BAJAR LA GUARDIA CON LA PIEL EN INVIERNO ES EL ERROR QUE MÁS VEO EN EL CONSULTORIO. POR ESO, ENTENDER QUÉ LE PASA A NUESTRA PIEL CUANDO HACE FRÍO ES EL PRIMER PASO PARA CUIDARLA BIEN.
Llega el invierno y, con él, una tentación muy común: simplificar la rutina de skincare. La poca luz solar y la sensación de que “la piel no está expuesta” llevan a muchas personas a dejar de hidratarse, a discontinuar el uso del protector solar o a saltear pasos que consideran innecesarios en esta época del año. Desde mi práctica clínica, puedo decirles que ese es uno de los errores más frecuentes que abordo en mi día a día —y también uno de los más costosos para la salud de la piel a largo plazo.
Las bajas temperaturas afectan directamente la barrera cutánea. El frío reduce la actividad de las glándulas sebáceas, lo que disminuye la producción natural de sebo —esa película protectora que, aunque a veces asociamos con el exceso de brillo, cumple la función esencial de retener la humedad y proteger la piel del entorno. Cuando esa barrera se debilita, la piel se vuelve más permeable, más sensible, y más propensa a la irritación, la descamación y la aparición de rojeces. Además, el aire seco, tanto el del exterior como el de la calefacción, acelera ese proceso de deshidratación.
La hidratación: el eje central de la rutina invernal
Una piel deshidratada no solo se ve opaca y tirante, sino que también pierde su capacidad de defenderse frente a agentes externos, lo que puede desencadenar o agravar condiciones como la dermatitis, la psoriasis o la rosácea.
La recomendación que doy siempre es elegir una crema más densa que la que se usa en verano, aplicarla inmediatamente después del baño y no olvidar las zonas que solemos descuidar; tal como las manos, las rodillas, los codos y los labios. El agua caliente de la ducha, aunque resulte reconfortante, reseca aún más la piel, por lo tanto, lo ideal es bajar un poco la temperatura y limitar el tiempo de exposición.
El protector solar sigue siendo indispensable
Uno de los mitos más arraigados es que el protector solar “solo se usa en verano”. Los rayos UVA —responsables del envejecimiento prematuro y del daño cutáneo acumulativo— están presentes durante todo el año, independientemente de la temperatura o de si hay nubes. Atraviesan los vidrios, llegan a la piel en el auto, en la oficina, en la casa. La radiación solar no descansa en invierno.
Incorporar el protector solar como el último paso de la rutina matutina —después de la hidratante — es un hábito que marca una diferencia en la salud y en el envejecimiento de la piel. En el consultorio veo los cambios positivos de quienes lo sostienen durante todo el año. No importa la estación, la protección tiene que estar presente siempre.
Menos pasos, más consistencia
El invierno es, además, una época ideal para realizar ciertos tratamientos dermatológicos que no se recomiendan en verano por la exposición solar. Los peelings químicos, el láser, los tratamientos de rejuvenecimiento o los procedimientos para manchas y cicatrices tienen mejores resultados y menor riesgo de complicaciones cuando la piel no está expuesta de manera intensa al sol. Por esa razón, julio y agosto son los meses indicados para consultar por estos tratamientos y definir cuál es el más adecuado para cada piel.
En cuanto a la rutina básica, lo que siempre recomiendo para el invierno es sencillo pero efectivo, una limpieza suave por la mañana y por la noche —evitando los productos que resecan o alteran el pH—, hidratante de mayor densidad adaptada al tipo de piel, protector solar FPS 30 o superior por la mañana, y la incorporación de ingredientes activos como la vitamina C (por sus propiedades antioxidantes) o el ácido hialurónico (que retiene la hidratación en profundidad). Si la piel es muy sensible o reactiva, menos es más: simplificar y ser constante siempre supera a las rutinas extensas e incumplidas. También es importante consultar con un dermatólogo para adaptar el cuidado diario al tipo de piel y evitar el uso de activos o procedimientos no indicados.
El invierno no es una pausa en el cuidado de la piel, sino una oportunidad para consolidar hábitos, tratar lo que el verano dejó pendiente y preparar nuestra piel para cuando el calor regrese. La piel tiene memoria, todo lo que hacemos —o dejamos de hacer— hoy se verá en los próximos años. Por eso, cuidarla no es una cuestión de vanidad, sino de salud.
Leisa Molinari es médica dermatóloga, especialista en cáncer de piel y cirugía micrográfica de Mohs. Es fundadora del Centro Médico de la Piel y de Leisa Skin Science, y desarrolladora de Piel Protec. M.N. 116.628. @dra.leisamolinari




