PENSAR EN LA JUBILACIÓN SUELE GENERAR MÁS PREGUNTAS QUE RESPUESTAS ¿ME VA A ALCANZAR? ¿VOY A PODER MANTENER MI NIVEL DE VIDA? ¿DEPENDER SOLO DE LA JUBILACIÓN ESTATAL ES SUFICIENTE?
Estas dudas no son exageradas ni pesimistas: forman parte de una preocupación cada vez más extendida, incluso entre personas que hoy están en plena edad laboral. Y entender por qué pasa esto es el primer paso para poder tomar mejores decisiones.
El sistema jubilatorio argentino —como ocurre en muchos países— funciona bajo un esquema de reparto: quienes trabajan hoy aportan para pagar las jubilaciones de quienes ya se retiraron. El problema aparece cuando hay cada vez menos trabajadores activos por cada jubilado. Menos aportes y más beneficiarios tensionan el sistema y lo obligan, tarde o temprano, a ajustarse.
Ese ajuste suele darse de distintas formas: jubilaciones que pierden poder adquisitivo frente a la inflación, cambios en las fórmulas de actualización, aumentos en la edad jubilatoria o mayores impuestos. El resultado es que, para muchas personas, la jubilación estatal termina siendo un ingreso que no alcanza para cubrir los gastos básicos.
Frente a este escenario, la educación financiera propone una idea simple pero poderosa: no depender de una sola fuente de ingreso en el retiro, sino planificar una jubilación complementaria a largo plazo.
Planificar no significa adivinar el futuro ni asumir riesgos innecesarios. Significa entender cuánto se necesita, en qué plazos y qué herramientas existen para ir construyendo ese capital de manera gradual y sostenida.
Una forma sencilla de estimarlo es definir cuánto dinero se necesitaría por año durante la jubilación y proyectar un capital que permita cubrir ese gasto sin agotarse rápidamente. A partir de ahí, el foco pasa a ser el hábito: aportes regulares, tiempo y constancia. No montos imposibles, sino decisiones repetidas en el tiempo.
En ese camino, existen instrumentos pensados para horizontes largos, accesibles incluso con montos bajos, que permiten acompañar el crecimiento de la economía y proteger el ahorro frente a la inflación y la pérdida de poder adquisitivo. La clave no está en buscar atajos, sino en entender el proceso.
En qué invertir para jubilarse: Una forma simple de estimación
Definir un gasto anual objetivo en el retiro (idealmente en moneda dura). Es decir, cuánto dinero se gasta al año, medido en dólares para facilitar la proyección.
Estimar un capital objetivo. Para esto, se multiplica el gasto anual por 25. Este valor surge de un estudio realizado en Estados Unidos, que sugiere que un inversor podría retirar alrededor del 4% anual del capital invertido sin agotarlo en un plazo de 30 años (Trinity Study).
Por ejemplo, si se gastan $1.420.000 pesos por mes (aproximadamente 1.000 dólares), el gasto anual ronda los 12.000 dólares. Al multiplicar ese monto por 25, se obtiene un capital objetivo de 300.000 dólares. La lógica es alcanzar esa cifra hacia la edad en la que se planea el retiro. Aunque puede parecer inalcanzable, el proceso se vuelve más claro al descomponerlo en aportes mensuales sostenidos en el tiempo.
Luego, el camino práctico es sostener aportes regulares. En términos educativos, se mencionan categorías típicas para horizontes largos. La inversión “por defecto” para muchos inversores que piensan en su jubilación es el S&P 500, un índice que agrupa a las 500 empresas más grandes de Estados Unidos. Hoy, el monto mínimo de acceso ronda los $50.000 pesos (unos 35 dólares). Su rendimiento promedio anual histórico, a muy largo plazo, se ubica cerca del 10% en dólares.
Retomando el ejemplo previo:
•Objetivo: ahorrar 300.000 dólares
•Edad actual: 35 años (ejemplo)
•Edad de retiro: 65 años
•Tiempo restante para ahorrar: 30 años
•Retorno anual esperado: 10%
En ese escenario, con una inversión mensual cercana a 105 dólares (unos $150.000 pesos), se alcanzaría el objetivo. En total, se habrían invertido aproximadamente 44.205 dólares, pero gracias al interés compuesto, el capital final estimado rondaría los 344.441 dólares.
Conclusión
La realidad del sistema jubilatorio deja un mensaje claro: depender únicamente de la jubilación estatal puede no ser suficiente. Aprender a planificar a largo plazo —ahorrar, invertir con criterio y sostener el hábito— no es un privilegio, sino una herramienta concreta de cuidado personal. La educación financiera no promete certezas absolutas, pero sí algo fundamental: mayor autonomía para decidir hoy y más tranquilidad para el futuro.
Por Ariel Mamanii
Ariel Mamani, con apenas 25 años, se ha convertido en uno de los referentes jóvenes en educación financiera en América Latina. Desde su experiencia como inversor autodidacta y fundador de INVERARG —una empresa dedicada a acercar el mundo de las inversiones a las personas comunes— impulsa una misión que va más allá de enseñar a invertir: democratizar el conocimiento financiero y promover la inclusión económica, compartiendo herramientas prácticas que permitan a cada persona administrar sus ahorros con criterio y confianza.
Su recorrido comenzó a los 19 años, cuando decidió invertir los ahorros de su primer sueldo. Esa experiencia inicial se transformó en una vocación por enseñar a otros lo que aprendió por cuenta propia. Desde el año 2020, más de 20.000 estudiantes de 46 países se formaron con INVERARG, un proyecto educativo con impacto real y sostenido.
Ariel comparte su conocimiento de manera abierta a través de charlas y libros, contenidos educativos y espacios gratuitos de formación, convencido de que la educación es la vía más efectiva para transformar realidades y reducir brechas de desigualdad. Ofrece capacitaciones accesibles donde busca despertar el interés por las finanzas, las inversiones y la planificación a largo plazo. Su objetivo no es solo formar inversores, sino crear una comunidad consciente, informada y capaz de tomar decisiones financieras inteligentes, sin importar el punto de partida. Además, de lograr “ser exitosos”, entendiendo al éxito como motor de cambio para mejorar la vida de las personas. Su mirada joven y pedagógica lo posiciona como una voz fresca dentro del ecosistema financiero.
Autor del libro “Un Centennial Experto en la Bolsa” —que va por su cuarta edición—, coautor del libro “Finanzas Inteligentes”, también fue colaborador en medios como Infobae, DolarHoy, Binance y Rankia, y conferencista en instituciones como el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). Actualmente brinda conferencias en ITPA (Escuela Técnica Bilingüe de CABA – Colegio Philips). Además, sus programas educativos cuentan con el aval de la UEAN – Universidad Escuela Argentina de Negocios -.
Formado en el New York Institute of Finance (NYIF) y certificado por la Comisión Nacional de Valores (CNV), Ariel representa a una nueva generación de líderes que entienden las finanzas como una herramienta de transformación social. Con una perspectiva educativa y comprometida, trabaja para que cada vez más personas puedan construir su futuro financiero con autonomía, responsabilidad y propósito.

