Del por qué Argentina le ganó a los ingleses

EL FÚTBOL NUNCA REEMPLAZA A LA HISTORIA, PERO A VECES LA HISTORIA IRRUMPE EN UNA CANCHA. LA VICTORIA DE ARGENTINA POR 2 A 1 SOBRE INGLATERRA FUE MUCHO MÁS QUE UN RESULTADO DEPORTIVO PARA MILLONES DE ARGENTINOS, DE HISPANOAMERICANOS E, INCLUSO, DE PUEBLOS DE ASIA Y ÁFRICA. NO FUE SOLAMENTE UN TRIUNFO FRENTE A UNA SELECCIÓN. FUE LA VICTORIA FRENTE AL SÍMBOLO DE UN IMPERIO QUE DURANTE SIGLOS DOMINÓ PUEBLOS, IMPUSO REGLAS, MOLDEÓ CULTURAS Y QUE, PARA LOS ARGENTINOS, SIGUE ESTANDO INEVITABLEMENTE ASOCIADO A LA OCUPACIÓN DE NUESTRAS ISLAS MALVINAS.

Durante la semana abundaron las voces que insinuaban que Argentina llegaría favorecida, que tendría ayudas externas o decisiones arbitrales a su favor. Pero las grandes gestas nunca se escriben desde un escritorio. Se escriben en el campo de batalla. En este caso, en una cancha de fútbol. Allí ganaron el talento, el sacrificio y una convicción que ninguna estadística puede medir.

Hay dos fuerzas que ningún laboratorio puede aislar ni ningún algoritmo puede calcular.

La primera es la MÍSTICA. Ese patrimonio invisible que nace de la memoria colectiva, del sufrimiento compartido, de las derrotas que enseñan y de las victorias que alimentan el alma de un pueblo. La mística convierte una camiseta en una bandera y un partido en una causa que trasciende los noventa minutos. Es aquello que hace que once jugadores representen mucho más que a sí mismos.

La segunda es el OLOR A MIEDO. No el miedo físico, sino ese instante en que el adversario comprende que enfrente tiene a alguien dispuesto a dejar hasta la última gota de esfuerzo. Argentina ha construido, a lo largo de su historia futbolística, una identidad competitiva que pesa. Cuando llegan los momentos decisivos, muchos rivales sienten esa presión. Porque saben que enfrente hay un pueblo que nunca deja de creer.

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El resultado fue apenas un 2 a 1. Sin embargo, para millones de argentinos significó mucho más que un pase a la final. Fue la demostración de que existen batallas simbólicas que permanecen vivas en la memoria de los pueblos y que, cuando la dignidad se pone en juego, la voluntad puede imponerse incluso sobre el poder.

La ciencia podrá explicar la velocidad de un remate, la potencia de un pique o la precisión de un pase. Lo que jamás podrá medir es la fuerza de una nación cuando juega con el corazón.

Ahora bien, esa misma mística y ese mismo coraje que aparecen cuando la azul y blanca entra a una cancha son los que la Argentina necesita fuera de ella. Los necesita su conducción política, demasiadas veces resignada. Los necesita su pueblo, para dejar de aceptar el papel de país extractivista y dependiente y recuperar la decisión de escribir su propio destino.

Porque los partidos se ganan con talento. Pero las naciones sólo se hacen grandes cuando tienen el coraje de creer en sí mismas.

Luis Gotte
Mar del Plata
luisgotte@gmail.com
Coautor de Buenos Ayres Humana I: la hora de tu comunidad (Ed. Fabro, 2022); Buenos Ayres Humana II: la hora de tus intendentes (Ed. Fabro, 2024); y en preparación: Buenos Ayres Humana III: La Revolución Bonaerense del Siglo XXI, las Cartas Orgánicas municipales; y, Buenos Ayres Humana IV: Junín, capital de los bonaerenses.