EN EL DÍA DEL MÉDICO RURAL, GRADUADAS DE LA UNIVERSIDAD HOSPITAL ITALIANO PONEN EN VALOR A QUIENES SOSTIENEN EL VÍNCULO ENTRE COMUNIDADES ALEJADAS DE LOS CENTROS URBANOS Y EL SISTEMA DE SALUD, ACOMPAÑANDO A LAS PERSONAS MUCHO MÁS ALLÁ DEL CONSULTORIO Y GARANTIZANDO UN ACCESO MÁS EQUITATIVO A LA ATENCIÓN.
Cada 4 de julio se conmemora el Día del Médico Rural, una fecha que pone en valor a los profesionales que ejercen en territorios donde las distancias, la falta de infraestructura y los recursos limitados convierten al cuidado de la salud en un desafío cotidiano.
En estos contextos, el médico rural es una figura clave para acercar el sistema de salud a las comunidades. Y no se trata de un rol solitario, ya que su tarea no se desarrolla de manera aislada, sino en articulación con enfermeros, agentes sanitarios, nutricionistas, trabajadores sociales, psicólogos, referentes comunitarios y organizaciones locales. Este trabajo interdisciplinario permite organizar traslados, coordinar servicios, priorizar recursos y acompañar a las personas desde una mirada integral, respetando las características culturales y sociales de cada comunidad.
A diferencia de otros ámbitos, la medicina rural se construye principalmente en el territorio. “Vivir y trabajar en la comunidad permite comprender de manera más profunda las condiciones que influyen en los procesos de salud y enfermedad, desarmar prejuicios, fortalecer el vínculo con los pacientes y reducir la distancia entre ellos y el equipo de salud”, explica Valentina Fernández, médica pediatra graduada en la Universidad Hospital Italiano, y coordinadora médica en terreno en Santa Victoria Este, Salta, donde la Universidad lleva adelante el Proyecto sociosanitario educativo Isthat. “El conocimiento situado permite una práctica más artesanal, con otros ritmos y otras conversaciones en las que uno encuentra sentido”, señala la especialista.
El ejercicio de la medicina rural también implica desafíos permanentes. Las grandes distancias, las dificultades para acceder a especialistas, las limitaciones de infraestructura y la necesidad de tomar decisiones condicionadas por el contexto requieren una capacidad constante de adaptación, planificación y trabajo en equipo. Muchas de las problemáticas sanitarias están atravesadas por factores sociales y por barreras económicas, geográficas o culturales que suelen traducirse en consultas tardías y dificultan el acceso oportuno a la atención. En este sentido, las visitas domiciliarias y el trabajo junto a los agentes sanitarios son herramientas fundamentales para conocer la realidad cotidiana de las familias y ofrecer respuestas acordes a sus necesidades.
Frente a esta realidad, el compromiso de los equipos de salud se sostiene en la construcción de vínculos duraderos con las comunidades. “La cercanía cotidiana permite acompañar a las personas a lo largo del tiempo y seguir de cerca su recorrido, generando relaciones de confianza que trascienden el espacio del consultorio y se convierten en una herramienta central para garantizar una atención más humana y equitativa”, desarrolla Cecilia Gómez, médica de familia graduada en la Universidad Hospital Italiano, quien actualmente se desempeña como médica de guardia permanente en el Centro de Atención Primaria de la Salud de Purmamarca, Jujuy. “En la ruralidad, conocer las condiciones de vida, las dinámicas familiares y las problemáticas particulares de cada persona y familia se vuelve una ventaja clave para poder abordar las situaciones de forma más efectiva y pertinente”, destaca la especialista.
En este escenario, la atención primaria de la salud adquiere un rol estratégico: reforzar la prevención y la promoción de la salud permite abordar gran parte de las problemáticas más frecuentes desde el primer nivel de atención, mejorar la calidad de vida de las personas y reducir complicaciones futuras, especialmente en comunidades alejadas de los centros urbanos. Más allá de los desafíos habituales, la medicina rural pone de manifiesto el valor de una atención cercana, integral y comprometida con las personas. “La medicina rural transforma la manera de ejercer la profesión. Te mueve, te interpela, te llena de preguntas. En el encuentro cotidiano con las comunidades, el conocimiento se construye desde el territorio y el vínculo va mucho más allá del consultorio. Es una forma de hacer medicina que invita a pensar otros modelos de atención, más cercanos, más humanos y con un profundo sentido”, concluyen las especialistas.




