eso, la tecnología asistiva funciona mejor cuando parte de una pregunta sencilla: ¿qué necesita esta persona para hacer de manera más autónoma aquello que quiere hacer?

En nuestro trabajo con tecnología asistiva, esa diferencia se vuelve concreta. Una herramienta puede facilitar que alguien estudie, lea un documento, tome una nota o se maneje con mayor independencia. Y también puede ayudar a recuperar algo que parecía perdido: el placer de leer.

La experiencia de Rubén es un ejemplo. A partir del uso de tecnología asistiva pudo recuperar el hábito de la lectura. Su historia permite entender que detrás de cada dispositivo hay una posibilidad que va mucho más allá de sus características técnicas: volver a elegir un libro, decidir cuándo leerlo y encontrar una forma propia de disfrutarlo.

Pero para que eso suceda no alcanza con que la tecnología exista. También es necesario conocer las alternativas disponibles, identificar cuál se adapta mejor a cada persona y, en muchos casos, recibir orientación para incorporar a la vida cotidiana. La accesibilidad también se construye a partir de ese acompañamiento.

Quizás por eso el Día del Lector sea una buena oportunidad para recordar que no existe una única manera de leer. Para algunas personas será una página impresa; para otras, una línea braille, una voz que reproduce un texto o una pantalla ampliada. Lo importante es que una discapacidad visual no determine qué conocimientos, historias o libros quedan fuera de su alcance.

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Las herramientas seguirán evolucionando y seguramente aparecerán nuevas formas de relacionarnos con la información. El braille, sin embargo, seguirá siendo una base fundamental para que las personas ciegas puedan aprender a leer y escribir con autonomía.

Porque hablar de accesibilidad no es solamente hablar de dispositivos. Es hablar de la posibilidad de estudiar, trabajar, informarse, elegir y también de algo tan sencillo y tan importante como poder sentarse a leer un libro.

Por Alejandra L. Scolari, Titular de Tecnoayudas