Argentina está de moda

LA IDENTIDAD ARGENTINA EMPIEZA A APARECER CON FUERZA EN EL DISEÑO Y LA INDUMENTARIA, PERO NO NECESARIAMENTE DE LA MANERA MÁS OBVIA. YA NO SE TRATA SOLAMENTE DE LA CAMISETA DE LA SELECCIÓN, EL CELESTE Y BLANCO O LOS SÍMBOLOS PATRIOS.

Diseñadores y emprendedores están tomando elementos de nuestra cultura, de nuestras costumbres y hasta de sus propias historias familiares para convertirlos en propuestas contemporáneas

Pipireta, por ejemplo, tiene 17 años y nació de la mano de Eugenia Corigliano y Adrián Damiano con una premisa ligada al arte, el color y la creación de productos con personalidad.

Desde su taller de Paternal desarrollan sus propios diseños y producen en Argentina, una decisión que mantuvieron incluso cuando buena parte del sector textil comenzó a buscar alternativas en la importación.

Con el tiempo, los símbolos argentinos fueron ganando espacio en sus colecciones. Pero la intención nunca fue hacer una reproducción literal de una bandera o trasladar un emblema a una remera. La marca trabaja con ilustradores y artistas argentinos para reinterpretar esos elementos y llevarlos a una estética actual.

“Siempre buscamos que la marca tuviera una personalidad propia, que alguien pudiera ver una prenda y sentir que estaba pensada para esa persona”, explica Eugenia Corigliano.

En ese recorrido también apareció una pregunta que terminó convirtiéndose en parte de la identidad de Pipireta. Si durante años la moda incorporó símbolos y referencias de otros países, ¿por qué no hacer lo mismo con los propios?

La respuesta fue apostar por una identidad argentina que pudiera formar parte de la vida cotidiana, sin quedar asociada exclusivamente al fútbol o a las fechas patrias.

Con la “argentinidad” como distintivo, Linaje fue creada por Priscila Bordón, estudiante de Publicidad, a partir de una historia familiar vinculada con el campo correntino.

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Su familia es de Curuzú Cuatiá y su abuelo fue domador. Entre los recuerdos de su infancia estaban las rastras, piezas tradicionales de la vestimenta criolla que siempre habían llamado su atención.

En lugar de reproducirlas tal como eran, Bordón decidió llevarlas a otro universo. Las combina con bordados, flores, textiles, cuero, pelo y color para crear accesorios contemporáneos.

La rastra continúa siendo reconocible, pero cambia de contexto y adquiere otra lectura.

“Un linaje es algo que recibís, pero también algo que continuás. No significa quedarse en el pasado. Es tomar algo que viene de antes y hacerlo mío”, cuenta.

La diferencia entre ambas propuestas también muestra la amplitud que puede tener hoy la identidad argentina dentro del diseño.

En Pipireta aparece desde la ilustración, el color y la producción local. En Linaje, desde la tradición criolla y los objetos heredados.

Una trabaja sobre símbolos que forman parte del imaginario colectivo; la otra parte de una historia familiar concreta.

Hay, sin embargo, una coincidencia. Ninguna de las dos busca reproducir el pasado. Lo toman como materia prima para hacer otra cosa.

Y eso también explica por qué la argentinidad empieza a ocupar un lugar diferente dentro de la moda y el diseño.

El interés no está solamente en recuperar símbolos conocidos, sino en darles una nueva lectura y convertirlos en objetos contemporáneos.

En un momento en que las marcas buscan diferenciarse a través de una identidad propia, mirar hacia lo cercano puede ser una estrategia creativa.

Una ilustración, una rastra, una técnica artesanal, un personaje, una costumbre o una historia familiar pueden convertirse en punto de partida para construir algo nuevo.

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Pipireta lo viene haciendo desde hace 17 años. Linaje acaba de comenzar ese recorrido.

Dos historias distintas, dos generaciones y dos lenguajes que coinciden en una misma búsqueda: encontrar en la Argentina aquello que todavía tiene mucho para decir y llevarlo al diseño de hoy.