“Soltar es recuperar la libertad de volver a elegir”

ESCRITORA Y EMPRENDEDORA, ASÍ SE DEFINE LA MEXICANA ELIANA MONTEMAYOR, UNA AUTORA QUE LLEVA SU LIBRO “SOLTAR PARA SANAR” POR DIFERENTES CIUDADES DEL MUNDO. JUSTO ACABA DE REGRESAR DE UNA INTENSA GIRA POR VARIOS PAÍSES EUROPEOS. EN ESPAÑA SE PRESENTÓ CON GRAN ÉXITO EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID. MONTEMAYOR NOS DEJA CLAVES SOBRE LA IMPORTANCIA DE SOLTAR PARA LIBERAR CARGAS Y ASÍ PODER VIVIR CON MAYOR SERENIDAD, PUES REGRESAR AL CENTRO, EN UN MUNDO SATURADO DE ESTÍMULOS, ES NECESARIO.

-¿Qué significa “Soltar para sanar”?
Eliana Montemayor: – “Soltar para sanar” significa dejar de cargar aquello que ya cumplió su ciclo: una relación, una culpa, una expectativa, una etapa o incluso una versión de nosotras mismas que fue importante, pero que empezó a pesar más de lo que nos permitía avanzar. Soltar no es olvidar. Tampoco es negar lo vivido ni hacer como si no hubiera dolido. Soltar es mirar la experiencia con honestidad, reconocer lo que nos enseñó y decidir que esa herida no va a seguir tomando decisiones por nosotras.
Para mí, soltar es poder decir: “esto me pasó, me marcó, me transformó, pero no me define por completo”.
A veces creemos que soltar es perder, cuando muchas veces es exactamente lo contrario: es recuperarnos. Recuperar la paz, la energía, la voz, la alegría, el cuerpo y la libertad de volver a elegir.
Sanar no significa borrar la historia. Significa dejar de cargarla todos los días como una maleta emocional con sobrepeso.

-¿Es necesaria una terapia para soltar las cargas?
E.M.: – La terapia puede ser una herramienta profundamente valiosa. La recomiendo especialmente cuando sentimos que solas ya no podemos, cuando hay heridas profundas, ansiedad, depresión, duelos, traumas o patrones que se repiten y nos lastiman. Pedir ayuda no es una señal de debilidad. Al contrario: se necesita mucha valentía para mirar hacia adentro y decir: “necesito acompañamiento”.
Dicho eso, también creo que el proceso de soltar puede empezar de muchas maneras. A veces inicia con una conversación honesta, con una lectura que nos mueve algo por dentro, con escribir lo que nunca nos atrevimos a decir, con poner un límite o con escuchar esa verdad interna que llevábamos tiempo callando.
El libro no busca reemplazar una terapia. Busca abrir una puerta. Para algunas personas puede ser el primer espejo… para otras, el primer permiso. Hay quienes, después de leerlo, se animan a pedir ayuda profesional porque por fin logran nombrar lo que sienten.
Creo que sanar empieza muchas veces así: no con todas las respuestas, sino con una frase honesta: “esto ya no quiero seguir cargándolo”.

-¿Por qué surge este libro?
E.M.: – “Soltar para sanar” surge de mi propia historia, de mis procesos y aprendizajes, pero también de observar a tantas personas que por fuera parecen fuertes, funcionales y resueltas, mientras por dentro están agotadas.
Personas que trabajan, sonríen, cumplen, sostienen familias, proyectos y responsabilidades, pero en silencio cargan culpas, duelos, miedos, relaciones rotas, expectativas ajenas o versiones de sí mismas que ya no les quedan.
Quise escribir este libro porque entendí que muchas veces no estamos viviendo: estamos sobreviviendo en automático. Seguimos, resolvemos, contestamos, cuidamos, producimos, pero casi nunca nos detenemos a preguntarnos: “¿qué estoy sintiendo?” o “¿cuánto me está costando sostener esta apariencia de fortaleza?”.
El libro nace como una invitación a hacer una pausa. A entender que no tenemos que esperar a estar completamente rotas para atendernos. Que sanar no siempre empieza con una gran revelación… a veces empieza con una decisión pequeña, pero honesta: “ya no puedo seguir haciéndome esto”.
Quería escribir un libro cercano, sin poses, sin superioridad. Un libro que no hablara desde un pedestal, sino desde una silla al lado de quien lo lee. Como alguien que se sienta contigo, te mira a los ojos y te dice: “te entiendo, yo también he estado ahí, y aunque ahora no lo parezca, hay una salida”.

