Una arquitectura frágil. Candelaria Oliden en Lorena del Pilar Art

LA MUESTRA REÚNE LA OBRA DE CANDELARIA OLIDEN, CUYA PRÁCTICA PICTÓRICA SE SITÚA EN EL UMBRAL ENTRE LA ESTABILIDAD DE LA CONCIENCIA Y SU PERMANENTE INESTABILIDAD. SUS PINTURAS NO REPRESENTAN ESCENAS, SINO QUE CONSTRUYEN UN CAMPO DE TENSIÓN DONDE EL PENSAMIENTO ES LLEVADO HASTA SU PROPIO LÍMITE, REVELANDO LA FRAGILIDAD DE AQUELLO QUE PERCIBIMOS COMO FIRME.

En su trabajo, la imagen funciona como un dispositivo perceptivo que desarma la idea de una subjetividad estable. A través de superficies contenidas e intensidades silenciosas, Oliden activa un registro donde la identidad se vuelve permeable y el pensamiento adquiere peso, dirección y potencia. Lo que aparece no es el desborde, sino el instante previo: ese punto casi imperceptible en el que la conciencia roza aquello que podría alterar su equilibrio.

ARTES VISUALES
EXHIBICIÓN
Una arquitectura frágil
ARTISTA
Candelaria Oliden
CURADURÍA
César Núñez
GALERÍA
Lorena del Pilar Art
Galerías Larreta
Florida 971 / San Martín 954 (local 31)
Desde el 30 de abril
Hasta el 29 de junio

Texto curatorial de César Núñez
Vivimos convencidos de que la mente es un instrumento claro, una superficie ordenada que responde a nuestra voluntad. Sin embargo, las ideas no siempre obedecen. Aparecen, insisten, se superponen. Algunas abren regiones internas cuya profundidad no podemos calcular. Otras regresan como si probaran la resistencia de aquello que creemos firme.
En la obra de Candelaria Oliden no se representa esa inestabilidad. Sino que funciona como un espacio donde la conciencia es llevada hasta su propio borde. No el borde del escándalo ni del exceso, sino el punto exacto en que la razón descubre que su continuidad depende de un ejercicio constante.

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Lo que está en juego no es la acción sino su posibilidad. Existe un instante casi imperceptible en el que el pensamiento roza aquello que podría alterar el equilibrio. Ese instante no produce ruido. Produce intensidad. Allí se revela que la cordura no es una condición natural, sino una construcción sostenida en silencio.
En este desplazamiento la identidad pierde rigidez. Se vuelve permeable, capaz de desplazarse hacia la mirada ajena, como si la conciencia no fuera una propiedad fija sino un campo susceptible de intercambio. Esa apertura contiene una pregunta radical: si el límite entre uno mismo y el pensamiento es inestable, ¿qué sostiene la idea de un yo coherente?

Lo verdaderamente inquietante no es cruzar el límite, sino saber que siempre está disponible. Cada instante implica una elección silenciosa. Pensar algo no equivale a realizarlo, pero tampoco es inocuo. El pensamiento tiene peso. Tiene dirección. Tiene potencia.

En una época atravesada por la saturación de estímulos y por una soledad que persiste incluso en la cercanía física, esta tensión adquiere otra densidad. Se puede compartir el espacio sin compartir la interioridad. Se puede hablar sin exponer lo que verdaderamente se agita por dentro. Lo más intenso de la experiencia permanece resguardado en una zona que no busca testigos. La pintura, entonces, no ofrece respuestas ni alivio. Sostiene la intemperie. Obliga a desacelerar la mirada hasta que la superficie comienza a mostrar su inestabilidad. No hay dramatización ni gesto espectacular. Hay una concentración que incomoda.

En ese punto la obra de Oliden no afirma ni resuelve. Permanece. Como si el límite no fuese una línea a cruzar, sino una condición constante de la conciencia. Como si la estabilidad no fuera algo que se alcanza, sino algo que se negocia en silencio, una y otra vez, frente a una profundidad que nunca termina de cerrarse.

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Biografía & Statement
Candelaria Oliden
nació en Buenos Aires en 1993. Es pintora y diseñadora. Estudió Diseño Gráfico en FADU. Se formó en pintura y dibujo en el taller Belén López de Carlo. En 2021 realizó escultura con Leo Vinci, explorando yeso y arcilla. Asistió a clases de dibujo con Fernando O’Connor en el Museo Nacional de Arte Decorativo. En el 2025, participó de clínica de obra en el marco de la residencia de Taller Inminente en Santa Fé, dictada por César Núñez y Gabriel Valansi, con quien realizó mentorías para profundizar en su obra. Asistió al Laboratorio de Procesos anual de Leila Tschopp, que finalizó con una Muestra colectiva en la Galería del Pasaje 17. A fines del 2025, participó de la residencia de Proyecto Púrpura en Punta del Este, Uruguay. Asistió a clases de pintura con Ricardo Mujica y Garin Baker en The Art Students League en Nueva York. Actualmente está en proceso de mentoría con Dulce Lamarca.
Tiene su estudio en Buenos Aires.
Su práctica pictórica se sostiene en la observación como forma de conocimiento. Mira desde afuera para acceder a la interioridad de sus personajes, construyendo escenas cotidianas atravesadas por una tensión latente.
En sus pinturas, lo contenido y lo pulsional coexisten en un equilibrio inestable. Los personajes comparten el espacio sin necesariamente compartir conciencia, mientras los objetos y la atmósfera se vuelven proyecciones de estados mentales: pensamientos insistentes, deseos reprimidos, emociones no dichas.
Trabaja sobre ese instante suspendido donde lo cotidiano se fisura levemente y deja ver una verdad silenciosa. La pintura aparece entonces como un espacio de observación controlada, donde la mirada se afina para percibir aquello que, en condiciones normales, permanece oculto