EN EL “MES DE LA COMPASIÓN POR LAS GALLINAS”, INICIATIVA QUE VEGANUARY DESARROLLARÁ DURANTE TODO JUNIO, LA ONG REVELA DATOS DEL CONSUMO MASIVO DE ESTA CARNE EN LATINOAMÉRICA Y SU VERDADERO IMPACTO EN LA SALUD Y EL PLANETA.
Las gallinas son los animales terrestres más maltratados del planeta. Alrededor de 70 mil millones de gallinas son sacrificadas en todo el mundo cada año. Al ser criadas para consumo, sus cuerpos crecen tan rápido que muchas sufren de cojera, insuficiencia cardíaca y huesos rotos. Solo en Latinoamérica, el consumo promedio de estas aves es de 37 kilos por persona al año. Según datos del INE, en Chile, el pollo es una de las carnes más consumidas y representa hasta el 44% del consumo total de carnes en el país.
Y la industria del huevo no se queda atrás. En Latinoamérica se consumen en promedio 261 unidades por persona al año. A septiembre de 2025 habían más de 570 millones de aves en Latinoamérica para la producción de huevos, con México como el mayor productor de la región. En Chile, por ejemplo, el 96,5% de los huevos fue producido bajo el sistema convencional o de jaula, donde las gallinas se ven sometidas al hacinamiento y malas condiciones de bienestar. Lamentablemente, etiquetas como “gallinas libres” y “sin jaulas” son engañosas y no significa que se críen sin crueldad. Estas aves también viven en entornos estresantes y mal regulados, y muchas nunca ven el aire libre.
Para visibilizar la realidad de estas aves, así como también el impacto de su consumo en la salud y el medioambiente, Veganuary, ONG que invita a las personas a probar el veganismo en enero y más allá, lanzó su iniciativa “Mes de la compasión por las gallinas”, que busca entregar información para conocer más sobre estos animales y los efectos de la industria de la carne y el huevo sobre ellas, así como también dar a conocer las opciones basadas en plantas que existen actualmente para reemplazar este tipo carne.
“El ‘Mes de la compasión por las gallinas’ busca abrir los ojos sobre una realidad que muchas veces ignoramos: el consumo masivo de pollo y huevo no solo afecta a millones de animales, sino que también tiene consecuencias directas en nuestra salud y en el planeta que compartimos. Invitamos a todas las personas a informarse, cuestionar lo que damos por hecho y atreverse a probar alternativas más compasivas y sostenibles. Cada pequeño cambio suma, y juntos podemos construir un futuro más justo para todos los seres vivos”, comenta Mauricio Serrano, director de Veganuary Latinoamérica.
En este contexto, Veganuary destaca tres motivos que cuestionan consumo de pollo y huevos, que comúnmente se asocia a una carne blanca más sana o de menor impacto para la salud.
- ¿El pollo es realmente sano para la salud?: Muchas personas eligen pollo por considerarlo más saludable que la carne roja o procesada, pero esta elección no siempre es respaldada por la ciencia. Por el contrario, el consumo de pollo está relacionado con el riesgo de intoxicación alimentaria y con algunos efectos adversos para la salud. La Dra. Alejandra Parra, médica cirujana, especialista en alimentación basada en plantas explica que estas comparaciones siempre se hacen en relación a las carnes rojas, sin embargo, “la evidencia científica demuestra que reemplazar el consumo de proteínas de origen animal (incluyendo la carne de aves como el pollo) por proteínas de origen vegetal (legumbres, nueces, granos enteros y semillas) ofrece múltiples beneficios protectores frente a enfermedades crónicas, mejora la longevidad y beneficia al medio ambiente”.
La medica especialista también detalla que “un metaanálisis con casi 2 millones de participantes concluyó que el consumo de carne de aves también se asocia con un aumento en la incidencia de diabetes tipo 2, específicamente un incremento del riesgo del 8% por cada 100g al día; por el contrario, un mayor consumo de proteínas vegetales como granos enteros y legumbres se asocia de manera sólida con un menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2”.
Además, un amplio estudio prospectivo de cohortes reveló que un mayor consumo de aves de corral (más de 300g a la semana) se asociaba con un aumento significativo del riesgo de muerte por cánceres gastrointestinales.
- Uso de antibióticos en pollos y gallinas: El uso generalizado de antibióticos en la producción avícola ha contribuido a la aparición de bacterias resistentes a los antibióticos, lo que puede representar riesgos tanto para la salud animal como humana. La Dra. Parra explica que “El pollo de consumo masivo actúa como una vía directa para que bacterias con resistencia a múltiples fármacos lleguen a las personas. Diversos estudios han identificado a los pollos como fuentes de cepas resistentes de Escherichia coli y Salmonella, esta última con el potencial de causar infecciones graves e invasivas en humanos”, detalla.
En la producción de animales para consumo, los antibióticos se utilizan de forma rutinaria no solo para tratar enfermedades, sino también para prevenir infecciones y promover el crecimiento acelerado de ellos. Este uso excesivo e inadecuado es el principal motor de la resistencia a los antibióticos.
“Las bacterias patógenas resistentes no se limitan a la carne en sí, sino que se diseminan desde las cadenas de producción de alimentos y granjas hacia el medio ambiente y, posteriormente, a la población humana”, explica la experta.
- La crianza de pollos contamina el agua, crea zonas muertas y genera un tremendo impacto ambiental: Producir una tonelada de carne de pollo en Latinoamérica emite 2.620 kg de CO₂ equivalente, lo que equivale a conducir un auto promedio más de 13.000 kilómetros. En comparación, la producción de legumbres emite hasta seis veces menos CO₂. La Dra. Alejandra Parra recuerda, además, que “el sistema de producción animal genera cerca del 23% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y exige un uso inmenso de tierras y agua. Reemplazar las carnes por proteínas vegetales reduce drásticamente la huella de carbono”.
Además, tanto las granjas industriales como las de “libre pastoreo” de pollos y huevos generan enormes cantidades de estiércol, que a menudo termina en ríos, lagos y aguas costeras cercanas. Estos desechos son ricos en nutrientes como nitrógeno y fósforo. Cuando una cantidad excesiva de estos nutrientes llega a los cuerpos de agua, se desencadenan floraciones de algas nocivas que agotan los niveles de oxígeno en el agua. El resultado es “zonas muertas”: áreas donde la vida acuática no puede sobrevivir.
Para conocer más información sobre las gallinas y las alternativas basadas en plantas que actualmente existen para reemplazar el consumo de pollo, Veganuary estará entregando datos, recetas y contenido a través de sus redes sociales. Además, para quienes se animen a probar la alimentación basada en plantas por un mes, pueden inscribirse totalmente gratis en Veganuary.es y recibir insumos, libros de cocina digitales, planes de comida y mucho más. Cada elección cuenta. Sumarse a Veganuary es un paso concreto para cuidar a los animales, la salud y el planeta.