-¿A qué te dedicabas antes de escribir tu primera obra?
E.M.: – Antes de escribir, y todavía hoy, he sido emprendedora. Desde niña he tenido esa inquietud de crear, moverme, imaginar caminos y convertir ideas en algo real.
En México he desarrollado negocios físicos de entretenimiento para bebés y niños en distintas partes del país. Mi vida profesional ha estado muy conectada con crear espacios de alegría, juego y experiencias para las familias. De alguna manera, antes de escribir historias en papel, ya intentaba crear lugares donde otros pudieran vivir momentos felices.
Emprender me ha enseñado muchísimo. Me enseñó a confiar, a adaptarme, a decidir con miedo, a caerme y volver a empezar. También me enseñó algo que conecta con este libro: aprender a soltar. Soltar el control absoluto, la idea de que todo debe salir perfecto y la necesidad de tener todas las respuestas antes de dar el primer paso.
Porque quien emprende sabe que una puede hacer planes muy ordenados… y de pronto la vida llega con su propio Excel, fórmulas raras y celdas bloqueadas.
Escribir fue otro tipo de emprendimiento: uno más íntimo, más vulnerable y, quizá, mucho más revelador.

-¿Las cargas personales pueden derivar en enfermedades?
E.M.: – Pueden influir en nuestro bienestar, pero me parece muy importante decirlo con responsabilidad: no toda enfermedad viene de una emoción. Afirmarlo así sería simplista e incluso injusto. El cuerpo es complejo, y la salud depende de muchos factores físicos, genéticos, ambientales, emocionales y sociales.
Lo que sí creo es que aquello que callamos, reprimimos o cargamos durante años puede terminar encontrando una forma de expresarse. El estrés constante, la culpa, el resentimiento, la tristeza no atendida, la autoexigencia extrema o vivir siempre en estado de alerta pueden afectar nuestro descanso, nuestra energía, nuestra digestión, nuestras defensas y también nuestra manera de relacionarnos con el mundo.
El cuerpo muchas veces habla cuando nosotras no nos damos permiso de hablar. Nos manda señales: cansancio, tensión, insomnio, ansiedad, dolor, irritabilidad, agotamiento. Y a veces seguimos diciendo “estoy bien”, mientras el cuerpo grita: “señora, ya no me alcanza la batería”.
Por eso sanar también implica aprender a escucharnos. No para culparnos por lo que sentimos, sino para atendernos con más amor, más conciencia y más responsabilidad.

-¿Y la saturación de estímulos también es una carga?
E.M.: – Totalmente. Hoy no solo cargamos emociones… también cargamos notificaciones, opiniones, comparaciones, noticias, pendientes, redes sociales y la vida aparentemente perfecta de medio mundo.
Estamos hiperconectadas, pero muchas veces desconectadas de nosotras mismas. Tenemos tanta información entrando todo el tiempo que el alma también necesita modo avión. La saturación de estímulos se vuelve una carga porque nos roba silencio, presencia y claridad. Nos hace sentir que siempre falta algo: responder un mensaje, producir más, vernos mejor, llegar antes, lograr más, comprar más, sanar más rápido incluso. Hasta la sanación la queremos exprés, como si fuera entrega a domicilio.
Por eso soltar también implica aprender a pausar. Hacer espacio. Volver a lo simple. Preguntarnos con honestidad: “esto que estoy consumiendo, ¿me nutre o me drena?”.
Porque no todo lo que entra a nuestra mente merece quedarse a vivir ahí.

