ESPECIALISTAS ADVIERTEN QUE LA DIFICULTAD PARA TOLERAR EL ABURRIMIENTO Y LA BÚSQUEDA CONSTANTE DE ESTÍMULOS INMEDIATOS PODRÍAN ESTAR LIMITANDO EL DESARROLLO DE HABILIDADES COMO LA CREATIVIDAD, LA AUTONOMÍA, LA RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS Y EL PENSAMIENTO CRÍTICO DESDE EDADES TEMPRANAS.
Durante años, el aburrimiento ha sido visto como algo que debe evitarse. Sin embargo, especialistas en educación y neurociencia sostienen que esos momentos de aparente inactividad cumplen un rol fundamental en el desarrollo de niños y adolescentes, ya que favorecen procesos asociados a la imaginación, la reflexión, la creatividad y la construcción de ideas propias.
En un contexto donde las redes sociales, los videojuegos y la inteligencia artificial ofrecen estímulos constantes e inmediatos, el verdadero desafío no sería evitar el aburrimiento, sino recuperar espacios donde el cerebro pueda detenerse a elaborar ideas, desarrollar su capacidad de reflexión y construir respuestas propias.
“El problema no es el aburrimiento; es no darle al cerebro el tiempo suficiente para transformar esa pausa en una oportunidad para imaginar, reflexionar y construir nuevas ideas antes de buscar un estímulo inmediato”, explica María Jesús Forteza, docente y gestora de contenidos de Ziemax, expertos en desarrollo del pensamiento.
La especialista explica que, desde la psicología y la neurociencia, el aburrimiento se entiende como un estado que impulsa a buscar nuevas alternativas. Cuando ese momento no se interrumpe inmediatamente con una pantalla, el cerebro favorece la activación de procesos asociados a la imaginación, la memoria, la planificación y la creatividad.
“El desarrollo del pensamiento requiere tiempo para procesar la información, relacionarla con experiencias previas y elaborar ideas propias. Es en esas pausas donde también se fortalecen la introspección, la creatividad, la resolución de problemas y el pensamiento crítico”, afirma.
Hoy esos espacios son cada vez más escasos. La facilidad para acceder a contenidos digitales hace que muchas personas recurran automáticamente al celular frente a cualquier momento de espera, reduciendo las oportunidades para desarrollar procesos internos de reflexión.
“Las pantallas no son el problema en sí mismas. El problema aparece cuando se transforman en la respuesta automática frente a cualquier momento de espera o aburrimiento. Si recurrimos de inmediato a un estímulo externo, el cerebro tiene menos oportunidades para desplegar procesos de imaginación, reflexión y elaboración de ideas”, explica Forteza.
La experta agrega que el desafío no pasa por eliminar la tecnología, sino por encontrar un equilibrio que permita proteger espacios para el juego libre, la exploración y la reflexión personal, favoreciendo la capacidad de apreciar el entorno, hacerse preguntas y conectar ideas. En esa línea, organismos como la UNESCO y la OCDE han advertido que una exposición predominante a contenidos digitales breves puede afectar el desarrollo de habilidades como la comprensión profunda, el pensamiento crítico y la evaluación de la información.
Las familias también cumplen un papel fundamental. Desde Ziemax recomiendan acompañar estos momentos sin resolver inmediatamente el aburrimiento, guiando a niños y adolescentes para que exploren alternativas, conecten con su curiosidad y descubran sus propios intereses. Del mismo modo, destacan la importancia de modelar una relación equilibrada con la tecnología, mostrando que también puede utilizarse para investigar, crear, aprender o profundizar en aquello que despierta curiosidad.
“La tecnología puede ser una gran aliada para aprender, investigar y crear. El desafío es utilizarla de manera consciente, sin reemplazar los espacios que el cerebro necesita para imaginar, reflexionar, construir preguntas y respuestas propias. Es en ese equilibrio donde se fortalecen la creatividad, la autonomía y el pensamiento crítico”, concluye María Jesús Forteza.




