Me encontraste o te encontré?

EL AZAR Y LA HUELLA

No fue el laberinto,
ni el mapa de los días previsibles…
Fue el viento llevando un nombre sin dueño,
una luz en la curva del sendero
donde las huellas se borran
y se rehacen.

¿Me encontraste o te encontré?
Pregunta el eco en la piedra antigua.
Tal vez fuimos dos ríos
que olvidaron su cauce,
dos estrellas
que calcularon mal su caída.

Llegaste como el susurro
que agita el trigo dormido,
como la tormenta
que despierta raíces profundas.
En tu voz había puentes
sobre abismos que yo ni nombraba.

¿Fue azar?
¿Las casualidades tienen este peso de eternidad?
¿Fue destino?
¿O simplemente dos búsquedas
que sin saberlo
dibujaron el mismo símbolo
en la niebla?

Hallazgo:
decir por fin “aquí estás”
sin sorpresa,
como quien reconoce
la llave que perdió en sueños.
Fué el instante en que el reloj
dejó de medir ausencias.

(Yo no esperaba.
Esperaba todo menos esto:
esta quietud de asombro,
esta certeza de que el camino
—aunque siga—
ya tiene tu nombre escrito
en las piedras que sangran,
en los pájaros que giran.)

Ahora sé:
encontrarse
es escuchar el mismo silencio
que grita,
es ver tu rostro reflejado
en el espejo de los mundos paralelos.
Fue el universo reajustando su brújula
mientras nosotros,
distraídos por la luz de una farola,
por fin alzamos la mirada.

¿Me encontraste o te encontré?
Quizás…
ninguno buscaba.
Ambos hallaron

Poema de Anabelle Madden. Caracas, Venezuela.
(Para una persona muy especial.)


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