-¿En qué se diferencia tu libro de los manuales de autoayuda?
E.M. – Este libro no pretende decirte “échale ganas” ni ofrecerte una fórmula mágica para ser feliz en tres pasos. La vida real no funciona así. Si funcionara, todos estaríamos iluminados para el martes.
Soltar para sanar se diferencia porque no intenta maquillar el dolor con frases bonitas. Lo acompaña. No le exige al lector estar bien de inmediato ni convertir su proceso en una carrera de superación personal.
Es un libro cercano, emocional y también práctico. Habla de soltar desde la vida cotidiana: relaciones que ya no hacen bien, culpas heredadas, expectativas familiares, miedo a decepcionar, necesidad de agradar, agotamiento emocional, duelos, límites y esa costumbre tan común de fingir que podemos con todo.
No es un manual para convertirte en otra persona. Es una invitación a dejar de abandonarte.
Creo que puede acompañar a muchas personas porque todos, en algún momento, estamos cargando algo: una historia familiar, una pérdida, una culpa, una relación, una máscara de fortaleza o una versión de nosotros mismos que ya no podemos seguir sosteniendo.
La gran diferencia es que este libro no busca cambiarte por completo. Busca ayudarte a regresar a ti. A recordar que sanar no siempre es transformarte en alguien distinto… es volver a habitarte con más verdad, más compasión y más libertad.

-¿Cada sociedad tiene una carga en particular? ¿Cuál es la carga que caracteriza a la sociedad latinoamericana?
E.M.: – Sí, creo que cada sociedad tiene cargas colectivas. Hay heridas que no son solo individuales… también son culturales, familiares e históricas.
En Latinoamérica cargamos muchas cosas muy particulares: la culpa familiar, el mandato de aguantar, la idea de que descansar es flojera, el miedo al qué dirán, la necesidad de ser fuertes, aunque estemos quebradas, la costumbre de callar para no incomodar y esa frase tan conocida de “la familia es primero”, que se confunde con permitirlo todo.
También venimos de generaciones que sobrevivieron mucho, trabajaron muchísimo y no siempre tuvieron espacio para hablar de emociones. Muchas familias aprendieron a seguir adelante sin detenerse a sentir. Entonces heredamos no solo apellidos, recetas de cocina y tradiciones…también heredamos silencios, miedos, duelos no resueltos y formas de amar que, aunque nacieron del deseo de proteger, terminan lastimando.
Pero Latinoamérica también tiene algo hermoso: una enorme capacidad de levantarse, de abrazar, de reír incluso en medio del caos y de hacer comunidad. Somos intensos, sí. A veces, demasiado. En una familia latinoamericana una no solo hereda historias… hereda consejos no solicitados, culpas y grupos de WhatsApp que nunca duermen.
Nuestra carga, quizá, es creer que tenemos que poder con todo. Nuestro reto es aprender que pedir ayuda, poner límites y descansar también son formas de honrar la vida.

-¿Se te ha acercado alguna persona para decirte cuánto le ha ayudado la lectura de Soltar para sanar?
E.M.: – Sí, muchas personas, y eso ha sido uno de los regalos más grandes que me ha dado este libro. Me han escrito mujeres y hombres para contarme que, después de leerlo, pudieron poner un límite, cerrar un ciclo, perdonarse, iniciar terapia, tomar una decisión o simplemente llorar algo que llevaban años guardando. Y cuando un libro logra que alguien se mire con más amor, siento que ya cumplió una parte muy importante de su camino.
Una de las experiencias que más me marcó ocurrió en París. Llegué a la Ópera de París con el libro en la mano y, de pronto, una mujer se me acercó y me dijo en inglés: “Yo ya lo leí… ¿tú lo escribiste?”. Le dije que sí, nos abrazamos y nos emocionamos.
Fue uno de esos momentos que no se planean, pero se quedan grabados para siempre. Pensé: “Oh my God, estas palabras viajaron más lejos de lo que yo imaginaba”.
Una escribe desde su historia, desde su país, desde sus heridas, desde su escritorio, y de pronto alguien en otro continente, con otra cultura y otra vida, conecta con eso. El dolor humano puede cambiar de idioma, de acento y de geografía, pero muchas veces se parece. Y la necesidad de sanar también.
Sentí que “Soltar para sanar” ya no era solo mío. Era de cada persona que lo encuentra en el momento exacto en que necesita recordar que puede soltar, respirar y volver a sí misma.


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