LA CRECIENTE CONVIVENCIA CON FELINOS EN ARGENTINA ABRE EL DEBATE SOBRE SUS CUIDADOS Y LA IMPORTANCIA DE UN ENFOQUE ADAPTADO A LAS NECESIDADES DE CADA ANIMAL, DESMITIFICANDO CREENCIAS POPULARES SOBRE SU HIGIENE.
En Argentina, el vínculo con los animales de compañía es profundo. Datos de un relevamiento nacional de 2025 indican que 8 de cada 10 argentinos conviven con al menos una mascota, y en el 51% de esos hogares hay presencia de gatos. Esta tendencia se replica en la Ciudad de Buenos Aires, donde la Encuesta Anual de Hogares 2022 registró aproximadamente 368.176 felinos. Frente a esta creciente población, surgen interrogantes sobre sus cuidados básicos, especialmente en lo referido a la higiene y la necesidad del baño.
Existen creencias fuertemente arraigadas, como que “los gatos se limpian solos”, “todos odian el agua” o “bañarlos les hace mal”. Según expertos, la premisa principal es que el baño no debe ser una rutina forzada ni idéntica para todos los animales, sino un recurso a utilizar cuando las condiciones particulares del felino lo requieran.
¿Los gatos necesitan bañarse?
La respuesta no es unívoca y depende de cada ejemplar. Los gatos saludables mantienen su higiene a través del acicalamiento diario, por lo que, por regla general, no requieren baños frecuentes. Sin embargo, existen situaciones específicas donde la intervención humana se vuelve necesaria.
El baño resulta útil frente a suciedad difícil de remover, exceso de grasitud, formación de nudos o acumulación de pelo muerto. Además, es un recurso importante para animales mayores, con sobrepeso, movilidad reducida o aquellos que han entrado en contacto con sustancias peligrosas que no deberían ingerir al lamerse.
Un aspecto a considerar es que un cambio repentino en los hábitos de higiene del animal, como dejar de acicalarse o presentar el pelo inusualmente sucio o grasoso, puede ser un indicador de problemas de salud o dolor físico. En estos casos, el baño puede ayudar con la higiene, pero no sustituye la consulta veterinaria.
Desmitificando creencias populares
Estudios y tendencias permiten aclarar varias ideas preconcebidas sobre la relación de los felinos con el agua y la higiene:
•El rechazo al agua: No todos los gatos reaccionan de la misma manera. A menudo, el estrés asociado al baño no se debe al agua en sí, sino a factores del entorno como ruidos fuertes (el secador), superficies inestables, movimientos bruscos o manipulación excesiva.
•La eficacia del acicalamiento: Si bien lamerse distribuye los aceites naturales y retira suciedad, no siempre es suficiente para eliminar residuos complejos o nudos, especialmente en gatos de pelo largo.
•Frecuencia de baño: Bañar al animal más seguido no equivale a un mejor cuidado. El exceso de baños puede alterar los aceites naturales de la piel y generar estrés e irritación. La frecuencia de baño depende en gran medida del shampoo.
•Productos adecuados: Es fundamental utilizar productos formulados específicamente para felinos. El shampoo para humanos o para perros puede alterar el equilibrio de su piel o contener ingredientes no aptos, lo cual representa un riesgo ya que el gato se lamerá posteriormente. Incluso el cepillo, no se usa el mismo que se usa para un perro.
•Baño vs. Cepillado: Son prácticas complementarias. El cepillado es clave para el mantenimiento cotidiano, retirar pelo muerto y prevenir nudos, mientras que el baño atiende necesidades puntuales.
Un enfoque profesional para la higiene felina
Entendiendo que el problema muchas veces no es el agua sino la pérdida de control y los estímulos desconocidos, existen propuestas y servicios de higiene que se diferencian de los procedimientos estandarizados para perros. En Argentina está el caso de Lavakan, una tecnología y procedimientos que trabajan con tiempos distintos, reducen los estímulos estresantes y mantiene una observación constante del lenguaje corporal del animal. El procedimiento contempla variables como el tipo de pelaje, la edad, el estado general y el temperamento del gato.
Antes de iniciar el baño, los profesionales que trabajan en Lavakan evalúan el comportamiento del felino para definir la mejor manera de proceder. Se utilizan productos específicos, manipulación cuidadosa y secado controlado. Un aspecto central de esta propuesta es que, si se detectan señales de estrés excesivo, se prioriza el bienestar del animal por sobre la finalización del baño.
“Muchos creen que los gatos no deberían bañarse, pero al contrario, al no hacerlo hay algunos que contraen problemas de piel que no vemos, como seborrea o alergias. El mal cuidado lleva a que luego tengan que raparlos y con una buena higiene eso se evita”, agregan desde Lavakan.





